domingo, 13 de septiembre de 2020

Escisión de partido de izquierda fragmenta espectro político en Colombia, posibilitando reinvención del establecimiento para elecciones en 2022

 

    Senador Jorge Enrique Robledo; expresidente Juan Manuel Santos; y exgobernador de Antioquia, Sergio Fajardo.


POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ /


El frágil proceso de paz entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y la insurgencia de las Farc concretado en los acuerdos suscritos en 2016, no obstante que no han sido implementados por la obstinación de la ultraderecha liderada por el cuestionado exmandatario Álvaro Uribe Vélez, dejó prácticamente sin discurso al denominado establishment que históricamente ha gobernado a Colombia.

Un establecimiento corrupto, decadente, caracterizado por su tesitura de derecha y obsecuencia frente al hegemón estadounidense que durante los 200 años que ha expoliado el aparato estatal colombiano, ha gobernado dividido aunque logrando cimentar eso sí una malhadada estructura endogámica.

Se puede sintetizar que esa estructura amalgamada por los partidos tradicionales Liberal y Conservador que se han repartido al Estado como botín durante el decurso político colombiano devino a finales del siglo XX en un régimen mafioso que por un lado se alío con los carteles del narcotráfico, y por otro, terminó sofisticando la “acumulación por desposesión” para usar el término ilustrativo del geógrafo británico David Harvey, al poner en marcha el criminal modelo económico neoliberal, con el cual se ha desconocido casi por completo los derechos sociales al pueblo colombiano, expoliando la riqueza del país.

Si bien en líneas generales el establecimiento colombiano ha tenido una constante si se quiere ideológica en el sentido de privilegiar los intereses del gran capital y de los terratenientes, la defensa del statu quo, su adscripción a la doctrina réspice polum (mirar hacia el norte) que no es otra que la sumisión frente a Estados Unidos, formulada en el primer tramo del siglo XX por un conservador místico pero al mismo tiempo codicioso como Marco Fidel Suárez que fue canciller y presidente de la República, su tránsito en pos de esquilmar a la nación y aprovecharse de manera criminal del aparato del Estado, lo ha hecho de manera dividida, fragmentada.

En efecto, a finales de los años 50 y después de varias décadas de un enfrentamiento fratricida, liberales y conservadores acordaron lo que se puede catalogar como una ‘dictadura pactada’ que denominaron Frente Nacional, en virtud de la cual se repartieron el poder entre ambos bandos durante 16 años (1958-1974), excluyendo de manera absoluta del acceso a los cargos de elección popular y puestos del Estado a todo sector político o individuo que no perteneciera a una de esas dos banderías. Se entronizó, en consecuencia, el pensamiento único y a toda voz discordante o disidente se la estigmatizaba y proscribía. Es en ese periodo en que nacen las guerrillas, no solo por la exclusión política sino por las inequidades sociales y la negativa de la dirigencia política bipartidista a realizar las reformas estructurales que requería en ese entonces y que sigue reclamando ahora la sociedad para mitigar la desigualdad obscena que exhibe la nación colombiana.

Cuando se creía que el país tendría un nuevo amanecer con la expedición de la Constitución de 1991, el bipartidismo (sustento del establecimiento) que se fraccionó en varios sectores políticos de derecha y ultraderecha se vio contaminado por la influencia del narcotráfico, pues varios de sus más connotados dirigentes terminaron pactando con los capos de los carteles de Cali, Medellín y el norte del Valle, entre otros.

De la derecha ‘light’ a la ultraderecha recalcitrante


Tras el escándalo de ingreso de dineros del cartel de Cali a la campaña presidencial del mandatario Ernesto Samper Pizano (1994-1998), logra llegar al poder un heredero de una casa política del conservatismo, el locutor de noticias del telediario de propiedad de su familia, Andrés Pastrana Arango, quien había sido alcalde de Bogotá, cargo que ocupó sin pena ni gloria. Con el discurso de consecución de la paz con la insurgencia de las Farc se instala en la Casa de Nariño, empero el proceso de negociación fue un total fracaso, en parte porque este gobierno conservador jugaba con las cartas marcadas: mientras proclamaba su intención de concretar un acuerdo con el grupo guerrillero, al mismo tiempo, entregaba de manera descarada la soberanía del país a Washington suscribiendo un vergonzoso proyecto contrainsurgente, disfrazado bajo la falacia del combate contra el narcotráfico, conocido con la denominación de Plan Colombia.

La frustración y desilusión que generó en la sociedad colombiana el gobierno de un fatuo mandatario conservador como Pastrana Arango, dio lugar a la irrupción de un dirigente de la ultraderecha proveniente de un departamento ultraconservador como Antioquia, de donde venía de ser gobernador: Álvaro Uribe Vélez.

De una derecha ‘light’, caracterizada por su estulticia, Colombia pasó a ser gobernada por un representante genuino de la ultraderecha, líder de esa clase emergente surgida gracias a los oscuros negocios y las tratativas con los nuevos ricos, los terratenientes tradicionales, y los caciques electoreros de las regiones.

Como defensor acérrimo del terrateniente premoderno que logró acumular poder económico y su representante político más genuino, Uribe Vélez, se consolidó como el líder más importante de la ultraderecha en Colombia, logrando imponer a su pupilo Iván Duque Márquez como mandatario para el periodo presidencial 2018-2022, cuya principal tarea es hacer “trizas” el acuerdo de paz suscrito entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la entonces insurgencia de las Farc.

Un acuerdo de paz como éste que proyecta una reforma rural integral enfocada a democratizar el acceso a la tierra en Colombia, (elemento causal de la violencia en este país), garantizar mínimos derechos a los sectores de oposición y la reparación a las víctimas del conflicto (léase devolución de tierras despojadas por paramilitares a millares de campesinos) va en contravía de los intereses que defiende un dirigente político premoderno con concepción feudal como Uribe.

