viernes 10 de febrero de 2012

GLOBALIZACIÓN


ENTREVISTA CON EL CIENTÍFICO SOCIAL PORTUGUÉS BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS


“EL NEOLIBERALISMO FACILITÓ SECUESTRO DEL DERECHO POR LAS TRANSNACIONALES, HASTA EL PUNTO QUE LA LEGALIDAD VA A LA PAR CON LA ILEGALIDAD”



POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ


Si bien el sistema imperante en el mundo no tiene respuestas a los requerimientos sociales, como consecuencia de la crueldad del neoliberalismo, las luchas y las protestas de movimientos como los Indignados y los Ocupa, llaman al “optimismo trágico”, afirma el científico social portugués Boaventura de Sousa Santos, quien explica que en medio de las múltiples dificultades están surgiendo alternativas sustentadas en lo que denomina sicología de las emergencias y en los nuevos procesos de producción y de valoración de conocimientos válidos, científicos y no científicos que recoge en su teoría de la Epistemología del Sur.


Los presupuestos de la Epistemología del Sur son la ecología de los saberes y la traducción intercultural que proyectan un pensamiento alternativo basándose en experiencias prácticas, en luchas sociales y en trabajos de campo en diversos rincones del mundo.


La ecología de los saberes lo explica De Sousa Santos tanto en sus textos como en sus conferencias es “el diálogo horizontal entre conocimientos diversos, incluyendo el científico, pero también el campesino, el artístico, el indígena, el popular y otros tantos que son descartados por la cuadrícula académica tradicional”. En tanto que la traducción intercultural es el procedimiento que posibilita crear entendimiento recíproco entre las diversas experiencias del mundo.


De esta manera, señala, se pueden asimilar otras concepciones de vida productiva distintas a las del capitalismo reproducidas por la ciencia económica convencional, como por ejemplo el “swadeshi”, estrategia formulada por el mahatma Gandhi que plantea la autosuficiencia económica y el autogobierno; o el “sumak kawsay”, el concepto indígena del buen vivir incorporado en las constituciones de Ecuador y Bolivia y que significa reconocer y aprender de las sabidurías de los pueblos originarios que en América Latina han estado ligadas a la naturaleza y su buen aprovechamiento. Estas experiencias productivas se asientan en la sustentabilidad, solidaridad y reciprocidad.


Al mismo tiempo, este sociólogo andariego e intelectual militante como se define, considera que buena parte del mundo, sobre todo Occidente, está entrando en un proceso postinstitucional por cuanto la política olvidó a los ciudadanos y ello se evidencia en su activa presencia en las calles y plazas que “aún no han sido colonizadas por las transnacionales”.


Plantea por ello la refundación del Estado, pero también de los partidos políticos, sobre todo de los de izquierda, para cambiar no solamente el modelo económico criminal que está acabando con el planeta, sino para organizar de una manera más humana la vida, elevando los niveles de participación democrática y respondiendo de manera satisfactoria los requerimientos y necesidades sociales. Es que, agrega, “los conceptos jurídicos y sociológicos tradicionales o eurocéntricos son ahora muy débiles para enfrenta la realidad social actual”.


Caso patético es la consecuencia funesta generada por el neoliberalismo y su afán de ganancia desaforada al haber superado el ámbito jurídico hasta el punto que hoy no es claro definir lo legal de lo ilegal. “Según los criterios de poder se determina la ilegalidad o legalidad”, sostiene.


Para ahondar sobre estos y otros temas de la conflictividad social del mundo, el Observatorio Sociopolítico Latinoamericano www.cronicon.net entrevistó a Boaventura de Sousa Santos durante su última visita a Bogotá, invitado por la Facultad de Derecho de la Universidad de Los Andes que le hizo entrega de la distinción Sócrates por su aporte a la sociología jurídica, los derechos humanos y la transformación social.


En desarrollo de este acto académico el profesor portugués dictó la conferencia “Para una teoría jurídica de los indignados”.


De Sousa Santos, doctor en Sociología del Derecho de la Universidad de Yale y catedrático de la Universidad de Coímbra, es además director del Centro de Estudios Sociales de esta institución, así como profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison y de diversos establecimientos académicos del mundo. Es uno de los científicos sociales e investigadores más importantes en el área de la sociología jurídica y cumple un papel de activista desde el Foro Social Mundial. Sus múltiples libros, ensayos y artículos periodísticos son referentes del pensamiento alternativo por cuanto analiza con visión aguda y hasta autocrítica temas como la globalización, la sociología del derecho y del Estado, los movimientos sociales, la epistemología y la geopolítica.



LA IRRUPCIÓN DE LOS INDIGNADOS, PUNTO DE PARTIDA DEL CAMBIO SOCIAL


- No obstante que como bien usted ha señalado los movimientos espontáneos de los Indignados y de los Ocupa no tienen una articulación política, ¿en ellos se estaría gestando un sujeto político que presione los cambios socioeconómicos que requiere el mundo?


- Yo estoy seguro que sí, considero que esto es un comienzo, un punto de partida, y por eso varios de los análisis que miran a los Indignados como algo que ya está consolidado están equivocados, porque por el contrario, me parece que este es un síntoma de las cosas malas que están ocurriendo en nuestras democracias y es un inicio de algo que no sabemos cómo va a continuar. Estos movimientos que son de jóvenes no tienen vinculación con los partidos políticos porque muchos de los partidos progresistas perdieron a la juventud, no de ahora sino de mucho tiempo atrás. Ahora mismo vengo de Brasil y una de las discusiones que tuve con los dirigentes del Partido de los Trabajadores (PT) fue cómo renovar el partido con la participación de los jóvenes. También tuve un encuentro de hip hop, con los jóvenes de las periferias que me acogieron y con quienes trabajé y escribí cosas que después musicalizaron. La revuelta y la rabia de la juventud se expresa en la cultura hip hop de los suburbios de las ciudades y el PT no sabe quiénes son ellos, no conocen que es hip hop, no saben qué es la cultura urbana de nuestros tiempos, entonces hay aquí una distancia entre los partidos políticos y sobre todo de izquierda, con los jóvenes. El segundo elemento que me parece muy importante es que nosotros en la política de izquierda y en la teoría crítica siempre nos preocupó la sociedad civil organizada, nos centramos mucho en la relación partidos-movimientos porque la izquierda eurocéntrica nace como un movimiento que luego se transforma en partido. Después los partidos se desconectaron, asumieron que tenían el monopolio de la representación de los intereses de clase o de grupos sociales y no atendieron los intereses de los movimientos, pero todo ha cambiado en los últimos treinta años sobre todo cuando los nuevos movimientos sociales que defienden los derechos humanos y ciudadanos, de las mujeres, los indígenas, de los campesinos, el derecho a la vivienda, etc., empezaron a tener una presencia muy fuerte frente a los viejos, como el movimiento obrero y los sindicatos. Pero además, los movimientos terminaron compitiendo con los partidos, y ese es el camino que hemos recorrido hasta ahora. El Foro Social Mundial de alguna manera es un síntoma de que los partidos ya no tenían el monopolio de la representación, y al contrario, se daba una gran prioridad a los movimientos sociales y así hemos pasado la década pasada.


EL FRACASO DE LA SOCIALDEMOCRACIA


- Y por eso la irrupción tan fuerte de los Ocupa y los Indignados…


- Los movimientos de los Indignados y de los Ocupa lo que representan es algo nuevo, en el sentido de que nosotros en la teoría crítica y en la política de izquierda nos olvidamos mucho tiempo de que la gran mayoría de las personas no es militante de ningún partido ni se moviliza en movimientos sociales, consideramos que esta gente no es un actor político porque no se organiza para eso. Estos jóvenes han mostrado que hay momentos de definición y entonces surgen y se movilizan por cosas y causas que les merecen respeto, saliendo a la calle, arriesgando empleo, amigos y comodidades. En la izquierda no habíamos conocido cómo es esta dinámica y por esos estamos desarmados. La izquierda está totalmente desarmada porque estos movimientos, en su gran mayoría, están en contra de la política institucional y en rechazo a los partidos sin hacer distinción entre los de izquierda y derecha. Y esto es muy peligroso sobre todo para la izquierda, porque cuando no se hace la distinción sale favorecida la derecha que es la que domina nuestras sociedades, la política, la economía, los medios de comunicación, etc. Y esta crítica de no reconocer la distinción viene realmente de muchos errores institucionales de la izquierda en las últimas dos décadas, específicamente de la socialdemócrata que en Europa y en otros países adoptó lo que en Inglaterra se llamó la Tercera Vía impulsada por el Partido Laborista inglés que luego se propagó por otros continentes y que no fue otra cosa que aceptar el dogma del neoliberalismo. Con esto la izquierda socialdemócrata intentó que el neoliberalismo tuviera una fase humana mediante la aplicación de algunas políticas sociales, pero sustentada en el mercado y en la economía más que en el Estado.


- Un modus vivendi dentro del capitalismo que permitiera minimizar los costos sociales, como lo ha denominado usted en uno de sus libros...