La ultraderecha y el establecimiento colombiano se quedan sin narrativa

Este controvertido dirigente antioqueño con demostrados nexos con el narcotráfico e impulsor de las bandas paramilitares logró obtener audiencia y consolidar su liderazgo gracias a que cabalgó sobre la necesidad de la mano dura contra la insurgencia y su propósito de guerra arrasada, discurso que amplios sectores de la sociedad colombiana apoyaron y aún respaldan. Además su mensaje pendenciero vino a complementar la narrativa contrarrevolucionaria que el establecimiento colombiano instauró por más de medio siglo.

Con el proceso de paz el Gobierno de Santos sin proponérselo puso en cuestión ese relato, de ahí que Uribe al retornar al poder en 2018 con su pupilo Iván Duque busque “hacer trizas” no sólo el Acuerdo, sino reintroducir la idea de que en Colombia nunca hubo conflicto sino un ataque terrorista.

Para desgracia del uribismo y la ultraderecha, el proceso de paz borró de tajo la narrativa que había construido el cuestionado exmandatario y es por eso que el Gobierno de Duque trata de reinstalar ese relato.

Al rescate del caduco establecimiento que se quedó sin discurso

Así como el uribismo se quedó sin discurso y el descrédito del Gobierno de Duque cada día crece de manera exponencial, además porque se comprobó que para ganar las elecciones presidenciales recurrió a la compra de votos en varias regiones del país, gracias a aportes de algunos de sus aliados narcotraficantes, el resto de sectores que hacen parte del establecimiento colombiano también se encuentran huérfanos de narrativa.

Esos sectores del establishment se caracterizan porque están en franca oposición a Duque y por supuesto, contra el cuestionado expresidente Uribe, actualmente en prisión domiciliaria. Coinciden, eso sí con el uribismo, en que adversan con ahínco al líder de los sectores alternativos, el actual senador Gustavo Petro Urrego, quien en la segunda vuelta presidencial de 2018 obtuvo más de 8 millones de votos.

Para enfrentar tanto al uribismo como a Petro, estos sectores del establecimiento que son conservadores y de clara estirpe neoliberal se autocalifican de “centro” y propalan la matriz según la cual Colombia se encuentra “polarizada” y por lo tanto hay que buscar una “tercera vía”, como diría el exprimer ministro británico y criminal de guerra Tony Blair.

A Petro lo etiquetan para estigmatizarlo como de “extrema izquierda” y por supuesto al uribismo lo tildan de “fascista” (que es en definitiva lo que es) para “vender” la idea según la cual lo que requiere el país es una alternativa de “centro” que despolarice el ambiente político y se retorne a la posibilidad del “entendimiento” o la “unidad nacional”, falacias que la derecha ha convertido desde 1930 en eslóganes electorales que les ha dado resultado para espoliar los recursos del Estado por parte de la coalición gobernante de turno.

En ese supuesto “centro” político que se disfraza de “socialdemocracia”, la cual para el caso europeo terminó traicionando sus principios y convirtiéndose en una tendencia más de la derecha (como lo explica de manera muy atinada el autor anglo-paquistaní Tariq Alí en su libro El extremo centro), se ubican en primer término el expresidente neoliberal Juan Manuel Santos; los potenciales aspirantes presidenciales de corte neoconservador Sergio Fajardo Valderrama, exgobernador de Antioquia y exalcalde de Medellín; Alejandro Gaviria Uribe, exministro de Salud y actual rector de la Universidad de los Andes (el principal centro de estudios privado del país de corte neoliberal y propalador del enfoque hegemónico estadounidense); la alcaldesa de Bogotá, Claudia López Hernández; el partido Alianza Verde con uno de sus principales líderes el exguerrillero del M-19, exministro y exgobernador de Nariño, Antonio Navarro Wolf, hoy autoconvertido en moderado; el exnegociador del proceso de paz y exministro Humberto de la Calle Lombana; y varios exdirigentes del Partido Liberal que se desafiliaron al terminar controlado por el impresentable expresidente César Gaviria Trujillo, padre del neoliberalismo en Colombia.

Los líderes del denominado “Centro” político en Colombia: el senador del MOIR, Jorge Enrique Robledo; la alcaldesa de Bogotá, Claudia López; y el exgobernador de Antioquia, Sergio Fajardo.

A este sector que buscan darle consistencia político-electoral poderes fácticos como el Grupo Empresarial Antioqueño, industriales de la caña de azúcar del Valle del Cauca, y no pocos medios tradicionales de comunicación, se va a terminar uniendo el supuesto sector de izquierda Movimiento Obrero Independiente Revolucionario (MOIR) que lidera el senador del partido Polo Democrático AlternativoJorge Enrique Robledo Castillo.

El MOIR terminó siendo “un oportunismo de derecha”se lamenta Omar Ñáñez Camacho, uno de los fundadores de este mini-partido que “hoy parasita el Polo Democrático”, una colectividad de clara estirpe de izquierda.

Este movimiento fundado en 1969 por Francisco Mosquera Sánchez, destaca en su proceso histórico dos etapas, señala Ñáñez Camacho. La primera que va desde su creación en la ciudad de Medellín hasta 1977 cuando se involucra a fondo en las luchas sociales del país, reivindicando los derechos de la clase obrera y exhibiendo un claro discurso de izquierda. De ahí en adelante, agrega este exdirigente de esa formación política, hay un retroceso, pues se convierte en un palo en la rueda de todo proceso unitario de las fuerzas alternativas de Colombia, haciéndole el juego a la derecha.

Al llegar el MOIR como tendencia al Polo Democrático Alternativo no obstante que era minoría, logra controlar el aparato del partido y paulatinamente solidificarse como el principal sector, con una votación sin precedentes en su historia electoral. En los comicios de 2018 esta tendencia le aporta al Polo dos senadores y un representante a la Cámara, gracias al liderazgo de Robledo.

Para la segunda vuelta de los comicios presidenciales de ese año, el MOIR al no clasificar su candidato, el conservador Sergio Fajardo, optó por el voto en blanco y rechazó de plano apoyar la aspiración alternativa de Petro.