- Exactamente. Lo que pasó es que esta izquierda socialdemócrata que pensaba que había una alternativa dentro del marco neoliberal fracasó. Porque de hecho como lo hemos visto claramente en Europa, no hay alternativa alguna dentro del neoliberalismo, y la izquierda que aceptó las recetas y las condicionalidades del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional y de las agencias que comandan este modelo financiero, terminó desarmada y lo hemos visto en Portugal, en España, en Grecia, con la caída de los partidos socialistas y en Inglaterra con el Partido Laborista del exprimer ministro Gordon Brown. O sea, hubo un colapso de la izquierda socialdemócrata en Europa que nos hace pensar. En contraste, los partidos progresistas que están gobernando algunos países latinoamericanos como Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, Uruguay y Venezuela no han aceptada las recetas neoliberales y están haciendo lo que podríamos denominar capitalismo de Estado. O sea, un control mucho más grande por parte del Estado de los recursos económicos.


EL ENFOQUE ECONÓMICO DE LOS GOBIERNOS PROGRESISTAS DE AMÉRICA LATINA


- Usted lo ha definido como una socialdemocracia de nuevo tipo…


- Sí, porque se pensaba que podían seguir con el estilo de la socialdemocracia europea que fue un proceso de compatibilizar democracia con capitalismo a través de grandes redistribuciones de riqueza universales, lo que se denominó derechos económicos y sociales, o Estado de bienestar, que se desarrolló en Europa más que en otro continente. Los países latinoamericanos sabían que quizá no sería posible impulsar este tipo de derechos sociales y económicos universales y por eso fueron por otro tipo de políticas sociales que se han concretado en la política de los bonos que no son muy distantes de lo que proponía el Banco Mundial, pero que están dirigidos y enfocados a sectores vulnerables de la población que en los diversos países se distribuyen con diferentes nombres. En Brasil: bolsa familia; en Bolivia; Juancito Pinto; en Argentina: asignación universal por hijo, etc. Son políticas selectivas que no se presentan como derecho social. Pueden ser eliminados si no hay condiciones pero sobre todo no cambian el modelo económico, no hacen una regulación del capitalismo y no permiten, por ejemplo, que las personas vulnerables salgan por sí mismas de la pobreza, ni cuentan con una política, excepto Brasil, para desarrollar formas de economía solidaria ni cooperativa que puedan organizar a esta gente de manera que tenga capacidad de generar ingresos, hacer microempresas y de esta manera deje de necesitar los bonos. Este, entonces, es el modelo de socialdemocracia latinoamericana que hasta ahora ha dado resultado porque coincidió con un periodo de valorización de las materias primas de este continente debido al gran avance de China, lo cual ha permitido que países que tenían déficits comerciales ahora tengan superávit como son los casos de Brasil y Argentina.


- La socialdemocracia europea al poner en marcha políticas neoliberales traicionó su identidad ideológica y como dice el sociólogo argentino Atilio Borón, es mejor el original que la copia, por eso es dable que hayan retornado los gobiernos de derecha en el viejo continente que saben ejecutar de manera más drástica y sin ningún pudor el recetario del libre mercado, ¿no le parece?


- Sí, sí, esa es nuestra lectura desde hace algún tiempo, nosotros criticamos este desvío de la socialdemocracia hace más de veinte años cuando todo esto empezó.


- ¿Y la Tercera Vía formulada por el sociólogo inglés Anthony Giddens es una concepción de derecha?


- Sí claro, la Tercera Vía fue iniciada en Australia, y Giddens como asesor de Tony Blair después la teorizó para desarrollarla en Inglaterra, aunque fue aplicada en otros países por partidos laboristas y socialdemócratas. Propugna porque hay que aceptar todos los criterios de competencia que el mercado determina para las agencias públicas. Plantea, por ejemplo, un mercado interno para los servicios de salud y educación, fomentado la competencia so pretexto de reducir los costos de esos servicios, abriendo el espacio para que el sector público no se distinga del sector privado. Su objetivo es la ganancia mediante el sistema contributivo de las personas y por eso se inventaron las tasas moderadoras y los copagos que los ciudadanos deben hacer para poder acceder a una cirugía o a una consulta médica. De esa manera, legitimó la entrada del capital privado en los servicios públicos, sobre todo en la salud, en la seguridad social, en la educación y en el sistema de pensiones. Esto a mi juicio fue lo que destruyó toda la socialdemocracia en Europa y es por eso que yo pienso que tiene que refundarse. Vamos a ver lo que va a pasar con el candidato presidencial socialista François Hollande en Francia. Pueda ser que la gente que está descontenta con la políticas de austeridad de Sarkozy le dé la victoria a Hollande, pero éste no tiene ningún programa alternativo que vaya más allá de las condicionalidades del Fondo Monetario Internacional y de la ortodoxia de los capitales financieros no regulados.


EL NEOLIBERALISMO QUE PRODUJO LA CRISIS ESTÁ INTENTANDO “RESOLVERLA”


- Si bien es evidente que el sistema capitalismo está en una grave crisis, sin embargo el hecho del retorno de gobiernos de derecha en los países europeos y la ortodoxia económica aplicada en Estados Unidos y en no pocos países de América Latina demuestran que hay un robustecimiento del neoliberalismo que sigue favoreciendo a los capitales financieros y a las trasnacionales. ¿No le ve así?


- Yo pienso que la crisis del capitalismo es de otro tipo. En términos de corto plazo no hay ninguna señal de crisis, al contrario, podríamos decir, lo que es sorprendente, que el neoliberalismo que produjo la crisis, la está intentando “resolver” entre comillas. Son los mismos banqueros culpables de esta crisis económica los que buscan resolverla. Miremos el caso del portugués Antonio Borges, director del Fondo Monetario Internacional para Europa y vicepresidente de la Goldman Sachs, fue el que organizó la trampa que esta banca de inversión le tendió a Grecia. Este mismo señor está ahora dictando las recetas del Fondo a Europa. Imagínese la promiscuidad entre el capital financiero y la democracia europea que a mi juicio está en suspenso porque el primer ministro griego Lucas Papademos; Mario Monti en Italia; Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, al igual que el propio Borges, vienen de Goldman Sachs. No solo representan al capital financiero sino son de la misma firma, lo cual es algo trágico y pienso que la socialdemocracia ha contribuido por su omisión a un colapso de la Unión Europea que lo veo muy próximo si no hay realmente un acto de desobediencia que tiene que ser muy fuerte para lograr su relanzamiento.


- ¿Y eso ha dado paso a lo que usted llama “democradura” en Europa?


- Sí, es eso lo que tenemos. Unas constituciones muy progresistas pero sus prácticas muy reaccionarias y oligárquicas. Constituciones como la portuguesa y la española garantizan todos los derechos pero todos los días esos derechos son eliminados, suspendidos y la Corte Constitucional no interviene, o sea hay una suspensión de democracia que la podemos llamar “democradura” o “dictablanda”. Estos procesos no tienen futuro para la democracia europea y los partidos políticos tiene que ver muy bien lo que está pasando para no caer en los mismos errores.


El neoliberalismo ha llevado a que la legalidad vaya a la par con la ilegalidad


- Esta crisis del capitalismo ha dado lugar a lo que usted hacía referencia en su conferencia en la Universidad de los Andes de Bogotá a una confusión de la categorías de ilegalidad, legalidad y los sin ley en buena medida por el fenómeno de la acumulación por desposesión. ¿Cómo explicar esta situación generada por la voracidad capitalista?


- Lo que hay es muy complejo porque la democracia en el siglo XX engañó al imaginario popular. Al inicio la democracia liberal no era muy democrática como sabemos porque en su origen solamente los propietarios podían votar, entonces la gran mayoría de la población no sabía que era la democracia. La democracia ganó credibilidad y captó el imaginario popular, como ahora vemos a los Indignados que piden democracia verdadera y real, debido en buena medida a que se institucionalizaron los conflictos sociales, se aceptó que hay divergencias en la sociedad entre capital y trabajo por ejemplo, y que las mismas se deben solucionar de manera pacífica cuya resolución se traduce en la ley y por eso se creó una legalidad, pues antes las clases populares solo conocían la legalidad represiva, no conocían ningún derecho. Se creó entonces un derecho facilitador, protector de los derechos sociales, económicos, auxilio al desempleo, y empezaron a ver que la legalidad era algo más amplio y beneficiosa para las clases populares, eso ha sido el gran engaño de la democracia representativa y liberal porque en las constituciones tanto de Europa y de América Latina se consagra una serie de luchas sociales como derechos, por ejemplo los derechos indígenas que antes eran desconocidos inclusive por la misma izquierda que los consideraba invisibles, lo cual cambió en los últimos veinte años precisamente debido al neoliberalismo, a la represión a los movimientos sociales y la criminalización de la protesta. Lo que ocurrió es que las transnacionales aprendieron la lección según la cual es posible presionar a los gobiernos, influenciar los congresos legislativos para producir leyes a su favor, y por eso ellas mismas produjeron una legislación que es tan legal como la otra, la que protege a las clases populares, pero ahora es una legalidad que les permite hacer cosas que antes no podían hacer. Y por eso se puede decir que lo hacen legalmente, no lo es totalmente legal porque si se observa muchas de esas leyes que se crearon para concesiones de minería y recursos naturales y todo lo referente al extractivismo, tienen una serie de condiciones que se olvidan después, como por ejemplo la protección ambiental, o las violaciones masivas a las consultas indígenas dispuestas en el Convenio 169 de la OIT. Es decir, la legalidad va a la par con la ilegalidad, esto es un gran engaño y lo vamos a ver próximamente en Río+20 en junio de 2011 con toda esta discusión sobre el capitalismo verde, la economía verde, de desarrollo sostenible que es el gran concepto de los últimos treinta años. Todo lo que vamos a observar en esta cumbre de Río no es más que el resultado de un secuestro del derecho por las transnacionales y por eso hablan del capitalismo verde. Para mí el capitalismo solo es verde en los billetes de dólar, no es verde en ningún otro sentido. De esta manera, la legalidad es poco apropiada, pero también porque aumenta la desigualdad social, se inventan amenazas de lucha social en que la seguridad en términos de seguridad militar y policial tiene una fuerza tan grande que se crean formas de estados de emergencia no declarados en muchos países, no es el caso de Colombia, porque este país ha tenido un pasado muy fuerte de estados de sitio o estados de excepción. Cuando estaba aquí realizando mis estudios los estados de excepción eran normales por eso es que Colombia no tuvo dictaduras como otros países de América Latina, eso lo analizábamos en ese entonces, pero ahora hay formas que van más allá de la legalidad, por ejemplo cuando los Estados Unidos matan a dos ciudadanos norteamericanos en Yemen a través de los drones, esto es legalidad, o ilegalidad, esto ya no tiene normas. Porque la ilegalidad exige una norma, digámoslo así, y esto es una cosa completamente nueva.


EXTRANJERIZACIÓN DE TIERRAS, NUEVO COLONIALISMO


- ¿Como el caso del centro de concentración de Guantánamo?


- Guantánamo es lo mismo, es una ausencia total de criterios de legalidad, es más que ilegal, es sin ley. Para entender esto hay que regresar a los siglos XVI y XVII cuando en este continente americano se produjo el exterminio de los indígenas que no era es propiamente ilegal, era sin ley. O sea, como existía la idea de que los indígenas no eran humanos, entonces los conquistadores no aplicaban los criterios de legalidad o de ilegalidad, eran cosas, esclavos. Hoy en el mundo hay rasgos en los que ya no podemos hablar de intervención política social porque a veces son tan crueles y agresivos en contra de ciertas poblaciones que por ser consideradas inferiores no se les aplican los criterios de legalidad, y por eso se presenta la arbitrariedad. Se pueden ver casos por ejemplo en África en este momento donde se viene dando con mucho énfasis la acumulación por despojo, también se da en India y en América Latina con la minería y el extractivismo. En el caso africano se presenta con mucha fuerza a través del acaparamiento y compra de tierras por parte de países como Brasil, China, Corea del Sur que están buscando tener una reserva de tierra fuera de sus respectivos Estados, este es un nuevo colonialismo que no hemos teorizado. La concesión es legal pero luego qué pasa con los campesinos desplazados de sus tierras y de un día a otro se convierten en ocupantes o invasores. ¿Esto es legalidad? Es una acumulación primitiva violenta que actúa de una manera en que no hay ninguna forma de rescate políticamente. Esto no es ilegalidad, es algo más grave, es sin ley, que ocurre dentro de Estados de derecho y de democracias, y este es otro gran reto para las izquierdas, sobre todo de raíz socialdemócrata, que creen en la institucionalidad.


- En medio de este oscuro panorama de la crisis civilizatoria originada por el capitalismo, usted que se confiesa un optimista trágico ha formulado una teoría jurídica de emancipación social así como un nuevo concepto de ciudadanía y de derechos humanos que paulatinamente no solo obtienen apoyo popular sino que se van abriendo paso. ¿Ese no es un motivo para ser moderadamente optimistas?


- Sí, lo que ocurre es que el pesimismo es siempre conservador, porque yo puedo ser pesimista si tengo mi salario, tengo mi casa, mi habitación, yo puedo ser nihilista, hasta cínico, porque mi cotidianidad está garantizada. Pero qué pasa con la gente que tiene comida hoy para su familia pero no sabe si tiene para mañana; qué pasa con la gente que está viva hoy pero puede ser víctima de una violencia en la que no esté directamente involucrada; la mayor parte de la población del mundo está en condiciones en las que su supervivencia no está mínimamente garantizada; esta gente no puede ser pesimista. Esta gente tiene que salir a la calle a luchar, a encontrar formas de garantizar su sobrevivencia y la de su familia, no puede paralizarse, son activistas. El problema es que no son activistas políticos en nuestro sentido, son activistas de la vida. Entonces, lo que necesitamos es transformar ese activismo de la vida en activismo político, por eso trabajo mucho con los movimientos sociales y con gente que está en situaciones difíciles y gracias a mi actividad académica y a mi trayectoria los conozco bien por cuanto he compartido con ellos múltiples luchas. Por ello puedo decir que me anima el hecho de que estos sectores sociales no pueden ser pasivos, ellos tienen que tener esperanza. Tenemos que construir día a día la posibilidad de una nueva sociedad, y eso es lo que me da la idea de este optimismo trágico; es decir, la idea de que hay una alternativa pero también muchas dificultades. La tragedia es esa, que hay muchas dificultades que no podemos minimizarlas pero tenemos que saber que no todo está perdido, como decía la gran cantante argentina Mercedes Sosa. Cuando la gente piensa que estamos en el fin de la política, que no hay activismo, y que el neoliberalismo lo ha dominado todo, vienen los Indignados, vienen los Ocupa, la primavera árabe que derrumba a los dictadores, entonces hay siempre en la sociedad las emergencias, lo que llamo la sociología de las emergencias. El nuevo proyecto de investigación que estoy iniciando ahora busca analizar las emergencias para darlas a conocer, porque el problema es que muchas de las luchas maravillosas no son conocidas, de gente que resolvió el problema del agua, de la propiedad, de la ciudadanía, en comunidades de India, de Sudáfrica, y de otros países. La gente en el mundo sigue con esperanza buscando soluciones porque no tiene alternativa, vive una situación demasiado cruel y vergonzosa, por eso no puede cruzar los brazos. Un intelectual militante como me considero, no un teórico de vanguardia porque no lo soy ni quiero serlo, pero sí de retaguardia en el sentido de apoyar a estos movimientos, tiene que teorizar la esperanza en condiciones difíciles, por supuesto, generando un respeto por la gente. Nosotros tenemos una cultura en los partidos de izquierda según la cual la masa de la gente que no está organizada es una masa de maniobra, por lo tanto pensamos por ella y por eso vamos con consignas, con eslóganes para comandarla. No, eso no es así, hoy la gente que se moviliza es porque tiene razones que son suyas, hoy está más preparada. Eso se puede ver en países muy controversiales como Venezuela, donde la gente ha adquirido una cultura política muy interesante, que puede estar con Chávez o contra Chávez, pero está mucho más consciente de las condiciones, de lo que debería ser y lo que es, es mucho más exigente, no puede ser manipulada por ideas abstractas que no le dice nada sobre su cotidianidad. Ese es el respeto por la gente que la izquierda tiene que tener en el inmediato futuro.

martes 7 de febrero de 2012

COLOMBIA


GOBIERNO DE SANTOS ORIGINA CONFLICTO SOCIAL AL PRIVILEGIAR A TRANSNACIONALES EXTERMINANDO A PEQUEÑOS Y MEDIANOS MINEROS


POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ




El gobierno del presidente Santos está incubando un enorme problema social que puede terminar en ola de violencia, al empeñarse en acabar con la actividad de los pequeños y medianos mineros del país, para favorecer única y exclusivamente a las transnacionales, entregándoles alrededor del 40% del territorio colombiano para la explotación minero-energética a gran escala. La grave afirmación la hicieron directivos de la agremiación Conalminercol que realizó una asamblea extraordinaria en Bogotá el pasado sábado 4 de febrero con el propósito de determinar acciones de resistencia civil y protesta pacífica contra la política entreguista de los recursos naturales al capital transnacional en concordancia con la denominada “confianza inversionista”, heredada de la funesta administración (2002-2010) del cuestionado Álvaro Uribe Vélez.


La Confederación Nacional de Mineros de Colombia (Conalminercol) agrupa a medianos y pequeños empresarios del sector de 18 departamentos del país, organizados, a su vez, en cuatro federaciones, tres cooperativas y 45 asociaciones. Esta importante confederación reúne a alrededor de 300 mil afiliados que se ven notablemente perjudicados con la llamada “locomotora minera” de Santos.


“Nosotros, los medianos y pequeños mineros de Colombia somos los rieles de esa locomotora porque nos va a pasar por encima”, afirman gráficamente los líderes de este gremio de empresarios.


Para la directora ejecutiva de Conalminercol, Luz Stella Ramírez Guevara, está claro que el gobierno de Santos viene a poner en marcha la maquinaria que dejó instalada Uribe Vélez para el aprovechamiento del recurso minero por parte de las transnacionales.


A ello obedece, explica, el desprecio del gobierno por el pequeño y mediano empresario de la minería y la negativa de Santos a darle interlocución.


ESTIGMATIZACIÓN DEL GOBIERNO


Pero algo más grave, agregan Vicente Jiménez y Nicolás Herrera, mineros de Córdoba y del oriente antioqueño respectivamente, es que “el gobierno de Santos nos trata como ilegales y hasta de terroristas pero nosotros pagamos impuestos y somos responsables del 85% de las exportaciones por concepto de explotación de metales preciosos en Colombia”.


No obstante el hecho de que los medianos y pequeños mineros cumplen con sus obligaciones tributarias y están formalizados como empresarios, la administración santista busca estigmatizarlos, hasta el punto que el ministro de Minas y Energía, Mauricio Cárdenas Santamaría, conocido de autos (por el caso Dragacol en el que siendo ministro de Transporte durante el gobierno de Andrés Pastrana favoreció mediante conciliación a esta empresa que defraudó a la Nación), se atrevió a señalar que iban a ser bombardeados y perseguidos militarmente porque son cómplices de las bandas de grupos paramilitares y de la guerrilla, y además, los calificó como “la coca del momento”.