Giro a la derecha

Si se tiene en cuenta que para el MOIR, un grupo político de extracción maoísta, el sujeto político en Colombia para avanzar en la transformación socioeconómica del país reside en la burguesía nacional, es comprensible que ahora gire a la derecha y vaya a engrosar este sector que se disfraza de “centro” con miras a enfrentar el reto electoral de 2022.

Para ello, y no obstante ser mayoría al interior del Polo, ha entrado en negociaciones con sus actuales compañeros de partido para determinar los términos de la escisión del mismo, una figura que contempla la ley electoral, habida cuenta que el MOIR, al igual que su socio político, Sergio Fajardo, se niegan a ir a una consulta popular con Petro para la escogencia del candidato presidencial del sector alternativo en la próximas elecciones.

Además, Robledo, quien ya anunció su precandidatura presidencial no encontró respaldo alguno a su aspiración al interior del Polo Democrático, pues todos sus colegas congresistas que lideran distintas tendencias o están con Petro, caso el senador Iván Cepeda, o impulsan la idea de realizar una consulta abierta para la escogencia del aspirante presidencial, para la cual incluso, han invitado a participar a sectores del autodenominado “centro” como liberales y el partido Alianza Verde.

El expresidente Juan Manuel Santos, tras bambalinas, aspira a contribuir a que se consolide la tendencia del “Centro” , en la que figurarán varios de sus allegados políticos.

Recomposición del espectro político

Si el Congreso Nacional del Polo Democrático que se tiene previsto convocarlo para antes de finalizar el presente año oficializa la escisión del partido, para lo cual se ultiman las negociaciones internas, el espectro político colombiano para los comicios tanto parlamentarios como presidenciales del 2022, verá surgir una nueva fuerza que si bien está signada por ideología de derecha, tendrá un barniz de progresista con el aporte del MOIR. Se catalogará de “centro” y tendrá posibilidades de llegar a la segunda vuelta en la carrera por la Presidencia. De esta manera, el establecimiento colombiano que adversa tanto al uribismo como a Petro, logra reinventarse, aunque habrá que esperar con qué narrativa se presenta, pues a una sociedad que apenas estará saliendo de las consecuencias de la pandemia no se le puede salir con el argumento de que el país está polarizado entre dos extremos y que el camino es el de los “tibios”, es decir, el del centro. Además que camuflarse bajo la etiqueta de “centro” es un infundio y un oportunismo para acercarse o a la derecha o a la izquierda de acuerdo con las circunstancias. En la Ciencia Política hasta ahora no ha sido posible definir el “centro”.

Históricamente, como dice el profesor español y cofundador de PodemosJuan Carlos Monedero, no hay referente de quien haya muerto por una causa política, gritando: ¡Viva el centro!

La narrativa del centro       

Lo interesante de la reinvención del establishment colombiano mediante su infundio de que mediante la opción centrista va a sacar de la profunda crisis institucional y moral en que se encuentra el país con un aliado como el MOIR y en el que seguramente confluirá el sector que lidera Juan Manuel Santos, (quien de paso podrá lograr financiación internacional de George Soros para este nuevo actor político), será conocer su narrativa. Es decir, la propuesta programática que le presentará a una sociedad desesperanzada y maltratada socioeconómicamente como la colombiana. Ya no solo basta con ofrecer la implementación de los acuerdos de paz que el Gobierno de Duque ha dejado en el congelador sino que deberá anteponer argumentos para contrarrestar la propuesta de amplio calado social que viene planteando Gustavo Petro con temas esenciales entre otros como la implementación de una Renta Básica Universal; la transición de combustibles fósiles por energías renovables para mitigar el impacto de la crisis climática; la puesta en marcha de una reforma pensional y de salud; la garantía de la gratuidad en la educación en todos sus niveles y el mejoramiento en su calidad; y la implementación de la reforma agraria integral, actualmente aplazada.

Se abre entonces otro capítulo en la intrincada y pugnaz realidad política colombiana que tendrá su punto culminante en 2022 cuando se elija al nuevo inquilino de la Casa de Nariño.

 

 

 

 

domingo, 5 de julio de 2020

NEOLIBERALISMO


LAS EXPECTATIVAS DE AMÉRICA LATINA FRENTE A LA AGENDA POST-PANDÉMICA DEL EXPOLIADOR Y DESVERGONZADO CAPITAL FINANCIERO INTERNACIONAL




POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ /

Nuevamente América Latina queda a la expectativa de la última movida del expoliador y cínico capital financiero internacional, cuya camarilla  nucleada en el poderoso Foro Económico Mundial (World Economic Forum) que cada año, en la última semana de enero, se reúne en la localidad suiza de Davos, en el sentido de que, ante la pandemia del Covid-19, ha determinado presentar en 2021 una agenda que busca salvaguardar el fracasado sistema capitalista, cuyos operadores mundiales son directamente responsables tanto de la crisis socioeconómica, climática como sanitaria por la que atraviesa actualmente el planeta. 

Secundado por del depredador Fondo Monetario Internacional (FMI) y de organismos rapaces que congregan gánsteres económicos como el Club Bilderberg y la Fundación Rockefeller, el Foro Económico Mundial (FEM) quiere reinventar el horizonte del capitalismo para, a través de una nueva agenda de acciones, continuar asaltando a la humanidad, como lo ha venido haciendo a través de los “Big Money” (léase bancos, fondos de pensiones, entidades financieras e inversoras de alcance global), con la complicidad de los Estados que en su gran mayoría han adoptado el modelo neoliberal.

Frente a la propuesta de agenda de los buitres financieros, América Latina no puede quedar a merced de lo que terminen imponiendo estos despojadores planetarios, por lo que se hace prioritario y urgente que los sectores denominados progresistas, o de izquierda, los movimientos sociales y los gobiernos que en la región le apuesten a un nuevo horizonte una vez superada la crisis generada por la emergencia sanitaria, comiencen a debatir una serie de temas que permitan anteponerlos a las pretensiones de nuevo despojo de los globalistas neoliberales que han malgobernado el mundo, llevándolo a una crisis civilizatoria.