Por eso, afirman los directivos de Conalminercol, “somos víctimas del terrorismo de Estado” propiciado por el propio titular de la cartera de Minas y Energía.


INFORMALES PERO NO ILEGALES



Los voceros de este gremio minero señalan que dentro de la actual legislación del ramo que fue elaborada expresamente para favorecer a las empresas transnacionales, son considerados informales, pero ello no quiere decir de ninguna manera, subrayan, “que seamos ilegales”.


Al preguntarles el por qué de su informalidad, explican que de acuerdo con el Código de Minas expedido en 2001 durante el gobierno conservador de Andrés Pastrana, se considera informal a todo minero que no cuente con el respectivo título para realizar la actividad de explotación en determinada zona.


Si bien no cuentan con los títulos, estos empresarios afirman que ejercen una actividad ancestral y que no puede venir el Estado de la noche a la mañana a decirles que son un estorbo para la inversión extranjera y deben abandonar su trabajo del cual dependen en Colombia en forma directa más de dos millones de personas, sin plantear ninguna alternativa de reconversión laboral.


“Todo el tiempo, desde la época de la colonia se ha hecho minería sin títulos, nuestra actividad es tradicional”, afirman.


SAQUEO A LAS COMUNIDADES POR PARTE DE LAS TRANSNACIONALES MINERAS


La legislación minera en Colombia que se adecuó en el gobierno de Pastrana con la reforma al código del ramo a los intereses transnacionales y que se profundizó aún más en la administración Uribe con la Ley 1382 de 2010 para garantizar la expoliación y el saqueo, constituye una política apátrida que ahora pone a funcionar la “locomotora” santista.


En efecto, el código fue elaborado por los abogados de las mismas multinacionales, quienes lo redactaron y concibieron de acuerdo a sus intereses. En forma solapada intervinieron los gobiernos de Canadá y de Estados Unidos para imponer las condiciones que se adapten a las tendencias de la globalización neoliberal y que fundamentalmente buscan sacar al Estado de la explotación directa de los recursos naturales y entregárselos al capital transnacional a precios irrisorios.


Para sacar a los medianos mineros de su actividad los igualaron con las transnacionales en cuanto a los estándares de exigencias. Así por ejemplo, se eliminó las categorías de pequeña, mediana y gran minería y fueron absorbidas en las llamadas “Unidades Productivas Mineras” en las que están en igualdad de condiciones el pequeño minero y el gran inversionista.


Fijó un nuevo esquema contractual a través de la figura de la concesión, que se convirtió en la única forma de contratar con el Estado, incluso en áreas de reserva minera especial.


Además, la legislación colombiana definió nuevas reglas para la expedición del título minero; eliminó el requisito de contar con licencia ambiental en la fase de exploración; y consideró a la minería como una industria de interés público al capital privado, independiente de su escala de explotación.


Pero ahí no paran las gabelas, se introdujo la figura denominada de “necesidad de bienes” que tiene como propósito la facultad de expropiar y/o de comprar por parte de las transnacionales aquellas áreas consideradas de interés público. De esa manera obligan a comunidades y a medianos empresarios mineros a salir de sus tierras y zonas de explotación, desplazándolos y abandonándolos a su suerte.


MINERÍA EN EL MARCO DEL MEDIO AMBIENTE


Aunque reconocen que la actividad minera genera un impacto medioambiental, los agremiados a Conalminercol afirman que siempre han estado dispuestos a acogerse a las normas ecológicas.


“Podemos hacer minería en el marco del medio ambiente”, afirman pero acusan al Estado colombiano de ser permisivo y de no hacer cumplir las normas para reducir las consecuencias funestas que esta actividad genera en los ecosistemas.


“El problema –agregan- es que el gobierno no ha hecho nada en auditoría minera” y ahora que quiere entregarle el monopolio de la explotación de esta actividad a las transnacionales, sindica de grandes contaminadores del medio ambiente a los pequeños y medianos empresarios.


En contraste, está más que comprobado que la minería a gran escala y a cielo abierto que desarrollan las transnacionales no solo atenta de manera irreversible la naturaleza, sino que, además, afecta la salud de los seres vivos, acaba con recursos indispensables como el agua y contamina el aire.


EN TODAS LAS ACTIVIDADES DE COLOMBIA SE “VACUNA”


En su afán de criminalizar la actividad minera de los pequeños y medianos empresarios, el gobierno de Santos los ha señalado con el dedo acusador de ser cómplices de las bandas criminales y de la guerrilla en su financiación. Es decir, que esta es una fuente de recursos económicos para los grupos al margen de la ley.


Los directivos de Conalminercol aceptan que son objeto de “vacuna” no solamente de las bandas paramilitares y la guerrilla sino también de lo que ellos denominan “las águilas verdes” (miembros de Policía y Ejército).


“En todas las actividades que son rentables en Colombia se ‘vacuna’ y las águilas verdes son las que más cobran, bajo la mirada permisiva y cómplice del mismo Estado”, señalan.


INTEGRACIÓN DE ÁREA Y GOBERNABILIDAD


Utilizando el argot neoliberal impuesto por el Banco Mundial las transnacionales en complicidad con el gobierno colombiano disfrazan sus acciones de imposición y de compra de apoyos en las comunidades con términos eufemísticos como “integración de área” o “gobernabilidad”. Se trata de imponer “el gobierno de las palabras” con el propósito de “disciplinar y ocultar los conflictos sociales”, como bien señala el politólogo español Juan Carlos Monedero.


“Integración de área” para las transnacionales mineras y el código minero colombiano hecho a su medida, es la posibilidad de acceder a áreas de exploración y explotación a como dé lugar forzando a los propietarios a vender. En otras palabras, el propietario no tiene otra alternativa: “negocia o negocia”.


Y por “gobernabilidad” se entiende la capacidad que tienen las transnacionales de cooptar, comprar apoyos, financiar actividades políticas y sociales en las comunidades para acallar su protesta o inconformidad ante el impacto negativo que genera la actividad minera a gran escala.


NO HA SIDO FÁCIL OBTENCIÓN DE “LICENCIA SOCIAL” EN COLOMBIA


Pese a la obsecuencia del gobierno colombiano a los requerimientos del capital financiero transnacional y a todas las gabelas que le ha concedido, no ha sido fácil para las gigantes empresas foráneas que explotan la minería a gran escala obtener lo que ellas denominan en su lenguaje eufemístico “licencia social”, que no es otra cosa que el ablandamiento y aquiescencia de las comunidades.


Casos como la resistencia social contra las minas de la Colosa en Cajamarca, Tolima; Santurbán en Santander; y Marmato en Caldas; para no citar más de tres ejemplos, han dificultado la viabilidad de los proyectos mineros de las transnacionales que hacen presencia en Colombia. Por ello es que sus directivos no solo están preocupados, sino molestos con el gobierno debido a que no han podido avanzar.


Adicionalmente, pese a los millonarios presupuestos que las transnacionales se gastan anualmente en “gobernabilidad”, amplias zonas del país ven en la minería a gran escala una verdadera amenaza, por lo que es previsible que sigan aumentando las protestas y la resistencia sociales contra esta actividad. Al fin y al cabo, el gobierno colombiano ha concesionado a estas empresas en su mayoría canadienses y norteamericanas, más de 38 millones de hectáreas, cuya explotación minero-energética amenaza en convertir el país en un territorio devastado y sin vida en el mediano y largo plazo.


RESISTENCIA CIVIL Y PROTESTA PACÍFICA


A lo anterior se suma el descontento de los pequeños y medianos empresarios mineros que van a verse desplazados tanto por el gobierno de Santos como por las transnacionales que tienen como único objetivo sacarlos del negocio.


Obviamente que, como advierten los directivos de Conalminercol, no van a dejar que los desplacen y van a luchar cueste lo que cueste, por continuar en su actividad.


Por eso se preparan para enfrentar su lucha de reivindicación y conservación de su trabajo. En Bogotá, en su última asamblea extraordinaria, acordaron adoptar una serie de acciones para hacerse escuchar ante el gobierno de Santos.


En medio de los múltiples conflictos que vive Colombia, este es otro más que se abre debido a las criminales medidas neoliberales y a las actitudes obsecuentes de gobiernos cipayos como los que han regido Colombia durante buenas parte de su desventurada historia.

lunes 30 de enero de 2012

GLOBALIZACIÓN


ENTREVISTA CON EL SOCIÓLOGO ARGENTINO CHRISTIAN CASTILLO


“LA LUCHA CONTRA EL CAPITALISMO REQUIERE DE UNA DIRECCIÓN REVOLUCIONARIA PARA CANALIZAR LA ENERGÍA DE LOS SECTORES SOCIALES”


POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ




Para enfrentar el sistema capitalista que ha generado una crisis civilizatoria es imperativo una fuerza política de vanguardia capaz de dirigir a los sectores sociales, a las clases trabajadoras y a los oprimidos con miras a consolidarse como sujeto político que permita llegar al poder, sostiene el sociólogo argentino y excandidato a la Vicepresidencia de la Nación por el Frente de Izquierda y de los Trabajadores en las elecciones de octubre de 2011, Christian Castillo.