El coronavirus está permitiendo clarificar los debates y esclarecer las pugnas que estaban planteadas veladamente. Queda, sin embargo, sacar las conclusiones adecuadas y aprovechar el contexto para actuar rápidamente. El reto para las fuerzas progresistas de la región es hacer una lectura pertinente de las tendencias en desarrollo.


Expectativas para Latinoamérica

Varios analistas coinciden en que la pandemia es una oportunidad para transitar hacia un mundo algo más justo recuperando las funciones del Estado, cercenadas por un modelo económico criminal como el neoliberal que ha condenado a la mayoría de la humanidad a la miseria, la depredación ambiental, ahondando las inequidades sociales, convirtiendo la vida humana en una vil mercancía en beneficio de unos pocos.

En lo que concierne a América Latina, amplio sectores aspiran a que luego de los rigores de la pandemia, los países del hemisferio tengan la posibilidad de entrar por la senda del Estado de Bienestar en términos de acción y de consenso social y político. La realidad, en contraste, de ninguna manera es halagüeña frente a tan legítima aspiración, por cuanto lo que demuestra la crisis vírica es que mientras buena parte de la economía mundial se hunde, los gigantes de la economía digital se expanden aceleradamente con dos tendencias muy firmes: ganancias extraordinarias de corto plazo y concentración monopólica. Además, se consolida el desarrollo de un capitalismo de vigilancia. Ello deja en evidencia la existencia y profundización de un campo de tensión entre la dinámica técnica-económica y las ingentes necesidades, así como las dificultades por lograr el desarrollo social.

Una nueva agenda para afianzar el despojo y el control global

En medio de la emergencia planetaria, el Foro de Davos a través de dos de sus más representativos e inescrupulosos voceros como el príncipe Carlos de Gales y el empresario alemán, integrante del Club Bilderberg, Klaus Schwab, fundador de esa cofradía de la especulación y la usura que se reúne en la mencionada ciudad helvética anualmente, anunciaron la realización de una ‘cumbre gemela’ en la que se presentará la nueva agenda de lélitegobernante y financiera, bautizada con el nombre de El gran reinicio.

Para estos delincuentes financieros de cuello blanco se trata de reiniciar o ‘resetear” el mundo, como cuando se paraliza un computador, de ahí la alegoría, una vez las naciones superen la crisis sanitaria. De esta manera, buscan pasar a la ofensiva y sentar las bases de lo que será el mundo post-pandémico para continuar sus actividades de pillaje, ampliamente conocidas y así perpetuar el despojo y el control global.



En un lenguaje edulcorado, Schwab escribió un artículo periodístico publicado en el portal web del FEM el pasado 3 de junio que tituló Ahora es el momento de un "gran reinicio", en el que de manera ladina plantea la necesidad de invertir la lógica neoliberal retornando al fortalecimiento de los Estados, a la regulación fuerte de los mercados y a la aplicación de un sistema tributario en virtud del cual los potentados contribuyan más para equilibrar las obscenas desigualdades sociales en el mundo.
Aunque el FEM viene repitiendo demagógicamente que su propósito es impulsar la equidad y el progreso de la humanidad, construyendo los fundamentos del sistema económico y social para un futuro más justo, sustentable y resiliente", en esta oportunidad su narrativa la quiere disfrazar con un lenguaje ciber-fármaco-ambientalista, aludiendo a su muy controvertida "Cuarta Revolución Industrial". Dentro de ese contexto, estos aprovechadores económicos se enfocan también a promover el debate sobre la crisis climática, aunque siguen hablando de “catástrofes naturales” para evitar referirse a los efectos depredadores de un sistema como el capitalista, para lo cual buscan escarbar cómo sería una economía “descarbonizada”.

Necesidad de una contra-agenda de los países víctimas del neoliberalismo


Ante la agenda farmacológica, cibernética y financierista del Foro de Davos que hay que analizar cuidadosamente entre líneas y develar sus calculadas intenciones, es preciso que el mundo marginado y en vías de desarrollo genere una contra-agenda. Ojalá se pudiera reeditar una especie de Foro Social Mundial, con el suficiente peso específico intelectual para darle una respuesta por parte de los pueblos víctimas del neoliberalismo a estos gánsteres financieros. Se trata, en consecuencia, como ya lo han señalado algunos analistas del campo progresista, de formular una propuesta en que si bien se planteé la necesidad de devolverle los fueros al Estado, revirtiendo el mal llamado libre comercio, acabando con las privatizaciones de los bienes comunes y estructurando un sistema tributario equitativo, también se aborden asuntos de gran trascendencia, entre otros como la condonación de la deuda externa, el tratamiento a las migraciones, la utilización de la inteligencia artificial, el acceso democrático a la información, la cibervigilancia global y la garantía a la soberanía alimentaria de los pueblos y a una Renta Básica Universal para todo ciudadano.

El reto, entonces, es que los pueblos, ojalá desde América Latina, se preparen y asuman el debate que han planteado los expoliadores económicos y timadores financieros para que no continúen tomando por asalto y estafando a la humanidad.












































miércoles, 8 de abril de 2020

sábado, 14 de diciembre de 2019

NEOLIBERALISMO


“MEDIANTE MANIPULACIÓN Y DISCIPLINAMIENTO, EL NEOLIBERALISMO HA PROMOVIDO CONDENSADORES DE ODIO PARA ELIMINAR LA POLÍTICA EN AMÉRICA LATINA”



POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ

Entrevista con la psicoanalista y politóloga argentina Nora Merlin. Léala haciendo clic aquí









sábado, 19 de octubre de 2019

CIUDAD NEOLIBERAL


BOGOTÁ, EL PARADIGMA DE CIUDAD NEOLIBERAL: “SE PRETENDE ALTERAR LA DINÁMICA DEMOGRÁFICA DE LA CIUDAD PARA FAVORECER LA ESPECULACIÓN INMOBILIARIA”



POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ /

La especulación inmobiliaria desaforada que busca aceleradamente proyectar tipos específicos de urbanización y edificación para negociar de diferentes maneras la vida de la ciudad, es uno de los rasgos característicos del modelo neoliberal.

Bogotá, la capital colombiana, gobernada actualmente por una élite conservadora que privilegia lo “light” que se asocia con las imágenes de una falsa prosperidad sustentada en la generación de posibilidades ciertas para los negocios del capital especulativo, va camino de convertirse en uno de los paradigmas de “ciudad neoliberal” en América Latina.
“Ciudad neoliberal”, entendida como el espacio urbano para las megaobras y microobras que corroen el tejido social y el paisaje circundante y cuyo único interés es la búsqueda de nuevos negocios que beneficien el capital especulativo.

El controvertido alcalde de la capital colombiana, Enrique Peñalosa Londoño, defensor a ultranza del esquema neoliberal, antes de finalizar su cuestionado mandato que va hasta este 31 de diciembre, busca por todos los medios imponer un Plan de Ordenamiento Territorial para Bogotá (POT), que le dé alas a la especulación inmobiliaria para que el capital pueda hacer de las suyas.

El POT, de acuerdo con los lineamientos de la legislación colombiana, es una construcción social de la población con su territorio, el cual debe concretarse en un instrumento técnico y normativo de planeación y gestión de largo plazo.

Un Plan sustentado sobre proyecciones falsas

Para analizar los alcances de esta carta de navegación para los próximos 12 años, presentada por el alcalde Peñalosa a consideración del Concejo de la capital colombiana, invitamos a dialogar a Carlos Roberto Pombo Urdaneta, arquitecto de la Universidad Javeriana con especializaciones en planeamiento urbano y regional, y quien preside los organismos antes mencionados, desde los cuales viene dando una lucha por concientizar a la ciudadanía bogotana de los perjuicios que tendría para su urbe si se aprueba un POT como el que se pretende ejecutar.

Una de las primeras declaraciones que usted dio a partir del estudio que realizó el Consejo Territorial de Planeación sobre el POT, que presentó el alcalde Peñalosa, fue que ese plan está desestructurado.  ¿Por qué?

Por muchas razones. Lo primero es que un Plan de Ordenamiento Territorial lo que busca es poder armonizar u optimizar la relación entre demanda del suelo urbano, con oferta del suelo urbanizable. Si una de las dos premisas de la ecuación falla, todo el plan falla.

La demanda de suelo estimada a partir de unas proyecciones de población falsas, pues está desestructurando todo el Plan. Las proyecciones son falsas porque no tuvieron en cuenta los datos del Censo de 2018; se basaron en unas proyecciones elaboradas varios años antes con base en el Censo de 2005 y eso daba que Bogotá tendría, más o menos 8.200.000 habitantes en el año 2018, pero ya en noviembre de 2018, el director del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) había dado los resultados preliminares del Censo y decía que Bogotá no tenía sino 7.181.000. Eso es una diferencia muy grande; no porque la cifra en sí tenga mayor discusión, que no la tiene porque el DANE es la única autoridad en materia de estadística, sino que, si se proyecta con ese error, al año 2031, nos va a resultar un error del tamaño de Barranquilla.

Eso quiere decir que el POT como está, está mal estructurado. Se plantean unas series de expansión al norte, muy grandes, pero al mismo tiempo se proyectan unas zonas de renovación al interior de la ciudad. Entonces se encuentra un conflicto entre renovación y expansión.

Alguien dice que no nos podemos meter en la dicotomía de renovación y expansión.  Es que no se trata de esa dicotomía, sino de que están mal proyectadas las cifras de población. Como están mal proyectadas las cifras, se proyecta también mal la demanda de vivienda.

La administración distrital habla de más o menos 900 mil viviendas al año 2031 y nosotros con ejercicios que hemos hecho con el doctor Ernesto Rojas, que fue director del DANE dos veces, y con el doctor Eduardo Pachón, nos da más o menos 230 mil; es una diferencia enorme y eso da como resultado una diferencia también enorme en la demanda de suelo urbano.  O sea, por eso es que la ecuación está mal plateada.

Y en ese sentido el estudio con las observaciones que hace el Consejo Territorial de Planeación ¿ha tenido eco? ¿Usted considera que en el Concejo de Bogotá ese documento con las observaciones que se hacen, puede tener asidero?

Yo creo que el Consejo Territorial ha hecho un enorme esfuerzo por comunicar el concepto; hemos hablado con muchos concejales; hemos dialogado con candidatos a la Alcaldía de Bogotá. Lamentablemente, el concepto del Consejo Territorial no es vinculante, sin embargo aprobar un POT, bien sea el acuerdo del Concejo o bien sea un decreto con un concepto negativo del Consejo Territorial, eso es un proyecto que ya queda con ciertos visos de ilegitimidad que es lo que me parece que puede llegar a pasar con el POT, y ese sería un mal precedente para un Plan que va a regir los destinos durante 12 años.

La comunidad está en contra del POT, la participación fue muy baja, la votación del Consejo Territorial de Planeación fue importante, ha habido movimientos en diferentes barrios en contra del POT.

Ahora, el Concejo de la ciudad si lo aprueba, lo hará en unas condiciones muy precarias, y hay que agregarle que estamos en campaña, entonces los concejales no asisten, han asistido a algunas reuniones con quórum precario, le ponen muy poco interés a la discusión. Hay que resaltar sí que esta discusión del POT se ha vuelto un debate público importante; la ciudadanía es consciente de su importancia; se ha politizado el tema del ordenamiento territorial, cosa que es muy buena porque es que esa es la esencia de la democracia local, ya que el POT es la única disposición que requiere de la participación ciudadana.

La Ley 388 consagra en dos artículos la necesidad de la participación ciudadana para poder promulgar un POT.  Porque es que esa norma atañe a la vida cotidiana de todos los ciudadanos.

Por eso es que es tan importante, si pudiéramos darle mayor dimensión y discusión a las normas que nos competen directamente, estaríamos revitalizando la democracia local y eso sí que es importante porque es que es ahí donde realmente reforzamos la democracia.  Esto puede ser una revolución silenciosa de enormes proporciones si sabemos manejarla con mucho cuidado.