Desde su perspectiva, la crisis del capitalismo va a dar lugar a una serie de traumatismos y de convulsiones agudas en el escenario internacional que puede generar un escenario propicio para que los sectores de izquierda y alternativos a la globalización neoliberal concreten una propuesta anticapitalista para evitar el reciclaje de este sistema injusto y criminal.


Castillo es un dirigente político y docente universitario que ha dedicado buena parte de su vida al activismo en favor de la clase trabajadores y de los sectores menos favorecidos, en su país, Argentina.


Referente del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), es sociólogo y profesor de diversas materias en la Universidad de Buenos Aires –donde cursó sus estudios- y de la Universidad Nacional de La Plata. Es director de la revista Lucha de Clases y coordinador del Instituto de Pensamiento Socialista (IPS). Autor de "Estado, Poder & Comunismo", (2003), libro en el que polemiza con la obra de Tony Negri y otros autores contemporáneos que sostienen las tesis del "fin del trabajo". En octubre de 2011 publicó su último libro que lleva por título: “La izquierda frente a la Argentina kirchnerista” en el que compila varios de sus artículos periodísticos para dar una mirada alternativa a un período de ebullición política y social que va desde los meses posteriores a la rebelión popular de diciembre de 2001 hasta el final del primer mandato de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.


En el ámbito internacional, en enero del año 2000 se sumó a las protestas estudiantiles contra la privatización de la Universidad Autónoma de México, por lo que fue detenido siendo liberado luego de una importante campaña internacional de solidaridad.


En las elecciones presidenciales de octubre de 2011 fue el compañero de fórmula de la alternativa que encabezó Jorge Altamira por el Frente de Izquierda, nuevo sector político argentino en el que confluyen varios sectores políticos y sociales de origen marxista.


En un café adyacente a la Facultad de Sociología de la Universidad de Buenos Aires, en donde ejerce como docente, atendió la invitación del Observatorio Sociopolítico Latinoamericano WWW.CRONICON.NET para dialogar sobre la crisis capitalista y la actual coyuntura internacional.



LA INSUBORDINACIÓN SOCIAL REQUIERE DE UNA DIRECCIÓN REVOLUCIONARIA



- “El mundo hay que rehacerlo” ha señalado usted al referirse a lo que ha sido la herencia del capitalismo. ¿Es de esa magnitud la crisis capitalista que al mundo hay que hacerlo de nuevo?


- El mundo se puede rehacer sobre la base de lo heredado. Si la clase trabajadora llegara al poder partiría de lo que el mundo capitalista ha dado. El mundo capitalista genera las condiciones de posibilidad para una sociedad en la que el hombre se libere del trabajo alienado y pueda salir del reino de la necesidad hacia el reino de la libertad. Con el nivel de desarrollo técnico actual podría trabajarse tres o cuatro horas al día y el resto dedicarlo al ocio productivo, a adquirir los conocimientos de la cultura, de las artes, de la ciencia para toda la población, algo que el capitalismo lo impide. Es decir, esa contradicción entre la potencialidad que existe a partir de las condiciones materiales dadas y la traba para el desarrollo de esa potencialidad son las relaciones capitalistas de producción y la propiedad privada que debemos superar y para ello tenemos que intervenir. Lo que es imposible es que el capitalismo supere por sí mismo esa contradicción.


- Si bien el capitalismo ha causado una crisis civilizatoria, no se observa una alternativa para superarlo. ¿Hace falta para ello la consolidación de un sujeto histórico?


- Desde el punto de vista de la potencialidad ese sujeto existe y es la clase trabajadora. Desde el punto de vista de la transformación de la clase obrera en un sujeto político propio todavía estamos lejos. Creo que estamos en una época de contradicción en cuanto a la posibilidad de que la clase obrera derive en clase revolucionaria. Ahora, son las mismas condiciones de la crisis capitalista las que llevan a los trabajadores a la lucha y a pegar saltos en su evolución como sujeto político. Lo que debemos tener es una visión evolutiva, gradual, del cambio de tendencias en la clase obrera. Las formas son a veces abruptas, compulsivas y esas transformaciones del sujeto político no se dan automática o espontáneamente sino a partir de la existencia de una fuerza política de vanguardia que pueda dirigir a la clase obrera para llevarla a la conducción del poder.


- ¿En el caso de América Latina, el sujeto político lo encarna la clase obrera o los movimientos sociales?


- No, no, la clase obrera, siempre que la entendamos que no hay una distancia entre ésta y el resto de los oprimidos que luchan por una sociedad igualitaria. Lo que tiene la clase obrera es la centralidad dentro del modo de producción capitalista que continúa vigente y la posibilidad de articular a ese conjunto de sectores oprimidos y explotados en una lucha común para terminar con el dominio del capital. En algunos de los llamados movimientos sociales hay una estrategia de no cuestionar el capitalismo sino de pelear por demandas mínimas o de inclusión al sistema y lo que puede hacer la clase obrera es plantear una perspectiva que permita que en esos movimientos surjan sectores anticapitalistas para configurar una fuerte alianza social que posibilite llegar al poder.


- Hay analistas que sostienen que las guerras y las crisis económicas son las formas que el capitalismo tiene para reproducirse. ¿Está de acuerdo con esa apreciación?


- Esa es una realidad parcial en el sentido de que una cosa es señalarlo como un mecanismo del propio capital y otra es si la historia no estaría presente o ya estuviese escrita. Es decir, las crisis y las guerras abren muchos escenarios posibles. Abren también el escenario posible de la revolución. Una guerra puede ser una forma del capitalismo de reciclarse o puede ser su enterramiento, ambas cuestiones están abiertas, como decía Marx en el Manifiesto Comunista, la historia es la de la lucha de clases y el resultado de esta lucha es siempre abierto, entonces no creo que se pueda decir que una crisis, sobre todo de la magnitud como la que estamos viviendo, es simplemente un mecanismo del capital para reordenarse. Eso puede darse, pero también puede suceder lo contrario, que el resultado sean grandes revoluciones y que el sistema se supere.


- ¿Un proceso revolucionario, para el caso de América Latina, debe estar precedido de una serie de reformas o se puede llegar sin un escenario previo?


- Se puede llegar de una a la revolución, de hecho lo vimos con la revolución socialista cubana, una lucha que termina con el régimen de Fulgencio Batista y luego con la expropiación de los capitalistas. No veo porqué en otros países de América Latina esa dinámica no puede darse nuevamente. Ahora, la crisis y los procesos de insubordinación social para que culminen en una revolución requieren de una dirección revolucionaria, de lo contrario la energía de las masas es contenida o bloqueada para que se vaya en otra vía, impidiendo que este movimiento de protesta social cuestione al sistema y sirva, en cambio, para su propio reciclamiento.


- ¿Estarán dadas las condiciones objetivas y subjetivas para concretar una dirección revolucionaria?


- Según a lo que nos refiramos, yo creo que existe la necesidad de conformarla y que hay embriones o sectores que luchamos por una dirección revolucionaria, pero hay que tener en cuenta que no es igual el grado de maduración en todos los países. La situación objetiva en América Latina es que ahora estamos en una coyuntura en que la región ha sido favorecida por las condiciones de la crisis, un poco paradojalmente, el alza de los precios de las materias primas favorecieron los ingresos de todos los países exportadores y eso ha permitido atemperar las contradicciones. Esto, desde mi punto de vista, es frágil, coyuntural, no tiene perspectiva de largo aliento, porque con todos los elementos de la crisis capitalista se van a generar en el continente nuevos momentos de agudización de las contradicciones sociales y políticas.


- ¿Cómo caracteriza los procesos políticos de gobiernos progresistas en América Latina como Venezuela, Ecuador y Bolivia?


- Tienen un punto en común que es el hecho de haber surgido posteriormente a la crisis que golpeó fuertemente a finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI. Sin esa crisis creo que no se hubieran podido dar fenómenos políticos como éstos. De algún modo dieron lugar al debilitamiento de las condiciones de dominación imperialista en el continente, producto también de las múltiples rebeliones populares que hubo en nuestra región, además de Bolivia y Ecuador se dieron igualmente en Argentina. En Venezuela, el caso fue un poco más peculiar porque se dio con una suerte de aspectos como el “Caracazo” como irrupción de masas y el desmoronamiento del régimen que se fue pudriendo hasta que Hugo Chávez asume el poder y encarna un gobierno que es lo más parecido a los gobiernos nacionalistas-burgueses de la entreguerra como fueron el cardenismo en México, el peronismo en Argentina, el varguismo en Brasil, y el MNR boliviano. En el caso de Evo Morales si bien su irrupción se debe al protagonismo del movimiento campesino en Bolivia su proyecto no es ir hacia el socialismo, más allá de la frase socializante que pueda tener, sino como lo expresó el vicepresidente Álvaro García Linera, a un capitalismo andino como concepto más general, que no otorga a las masas populares aquellas demandas por las que lucharon como la emancipación social y el acceso a la tierra, sino que se limita a la garantía de los derechos políticos y culturales que en buena medida se han obtenido.


- ¿Y cómo definiría los gobiernos del Partido de los Trabajadores del Brasil con Lula da Silva y Dilma Rousseff, algo muy similar a los de los Kirchner en Argentina?