Usted habla de algo muy grave y es que, según afirma, el Plan presentado por el gobierno de Peñalosa, está sustentado sobre proyecciones falsas.  Si es así, desde el punto de vista jurídico se podría demandar…

Bueno, no es lo mismo proyecciones falsas que falsas motivaciones. Sin embargo, yo insisto en proyecciones falsas porque la única autoridad, y así lo dicen diferentes normas, es el DANE la entidad que puede emitir concepto respecto de la proyección del suelo de expansión para lo cual se requieren también de proyecciones de población. Usted y yo podemos tener unas proyecciones de población o usted, y afirmar que a nuestras casas no las censaron, pero con eso no desvirtuamos la cifra del Censo.  Es que el censo es la operación estadística más grande que se hace en cualquier país. En ese sentido, el DANE en noviembre de 2018, cuando no estaba radicado el POT ya se había pronunciado.

Se busca alterar la dinámica demográfica de Bogotá

Hay un fallo del Consejo de Estado en virtud del cual se manda a que la ciudad debe ordenarse en torno del agua con base o en concordancia con el saneamiento del río Bogotá. ¿Se cumple con ese mandato del fallo en el POT?

Si bien el POT incorpora la sentencia, propone al mismo tiempo lo que se llama Ciudad Río que no deja sino 30 metros de la franja.  Entonces por un lado borra con el codo lo que hace con la mano. El proyecto de Ciudad Río es muy discutible en término del tema ambiental, lo mismo va a pasar con la Reserva Van der Hammen. Más que el tema ambiental es el tema demográfico. ¿Si no se necesita ese suelo, para qué se proyecta esa ciudad? No se puede ofertar suelo por encima de las proyecciones demográficas, entonces no es viable la proyección de Ciudad Río.

¿Esa Ciudad Río sería entorno del río Bogotá?

Sí, a lo largo del río.

¿Y por qué no sería viable?

Porque la administración distrital está hablando, repito, de cerca de 900 mil viviendas durante la vigencia del POT con unas proyecciones equivocadas o falsas.  Nosotros con las mismas proyecciones estamos diciendo que solo se necesitarán 230 mil unidades de vivienda, si solo se necesitan 230 mil unidades de vivienda no se necesita esa expansión. Es que sobre ofertar suelo es muy grave, es tan grave que no solamente alteramos la dinámica demográfica y la dinámica del mercado inmobiliario en la ciudad sino incluso a nivel nacional.

¿Por qué?

Porque estamos ofertando suelo en Bogotá, lo cual tendrá como consecuencia que seguramente vendrán capitales foráneos y población foránea. Quién puede absorber, quién tiene el musculo financiero para mantener una gran inversión a muy largo plazo si es que con la vigencia del POT no va haber sino 230 mil.  Es que es un tema de oferta y demanda, es el tema de la oferta del suelo urbano versus la demanda de suelo urbanizable, la demanda no da sino para 230 mil. Cálculos muy juiciosos que han hecho los doctores Ernesto Rojas y el doctor Álvaro Pachón, demuestran que Bogotá más o menos en 20 años dejará de crecer. El crecimiento de la ciudad va a ser cero.

¿Por qué lo dice?

Por la reducción de la tasa de natalidad que es muy importante; es tan importante que ya Colombia y en eso hay varios análisis que lo demuestran, la tasa de fecundidad de Bogotá está por debajo de 2.  Por debajo de 2 quiere decir que estamos por debajo de la población de reemplazo. La tasa de mortalidad sube, entre otras razones no solo porque hay nuevas enfermedades, sino porque nos estamos envejeciendo. La tasa de envejecimiento de Bogotá es alta. Entonces vamos a tener un crecimiento vegetativo igual a cero. 

Pero por otro lado, Bogotá está expulsando población.  Está expulsando población de esta dimensión: si el vegetativo fue cerca de un millón de personas entre 2005 y 2018, pero el crecimiento real fue solamente de 500 mil, quiere decir que Bogotá expulsó 500 mil.  De Bogotá se están yendo 500 mil personas. 

El mismo censo dice que en el último año Bogotá perdió 60 mil. Mucha de esa población se está yendo a municipios cercanos. Hay gente que se están yendo más lejos, se están yendo a Villavicencio, al Eje cafetero, se a la Costa inclusive.  No es posible reversar esa tendencia.  No es posible que por un acto administrativo que se llama POT se revierta una dinámica demográfica de esa magnitud, entre otras cosas porque la vida en Bogotá es mucho más cara. Recientemente un artículo periodístico daba cuenta que un arriendo en Bogotá es más o menos 35% más caro que en Medellín y en Medellín más o menos 10% más caro que en Cali, luego Bogotá está 35% más caro que en Cali, esas condiciones no se pueden revertir.

Como no se pueden revertir y tenemos un crecimiento vegetativo igual a cero y un saldo migratorio negativo es posible que Bogotá en el año 2031 tenga menos de los 7.500.000 habitantes.


Fomentando la especulación inmobiliaria

Usted acaba de afirmar algo que es grave y es el tema de la sobre oferta del suelo.  ¿Si está contemplada la sobreoferta del suelo en el POT de Peñalosa, eso quiere decir que se está fomentando la especulación inmobiliaria?

Claro, claro, no hay la menor duda.  Estamos llegando a unos niveles de sobreoferta descomunales. La diferencia entre 200 mil y 900 mil son 700 mil hogares. 700 mil hogares son igual a una ciudad como Barranquilla. Es de una dimensión enorme el error que se está cometiendo. Enorme y esto puede ser catastrófico.

Ahora, qué quiere decir catastrófico. Quiere decir que vamos a tener una sobre oferta no solamente en la zona norte sino en el mismo interior de la ciudad.  Entonces al interior de la ciudad, hoy, ya el mercado inmobiliario está muy resentido y si usted amplía una oferta de esa magnitud vamos a tener viviendas sin arrendar muchos años, vamos a tener desvalorizaciones, vamos a tener deterioro de la ciudad.

Es que el Plan de Ordenamiento Territorial lo que busca es armonizar la demanda con la oferta, pero si alteramos unos de los dos factores artificiosamente generamos una situación caótica.

O sea que nosotros estamos a años luz de conquistar aquel derecho que lo caracterizó un francés Henri Lefevre y que lo retoma un británico, un geógrafo como David Harvey, el derecho a la ciudad.  ¿Nosotros en Bogotá no tenemos derecho a la ciudad con base en lo que usted acaba de señalar?

La teoría de Lefevre, fantástico, pues es él quien introdujo el concepto de Sociología Urbana y hablaba que era el proceso del tránsito de una ciudad, de un país rural a un país urbano y construía las bases para un país urbano.

Discípulo de Lefevre es Manuel Castells, el catalán, quien habla del tema de las comunicaciones y la participación ciudadana en la formación de ciudad. Sus dos últimos libros son extraordinarios. Alude a la ciudad red y habla de una ciudad enredada, que es construida con redes donde la ciudadanía participe activamente y tome sus decisiones.  No que le tomen las decisiones arbitrariamente sobre lo que va a pasar con su propiedad.

Se están adoptando decisiones arbitrarias en Bogotá

¿En Bogotá se están tomando decisiones arbitrariamente?

Totalmente arbitrarias. Y qué quiere decir arbitrarias, es al arbitrio de un funcionario de turno para llevar a cabo sus caprichos. La única posibilidad, y eso lo dicen también varios tratadistas como Jaime Orlando Santofimio, es no cometer arbitrariedades.  Una vez que se le han dado poderes discrecionales a la administración local es que se sustente con argumentos técnicos sumamente serios, y aquí los argumentos técnicos fueron desconocidos de una manera flagrante, y ellos sabían que los estaban tomando equivocadamente, porque conocían los datos del censo que fueron públicos.

En ultimas, como diría un pronunciamiento de la Maestría de Urbanismo de la Universidad Nacional de Colombia, la gran síntesis es que este POT contempla una búsqueda obsesiva por encontrar terrenos para el desarrollo de nuevos negocios, a partir de un enfoque neoliberal. ¿Usted lo considera así?

Claro, claro y más grave todavía. Es la búsqueda de nuevos negocios en renovación urbana donde hay seguramente pequeños inversionistas que podrían desarrollar proyectos; pero grandes inversiones en terrenos de expansión no lo pueden hacer sino grandes capitales.

Pero es gravísimo lo que me está diciendo porque eso da juego para blanqueo de grandes capitales en un país como Colombia que tiene una mercancía que ya sabemos hacia dónde viene y para dónde va. Si son capitales muy grandes los que se requieren, entonces esto da pábulo para las economías ilegales.

Sí u otro tipo de economías por eso yo habla de economías foráneas.  Es posible, por ejemplo, grandes fondos de inversión europea.

Ah, especulación financiera…

Macro, global con población local. Capitales internacionales jugando con población local, población de muy bajos recursos.  El 82% de la ciudad es estrato 1, 2, 3. El Sisbén es para eso y más o menos el 50% de la ciudad está en Sisben, el 83% de la ciudad en estrato 1, 2 y 3. Entonces, especular para hacer 900 mil unidades de vivienda cómo, dónde está el capital, dónde está esa demanda, dónde está la demanda efectiva.

Mire, una discusión grande que tuvimos fue sobre el impacto de la población venezolana. Aunque no tenemos certeza de las cifras pero por diferentes estudios, como uno de la Universidad Externado, es que es una población con muy bajos recursos, de menos de 300 mil pesos mensuales.  Cuál es la demanda efectiva de vivienda y qué tipo de vivienda puede ocupar esta población. Entonces, cuando hablamos de 900 mil viviendas de tamaño importante estamos hablando para otra población.

Uno de los argumentos que usa el Distrito es que, para los grandes proyectos inmobiliarios en desarrollo, tratamiento de desarrollo hay que reservar suelo, no ceder, reservar suelo; 20% para VIS (Vivienda de Interés Social), 20% para VIP (vivienda para estrato alto). Eso qué quiere decir, que, si queremos reservar suelo para 20% de VIS, necesitamos construir 60 mil viviendas no VIS para poder cubrir las 20 mil viviendas que se construyen anualmente en la informalidad.  Si queremos contrarrestar la informalidad con este mecanismo necesitaríamos desarrollar 60 mil no VIS, y dónde está la demanda de 60 mil no VIS.

Bogotá crece informalmente

¿Y la ciudad sigue creciendo informalmente?...

La ciudad crece de una manera impresionante informalmente. Hay datos de que casi está creciendo alrededor de mitad y mitad, mitad formal y mitad informal.  Hay otros datos propios de la Secretaria de Planeación que se están generando 20 mil unidades anuales en vivienda informal.  Pero eso no es lo grave, lo grave es que ya hay fenómenos de invasión que no pasaba sino desde hace muchos años. En Usaquén, hay una invasión famosa, existen los famosos tierreros y todavía funcionan. Eso es absolutamente miserable que existan, porque el Estado no ha sido capaz de enfrentar el tema de la informalidad, ni ha sido capaz de ofertar suelo para población de muy bajos recursos. 

Con lo que acaba de decir, la ciudad no está produciendo vivienda requerida para población de bajos ingresos…

Claro que no, la única posibilidad es vía VIS y VIP. Pero para poder producir VIS o VIP se necesita desarrollar no VIS, vivienda para estratos medios y altos para poder reservar suelos.  Es que no es ceder, los grandes urbanizadores no ceden, reservan suelo para VIS y VIP. Entonces, una población que gana menos de 2 salarios mínimos no tiene acceso a VIS y a VIP, por lo tanto no le queda más remedio sino la informalidad o irse.

¿En ese sentido entonces Bogotá es una ciudad segregada?

RP: Altamente segregada, preocupantemente segregada. La realidad de Bogotá es muy grave.

La reserva forestal Van der Hammen

Pasemos a otro tema que también ha sido muy controvertido y es: ¿se necesita zonificar la reserva forestal Tomas Van der Hammen?

No, para nada.

¿Por qué?