- Incluso diría un poco más a la derecha que los gobiernos de los Kirchner en la Argentina porque mantuvieron inalterable el poder del capital financiero que creció muchísimo durante la presidencia de Fernando Henrique Cardozo. En el caso argentino los Kirchner vinieron después de una situación caótica como la crisis orgánica de diciembre de 2001 en la que el poder burgués implosionó, se dio una subordinación de masas que obligo a dar concesiones al movimiento de masas, mientras que Lula en Brasil no tuvo que afrontar una circunstancia de esa magnitud y asumió en una situación de mayor paz y de contención social. En cuanto a las expectativas del gobierno de Dilma Rousseff, son las mismas que las de Lula en el sentido de que le garantiza a la burguesía brasileña la contención del movimiento de masas y un bajo nivel de lucha de clases. Lo real es que el Partido de los Trabajadores ha perdido el carácter anticapitalista, socialista, aún de impulsor de reformas profundas, simplemente lo que ha hecho es gerenciar el capitalismo brasilero, ejecutar planes asistencialistas y vehiculizar parte del ingreso del capital especulativo hacia el consumo a partir del crédito. La gran política del PT ha sido el endeudamiento de los hogares que hoy supera el 60% de sus ingresos, eso ha facilitado a ciertos sectores el acceso al consumo, generando una especia de burbuja que cuando se reviente va a causar una caída fuerte.


- ¿Cómo vislumbra la salida de la crisis internacional capitalista? ¿Con mayores conflictos o el mundo marcha hacia una transición?


- Creo que vamos a vivir tiempos de muchas convulsiones agudas, revoluciones, saltos bruscos, no veo como se pueda reequilibrar fácil, aún en la hipótesis de que se mantenga el estancamiento de la economía norteamericana ello implica una recesión en gran parte de los países del mundo. Hay muchos puntos débiles por los cuales la crisis puede pegar muchos saltos y vivir episodios tipo Lehman Brothers por distintas circunstancias. Mi pronóstico es que lo peor de la crisis aún no ha llegado, todavía los grandes enfrentamientos sociales que generan las situaciones desesperantes no los hemos visto, ahora las masas están sufriendo el costo del auxilio bancario y el agotamiento del ciclo de salvataje de los bancos transformado en endeudamiento de los Estados, ¿y a los Estados quién los va a rescatar? Yo creo que es una crisis que llegó para quedarse y hay que prepararse para un escenario de convulsiones, de surgimiento de movimientos de izquierda, y también de intentos de respuestas contrarrevolucionarias.


- ¿Y el panorama en ese sentido en América Latina?


- Creo que no hay una toma profunda de conciencia de la magnitud de esta crisis porque existe un convencimiento de que en América Latina no va a llegar. Es necesario prepararse para esos acontecimientos convulsivos, y porque no, revolucionarios. Existe una ilusión de que el periodo reformista que tuvo Latinoamérica se va mantener por más tiempo, sin embargo este no es un periodo fácil y tenemos que prepararnos a través de una salida anticapitalista clara porque ponerse a parchar el sistema no tiene ningún sentido, para lo cual se hace indispensable una inserción importante de la clase trabajadora, de la juventud, de los sectores más combativos para que asuman como propia la perspectiva anticapitalista.

martes 10 de enero de 2012

GLOBALIZACIÓN


ENTREVISTA CON LA FILÓSOFA ARGENTINA ISABEL RAUBER


“EL CAMBIO CIVILIZATORIO QUE REQUIERE LA HUMANIDAD NO ES SOLAMENTE ECONÓMICO SINO TAMBIÉN CULTURAL”


POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ



El principal reto que afronta la humanidad en los tiempos actuales ante la crisis multidimensional del capitalismo es la construcción de una nueva civilización a partir de la activa participación de las grandes masas populares, sostiene la filósofa argentina y educadora popular, Isabel Rauber.


No se trata de un cambio de sistema, explica, sino de un reto mucho más ambicioso que apunta a un cambio sustancial de modo de vida, lo que “requiere de la constante transformación de los sujetos de cambio” que se construyen “en las luchas y resistencias concretas no solo en el plano territorial local, sino también global”.


Si bien este proceso requiere de una larga transición, Rauber considera que “construir una civilización superadora de lo construido hasta ahora no es tarea de pocos ni de elegidos, requiere de la participación de la humanidad toda, al menos de la mayoría absoluta, y esto reclama de la sucesión concatenada de procesos histórico-concretos que vayan abriendo canales para la participación en dimensiones diversas, creando y acuñando, a la vez, nuevas prácticas de inter-relacionamiento humano en lo social, político, económico y cultural. En tal sentido, los actuales procesos de luchas sociales, y las experiencias de los gobiernos raizalmente transformadores, constituyen laboratorios del nuevo mundo que pueden ayudarnos a crecer colectivamente en saberes, si somos capaces de dar seguimiento y apropiarnos críticamente de las experiencias. Ellas constituyen, a la vez, por ello, fuentes de inspiración para la vida. Y la brújula está en el accionar-pensar constante de los movimientos”.


En diálogo con el Observatorio Sociopolítico Latinoamericano WWW.CRONICON.NET en la ciudad de Buenos Aires, esta científica social hace hincapié en el ímpetu del accionar que vienen protagonizando los movimientos sociales al despuntar el siglo XXI cuyo eje articulador es el de la lucha por la vida. “Tienen en claro que, -afirma- en su estadio actual, la continuidad de la lógica de producción y acumulación del capital amenaza a toda la humanidad. Y esta amenaza se resume y expresa en la contradicción antagónica vida-muerte, al tiempo que caracteriza el problema fundamental del tiempo actual, y resume y articula, además, nuevas contradicciones sociales”.


Rauber es doctora en Filosofía de la Universidad de La Habana, directora de la revista Pasado y Presente siglo XXI y coordinadora de la red de investigación del mismo nombre. Además, es Investigadora adjunta del Centro de Estudios sobre América, coordinadora del Laboratorio de Pensamiento Argentino del Centro Cultural Caras y Caretas de Buenos Aires, docente de la Universidad Nacional de Lanús, profesora adjunta de la Universidad de La Habana, miembro del Consejo Científico Asesor de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) e integrante del Foro del Tercer Mundo y del Foro Mundial de las Alternativas. También es investigadora de la UNESCO en temas de género, pobreza urbana y procesos de transformación social, así como asesora de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA). Se ha especializado en estudios de sociología política, análisis de coyuntura, memoria histórica, ensayos filosóficos y estudios antropológicos de movimientos sociales, barriales, sindicales, indígenas y de género. Ha publicado artículos, reseñas y más de dieciocho libros en Latinoamérica.


Es investigadora invitada del Centro de Estudios Tricontinental (Cetri) de Lovaina la Nueva, colabora con el Instituto de Estudios para el Desarrollo de Ginebra, y dirige el Programa de Formación Sociopolítica a Distancia (Profosd). Entre sus obras más recientes están: Dos pasos adelante, uno atrás. Lógicas de superación de la civilización regida por el capital (2010); Cayo Hueso, estampas del barrio (2010); Miradas desde abajo (2008); sujetos políticos (2006); Movimiento social y repercusiones políticas, articulaciones (2004).


Su vida académica y de investigación ha estado dedicada a sistematizar y conceptualizar las experiencias de los movimientos sociales e indígenas latinoamericanos en búsqueda y construcción de una civilización desde abajo.


LA HUMANIDAD REQUIERE DE HERRAMIENTAS CULTURALES


- En su libro “dos pasos adelante, uno atrás” usted sostiene que en esta crisis civilizatoria del capitalismo están dadas las condiciones para una transición que permita cambiar el sistema. ¿Esta crisis capitalista será la oportunidad para comenzar este proceso de transformación?


- Yo he dejado de hablar de cambio de sistema para plantear cambio civilizatorio. Podría pensarse que es lo mismo pero no lo es porque un cambio civilizatorio implica una transformación de las lógicas profundas que vienen dominando la civilización actual, y lo que aprendimos del socialismo del siglo XX fue el planteamiento de una alternativa superadora del capitalismo y ciertamente podemos decir que mal o bien lo logró en el sentido de que hubo varias revoluciones pero quedaron entrampadas en la lógica de la competencia económica del capitalismo. Se pensó que hacer la revolución pasaba por apropiarse de los medios de producción por parte del Estado, reduciendo el poder a las personificaciones institucionales, sin ver otras aristas, sin contemplar la hegemonía, simplemente teniendo una visión institucionalista y economicista del poder y eso automáticamente produciría la liberación humana. La historia no es así y lo que hubo fue un cambio de dueños que no modificó la lógica, por eso yo creo que el problema no es superar el capitalismo sino superar toda la civilización del capital, el desafío es mayor. Nosotros vivimos una civilización deshumanizada en el sentido de que promueve una alienación muy grande de los seres humanos porque somos cada vez más objetos de consumo. Cada vez vivimos menos para nosotros y mucho más para el mercado.