Porque no hay necesidad, no se necesita más suelo porque la ciudad ya no va a crecer más, porque esa enorme expansión que estaban planteando al norte no existe, esa demanda es ficticia, no es real, no existe, no va a existir, nunca va a existir.  Por qué digo nunca.  Porque si en el año 2039 Bogotá no va a crecer nada, cero, de ahí en adelante cero. Es que lo raro es que no nos demos cuenta que eso es verdad.

La tasa de fecundidad de Bogotá está por debajo de 2, ya se lo dije y ese fenómeno está pasando en muchas partes del mundo, las ciudades grandes no están creciendo, las ciudades “grandes” entre comillas están experimentando el fenómeno que llaman del vacío.  Se están vaciando. Hoy Bogotá tiene, según el censo, más o menos unas 130 mil viviendas desocupadas.  Para qué pensar en expansión, cómo no pensar en utilizar de manera más racional, sobre todo para los más pobres este tipo de vivienda.

Bogotá y la crisis climática


Hay otro tema también que es de suma preocupación y es el POT frente a la vulnerabilidad de la ciudad en cuanto a la crisis climática. ¿Este plan del alcalde Peñalosa contempla algunos mecanismos para atenuar este fenómeno o no se avanza nada?

Me gusta que diga la crisis climática más que el cambio. Por ejemplo, las zonas amenazadas por inundación, o los mapas de amenazas por inundación o de riesgo por inundación, se sustrajeron de unas áreas importantes de los mapas anteriores de amenaza por inundación.  Eso es peligroso.  Las zonas de remoción en masa, si sigue creciendo la informalidad, continuaremos teniendo población amenazada por remoción en masa. Pero mire, hay un tema muy delicado, es la amenaza sísmica, de eso no se ha hablado mucho hoy.

¿En Bogotá?

Sí, en Bogotá. Ingeominas está tratando de modificar el mapa de riesgos sísmicos o la zonificación sísmica. Estas construcciones de la informalidad que se intensifican, construyen una placa encima de la otra con un voladizo más, son escalonadas, tienen un riesgo sísmico altísimo y Bogotá no le ha puesto atención a eso. Y son tres riesgos muy, muy peligrosos.  Es que lo que pasa es que, si nos concientizáramos que Bogotá no va a crecer más podíamos pensar en mejorar la calidad de vida de los que hoy estamos, sobre todo de los más necesitados.  Habría un vuelco enorme en la planeación de la ciudad. Una concepción completamente diferente.  No es una ciudad que crece, es una ciudad que vamos a mejorar, pero mientras no nos cambiemos ese chip y entendamos que eso es lo que pasa y eso es lo que va a pasar, digo pasa porque en el mundo está pasando. Las ciudades grandes están dejando de crecer. Deberíamos estar pensando en cómo mejorar todo eso, sobre todo la población más necesitada, es que no podemos ser tan obtusos de seguir pensando en urbanizaciones fastuosas, cuando tenemos una población viviendo en deplorables condiciones.

¿En el Consejo Territorial de Planeación del cual usted es presidente y en la Sociedad de Ornato y de Mejoras de la ciudad son conscientes de que hay que cambiar el modelo neoliberal y la concepción urbanística de que el suelo de la ciudad no puede ser suelo para la especulación financiera?

Imagínese si no. Tanto en el Consejo Territorial como en la Sociedad de Ornato y Mejoras veninmos trabajando el tema con con grandes especialistas como los doctores Ernesto Rojas y Álvaro Pachón, entre muchos otros.

En el Consejo Territorial hay consciencia clarísima sobre la necesidad de cambio: es que la votación en su interior fue importante: 36 votos negativos al POT contra 19 abstenciones, no hubo ninguno afirmativo y había perfectamente quórum, todo estaba en orden y es un concepto negativo.

El Concejo de la ciudad no, porque el Concejo de la ciudad sí está cooptado por los políticos. Por los intereses políticos que mencionábamos hace un momento.

Conurbanización

Otro tema que es muy complejo y que de alguna manera algunas administraciones tanto de la capital como del departamento han tratado de avanzar, pero por supuesto los intereses financieros y políticos no dejan, es el conurbanismo de Bogotá, lo que se ha denominado Ciudad-Región. ¿Es necesario el conurbanismo de la Sabana, de los municipios circunvecinos de Bogotá? ¿El POT contempla algo al respecto?

El POT dice que reconoce que hay unos hechos regionales. Reconocer que hay unos hechos regionales y no reconocer es exactamente igual. Claro, la Sabana está creciendo, la Sabana es el nicho ecológico más valioso, es que es el único, es la única área del trópico frío a esas magnitudes a 2600 msnm, es una cosa valiosísima y no hay conciencia sobre eso.

Es claro que Bogotá está expulsando a la Sabana, pero no en las dimensiones que están pensando.  El crecimiento total de la región, Bogotá más la Sabana incluyendo Facatativá más Fusagasugá está creciendo a nivel de 80 mil viviendas año, que es lo que el POT cree que va a crecer Bogotá. La verdad es que es toda la región, sólo crece 80 mil.

No hay una autoridad de planeación regional.  La CAR que es la que podía por excelencia estar pensando en eso, está pensando en otro cuento; porque a ella es la que le compete expedir los conceptos previos desde el punto de vista ambiental de la formulación de los POT, no solo de Bogotá, sino de toda la región.

Ahora, el gobierno nacional debería estar muy preocupado por este tema y no está entendiendo lo que está pasando. Tengo aquí un atlas que me llegó hace poco del Departamento Nacional de Planeación: Atlas de la aglomeración de Bogotá, y dice que la ciudad tiene en el año 2005, tiene 8.300.000 habitantes y el censo dice que tiene 7.180.000.  Esto ya está totalmente desfasado. Porqué la importancia de la población. Primero tenemos la población, luego tenemos hogares, luego tenemos vivienda y luego tenemos suelo. Si nos equivocamos en la base de la pirámide, la población, nos equivocamos en la demanda de suelo; y qué es el ordenamiento territorial, es la organización del suelo, del territorio y es por eso que el gobierno nacional tampoco se interesa por el tema, lo cual es sumamente grave.