- Pero esto tocó fondo…


- No, nunca toca fondo, se profundiza cada vez más, esto no se termina espontáneamente. El ser humano está tan enajenado que se sigue autoflagelando para responder a la cuestiones que se consideran normales y no se piensa en los cómo y en los para qué. La humanidad no se va a dar cuenta de todo lo que está pasando: guerras, destrucción de la naturaleza, etc., porque para darse cuenta tendría que tener las herramientas culturales y no las tiene. Y aquellos que quieren cambiar el mundo en vez de estar simplemente en la calle deberían dedicarse a concientizar. Y no quiero decir que estar en la calle sea una pavada porque a veces hay que estar en ella, pero hay que avanzar en la concreción del pensamiento estratégico, en el sentido de Paulo Freire, no ir a meter conceptos sino tratar de razonar y discutir las realidades. El problema del mundo es la inexistencia de una humanidad consciente para lo cual tenemos que encontrar un nuevo modo de vida entre todos y todas, y eso no se logra por decreto sino que hay que construirlo, por eso la construcción del poder es desde abajo. Es decir, tenemos que cambiar el modo de producción y de reproducción y eso hay que pensarlo, hay que inventarlo, y es todo un caminar de muchos años. Pero además, la humanidad tiene que saber porqué lo hace para querer hacerlo.


- ¿Si bien el capitalismo no se va a caer sólo, una manera de reproducirse no son las propias crisis y las guerras que él mismo genera?


- Por supuesto que sí pero sobre todo porque la humanidad sigue los dictámenes del mercado. Lo que necesitamos es una superación real, histórica, civilizatoria, no necesitamos actos, requerimos construir un nuevo tipo de producción y reproducción que no es solamente económica sino que es también cultural, con la naturaleza y con los seres humanos. Implantar la solidaridad no se puede hacer con el mercado por lo que es preciso comenzar por despreciar el consumismo de manera autónoma y conscientemente, y ese es un proceso de muchos años.


- ¿Pero para ello no se requiere la irrupción de un nuevo sujeto político?


- El sujeto político se va construyendo. La primera persona que asume una actitud crítica ya está en el cambio civilizatorio, como es un proceso de varios años, quién puede decir en qué grado estamos. Toda la toma de conciencia que se está produciendo en cuanto al respeto por la naturaleza es parte de ese cambio, es una acumulación que de repente hace un estallido y la humanidad evoluciona. En todo este proceso ocurren los gobiernos populares, las revoluciones democráticas, todo es parte del mismo.


- ¿Hablando de la lucha político-ideológica en América Latina, el caso de la revolución cubana, constituye un elemento de cambio a la lógica capitalista?


- Yo creo que Cuba es la última revolución de la tipología del siglo XX. La revolución cubana desde el punto de vista de modelo paradigmático en América Latina es la primera y la última del siglo precedente, en el sentido de que pasa por la toma del poder, la estatización, que además después tiene que rever para poder enfrentar las condiciones actuales porque ya no se adapta al sistema-mundo. La revolución cubana se ve obligada a discutir sobre la realidad del mercado, el diálogo internacional y frente a la vorágine de contradicciones de la cual estuvo afuera durante el tiempo en que perteneció al bloque socialista. Ese periodo que fue maravilloso con todos los defectos que tuvo, yo lo experimenté y puedo dar fe de lo que es vivir sin las leyes del mercado y del dinero, es extraordinario, porque el diálogo entre las personas no está mediado por el interés. Tuve el privilegio histórico de haber vivido ese suspiro de la historia, lo voy a tener como anhelo siempre, porque así como vi las deficiencias, vi también la inyección de espiritualidad. Además, Cuba tiene muy metido adentro el tema de la liberación desde un punto de vista del ideario martiano (de José Martí), en el sentido de ser cultos para ser libres.


- ¿Coincide en que América Latina a excepción de algunos países centroamericanos, México y Colombia, está históricamente en su mejor momento político?


- Yo creo que sí porque como nunca antes consignas del pasado como la integración están plenamente vigentes. Creo que estamos en el sentido de lo que tenemos que hacer, cuestionando las lógicas del sistema, se están abriendo pistas, independientemente de si triunfaremos. Hay un tránsito hacia una racionalidad diferente y triunfaremos cuando el mundo sea diferente. No me inquieta en este proceso del caminar que estos gobiernos populares de América Latina se reelijan o no, lo que me interesa es si apuntalan y fortalecen el sujeto colectivo y puedo decir que todos lo están haciendo. En ese sentido la revolución cubana ha tenido siempre claro la participación del sujeto, una participación sui generis porque está organizada de forma vertical pero que de todas maneras se ha dado el tiempo para escuchar las opiniones del pueblo y por eso ahí está Cuba.


- ¿Los movimientos sociales en América Latina han sido papel predominante en el ascenso de gobiernos populares?


- Yo creo que los movimientos sociales han tenido un papel fundamental en las luchas contra el neoliberalismo, que son las luchas contra el sistema que hay, son las resistencias por la vida. Estos últimos treinta años tienen que ver con la constitución de la nueva mentalidad de los movimientos sociales, poniendo énfasis en la defensa de la vida no por el cese de la explotación como ocurría en los años 70. Por supuesto que en la lucha por la defensa de la vida está el cese de la explotación, eso les da una nueva tónica muy fuerte a los movimientos y un entronque político muy serio que los partidos políticos no logran cambiar ni entender porque sigue aferrados a que el problema es el pulso electoral, qué representan, o hacer la revolución como una tarea partidaria, cuando eso ya fue. En cambio los movimientos sociales crecieron y maduraron con otra lógica y aprendieron que la vida se defiende en todos los ámbitos y esa defensa es el primer y último acto político de la historia, mientras que los partidos no comprenden eso, y con su mentalidad muy estrecha consideran que el objetivo es la militancia en sus filas. Por ello se puede afirmar que los movimientos abonaron el camino de la llegada de los gobiernos populares porque fueron protagonistas de resistencias y luchas de los pueblos. Después hay diferencias en los procesos con ritmos, historias y disputas distintas, como ocurre por ejemplo con los casos de Ecuador y Bolivia. Mientras haya tensiones en estos procesos políticos implica que hay diálogo, que hay debate.


- Efectivamente, en los casos de Bolivia y Ecuador hay una permanente tensión y hasta rupturas entre los gobiernos de Morales y Correa con los movimientos indígenas y sociales…


- Sí, es que la constitución del sujeto es permanente, es parte del caminar, por ello es importante tener presente que el haber constituido gobierno reclama como nunca antes seguir en la disputa de la construcción social, cultural, económica y política de lo nuevo, incluyendo a los actores en el proceso de cambio y transformación que es y será siempre, a la vez y en primer lugar, un proceso de transformación. La instalación de un gobierno popular supone la conformación de nuevas interrelaciones sociales y el surgimiento de nuevas contradicciones, conflictividades, afinidades e interacciones de fuerzas e intereses sociales, económicos, culturales y políticos acorde con la nueva realidad política e institucional, de conjunto, estas configuran un nuevo mapa sociopolítico que define nuevas tareas y desafíos a los actores sociales, ahora claramente confrontados en su matriz política o sociopolítica.


- Usted ha señalado que la izquierda requiere de una autotransformación igual a la ocurrida en la Iglesia Católica con el Concilio Vaticano II. ¿Hacia dónde debe apuntar esa transformación de la izquierda?


- Esto implica una mentalidad muy abierta, un construir en medio de la coyuntura, porque el sujeto no solo se construye en el acontecimiento, hay que meterse dentro del sujeto, y el político o el intelectual se ubica afuera, hay que estar atentos a sus contradicciones y a sus cambios. Y por eso es que la izquierda necesita un Concilio Vaticano II para darse cuenta de que es el pueblo el que hace los cambios y no los mil o diez mil militantes que están en los partidos, que es fundamental trabajar con la gente, desde la gente y para la gente. Hay que abrir las puertas, hay que salir de la cripta partidaria y habrá que ver cuáles son las formas nuevas, y si uno se dispone a escuchar entre todos se puede construir una conducción colectiva. Es indispensable quitarse las anteojeras instaladas sistemáticamente por el capital, romper con las fragmentaciones de las realidades y conciencias. Para que el humanismo tenga posibilidades de triunfar sobre la barbarie hay que dar la batalla de construir una nueva conciencia colectiva diferente a la acuñada por el capitalismo y en eso la izquierda puede aportar si cambia la concepción y la acción política, poniendo fin a su distanciamiento jerarquizado sustituyéndolo por el diálogo permanente, el aprendizaje mutuo, la horizontalidad en las decisiones y el control popular.

MANIPULACIÓN MEDIÁTICA


ENTREVISTA CON EL COMUNICÓLOGO BRASILEÑO DÊNIS DE MORAES


“EN AMÉRICA LATINA SE ESTÁ DANDO UNA REACCIÓN DE LOS PUEBLOS CONTRA LA CONCENTRACIÓN Y MANIPULACIÓN MEDIÁTICAS”


POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ


Los desafíos de la democratización de la comunicación pública en América Latina pasan porque en los países de la región se viabilice una legislación que garantice en forma efectiva una distribución equitativa en tres instancias: “El Estado (para asegurar un servicio público de calidad y diversificado); el sector privado (con fines de lucro y responsabilidades sociales bastante definidas); y la sociedad civil (movimientos sociales, comunitarios y étnicos, universidades, asociaciones profesionales, productores independientes, etc.)”. Esa es una de las conclusiones del libro La cruzada de los medios en América Latina. Gobiernos progresistas y políticas de comunicación (Paidós 2011), del investigador brasileño, Dênis de Moraes.


En esta investigación bibliográfica De Moraes analiza los puntos comunes de los procesos políticos en la lucha por democratizar el acceso a la comunicación que han impulsado varios gobiernos en la región.


Examina los contenidos y alcances de las leyes antimonopolio aprobadas en los últimos años que restringen la concentración especialmente de emisoras de radio y canales de televisión y abren la puerta a la participación de medios alternativos y comunitarios.


Al mismo tiempo, el libro del investigador brasileño muestra cómo han sido las innumerables presiones de los conglomerados mediáticos en defensa de sus privilegiados intereses para evitar la aprobación de estas leyes antimonopolio, aludiendo en forma descarada a que las mismas coartan la libertad de prensa.


La lectura de este libro permite conocer cómo han sido los procesos en varios países latinoamericanos cuyos gobiernos de izquierda le han puesto freno al abuso de las empresas de la denominada “gran prensa” que pretende seguir embaucando a las sociedades con su discurso ultraconservador mediante la perpetuación de sus lucrativos “latifundios mediáticos”.


Aprovechando la presentación que recientemente se hizo en Buenos Aires de este interesante trabajo investigativo en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, el Observatorio Sociopolítico Latinoamericano WWW.CRONICON.NET, entrevistó a su autor, Dênis de Moraes, quien destacó el avance que han logrado países como Argentina, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Uruguay en sus respectivas legislaciones para obtener mayor ecuanimidad en el acceso y manejo comunicacional.


Mientras “La comunicación en la ley argentina es considerada derecho humano”, en otros países como Brasil y Colombia el sistema de acceso a medios de comunicación es de lo más anacrónico de la región porque estos países están sometidos a un esquema monopólico, señala De Moraes.


Respecto del uso de las denominadas nuevas tecnologías como Internet, este científico social opina que si bien existe la posibilidad de que los sectores populares accedan a ellas, lo cierto es que “son las clases privilegiadas y el capital dominante quienes absorben las mayores ventajas de la cultura digital”. En ese sentido aboga por la implantación de otras lógicas de comunicación no comerciales e insiste en el papel predominante que debe jugar el Estado en la información pública.


Dênis de Moraes es doctor en Comunicación y Cultura de la Universidad Federal de Río de Janeiro y cuenta con un posdoctorado obtenido en CLACSO Argentina, se desempeña como profesor de la Universidad Federal Fluminense e investigador del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico del Estado de Río de Janeiro. Autor de varios libros y ensayos, en 2009 obtuvo el Premio Científico otorgado por el Estado de Rio de Janeiro y en 2010 recibió el Premio Internacional de Ensayo “Pensar a contracorriente”, concedido por el Ministerio de Cultura de Cuba.


MONOPOLIOS MEDIÁTICOS CONFUNDEN LIBERTAD DE PRENSA CON LIBERTAD DE EMPRESA


- Usted ha señalado que los grandes monopolios mediáticos en América Latina no tienen autoridad moral para hablar de libertad de prensa. ¿Por qué?


- Porque la mayoría de los grandes grupos mediáticos actúan de una manera tal que está dirigida a controlar tanto los contenidos como la opinión con criterios de políticas editoriales que excluyen al contradictor, invisibilizan las posturas críticas y las visiones alternativas, entonces con qué autoridad se presentan en la escena pública para defender la libertad de expresión que no practican en sus propios medios. Lo que ocurre es que las grandes corporaciones confunden libertad de prensa con libertad de empresa. Además, hay un exceso de crítica de los gobiernos progresistas porque están dando una batalla contra esos grupos y sus intereses corporativos, en defensa de la diversidad informativa y cultural con diferentes grados en cada país latinoamericano.


- Sin embargo en varios países de América Latina las grandes audiencias populares ya no les creen a esos monopolios de la desinformación y por eso en buena medida se han consolidado gobiernos progresistas en la región. ¿Cómo analiza ese fenómeno?


- Creo que esto es una cuestión crucial y se trata de entender de una vez por todas que los medios no tienen el poder de definir las opciones y preferencias todo el tiempo y en toda parte. Esta es una mistificación, es una especie de pretensión neurótica de que un sector que expresa los intereses particulares y privados tiene poder para determinar las aspiraciones de toda la sociedad. Creo que hay efectivamente una reacción de los pueblos latinoamericanos no solamente contra los grandes medios y su manipulación sino también contra el modelo neoliberal y sus nefastas consecuencias sociales. Me parece que este momento es muy importante para la democratización de la comunicación que es la libre manifestación del pensamiento. En varios países latinoamericanos pudimos comprobar que el control de la opinión pública que los medios intentan mantener y profundizar no se sostiene de la misma forma como en décadas pasadas. Hay un cuestionamiento más claro, más acentuado de sectores de la sociedad civil con respecto a las “verdades” entre comillas que son transmitidas por los medios. Si bien hay un monopolio cerrado de medios, una concentración dramática de tecnologías, de plataformas y de soportes comunicacionales, también hay una desconcentración de opinión, hay más conflictos que se expresan en la sociedad fuera de los controles y las tentativas de control de los grupos mediáticos.


- ¿Se les cayo el discurso a los oligopolios mediáticos de la falsa independencia y neutralidad que nunca han tenido?


- Sí, porque los medios siempre intentaron convencer a la sociedad de que eran productores de la voluntad general; que eran neutrales y que tienen como misión reflexionar sobre los intereses colectivos. Todo ello contradice la verdad porque los medios son de origen empresarial, privados y, casi todos, pertenecientes a grupos económicos muy poderosos. La construcción del consenso en torno a valores, mentalidades y visiones de mundo, siempre se asoció a todo lo que aparecía en los diarios, en las pantallas de televisión y demás. Y para la opinión pública esto no merecía la más mínima discusión.


- En su último libro “La Cruzada de los medios en América Latina”, usted hace un análisis sobre la lucha de los gobiernos progresistas para democratizar la comunicación pública. ¿Qué destacaría como elementos en común de esta lucha en la región?


- La disputa por el tema de la comunicación en América Latina no surgió de manera espontánea. En las dos últimas décadas en varios países de la región hubo reacciones, protestas y marchas contra la herencia nefasta del neoliberalismo por su impacto negativo para la sociedad. En Argentina, Venezuela, México, Ecuador, Bolivia, los movimientos sociales y comunitarios se organizaron para enfrentar este modelo económico. En este contexto, los movimientos del área de la comunicación se agregaron a ese clamor colectivo e incluyeron en las agendas de las luchas sociales el derecho a la comunicación y la necesidad crucial de la democratización de la información y de la difusión cultural. En consecuencia, la inclusión de la democratización de la comunicación en los planes políticos de los gobiernos progresistas ha sido una consecuencia de las movilizaciones, de las reivindicaciones y de las presiones. Actualmente, la mayor novedad es la adhesión de los gobiernos a la causa de la democratización de los medios, que pasa en primer lugar por cambios en las leyes del marco regulatorio que disciplinan los campos de la comunicación ya que tradicionalmente las leyes de las dictaduras militares latinoamericanas favorecían a los grupos empresariales de medios, los cuales constituyen avances relevantes en las perspectivas de los Estados.


- ¿Qué avances se ha logrado, por ejemplo, con la nueva legislación que han optado varios países latinoamericanos?


- Ante todo hay que señalar que gracias a la nueva legislación impulsada por los gobiernos progresistas de Latinoamérica la comunicación ingresó en las agendas públicas de una manera mucho más protagónica. Por ejemplo, la Ley de Medios en Argentina y la Ley de Radiodifusión Comunitaria en Uruguay son consideradas por el Comité Mundial para la Libertad de Expresión de la Unesco, como las dos legislaciones más importantes del mundo. Uruguay en el plano de la radiodifusión comunitaria y la ley de Medios de Argentina como un marco regulatorio avanzado, democrático, rompe con la cadena de sumisión del campo de la comunicación a los intereses privados, que son por definición intereses particulares y, por lo tanto, excluyentes.


- ¿Cuál es su opinión de Internet? ¿Es una herramienta de democratización comunicacional o no?


- Es una herramienta fundamental para descentralizar y exteriorizar la expresión, la creación y la difusión. Pero creo que no puede ser entendida como la única herramienta para democratizar los medios. Internet es un ecosistema descentralizado interactivo en virtud del cual las tecnologías de comunicación permiten que las personas se transformen en emisores y receptores al mismo tiempo, sin intermediaciones y controles de los medios. En ese sentido los movimientos sociales y comunitarios encuentran en Internet un vehículo muy propicio para transmitir sus reivindicaciones y aspiraciones.

miércoles 21 de diciembre de 2011

ARGENTINA


ENTREVISTA CON EL SOCIÓLOGO ARGENTINO HORACIO GONZÁLEZ


MODELO ECONÓMICO IMPULSADO POR CRISTINA DE KIRCHNER BUSCA CONTRAPONER EROSIÓN QUE PRODUJO EL NEOLIBERALISMO EN ARGENTINA



POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ



Con el claro propósito de profundizar el modelo económico iniciado en 2003 por el entonces presidente Néstor Kirchner, cuyo fundamento es doblar la terrible página de los inmensos costos sociales e institucionales que generó el neoliberalismo en Argentina durante los gobiernos de la dictadura y de los mandatarios Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde, el pasado 10 de diciembre reasumió para un nuevo cuatrienio en la Casa Rosada, la mandataria Cristina Fernández de Kirchner.


Para ahondar sobre los alcances socioeconómicos y políticos del modelo kirchnerista, el Observatorio Sociopolítico Latinoamericano WWW.CRONICON.NET, entrevistó en Buenos Aires al sociólogo, docente universitario y ensayista, Horacio González.


Considerado como un agudo analista de la realidad argentina y latinoamericana, González es actualmente el director de la Biblioteca Nacional e integra Espacio Carta Abierta que reúne a intelectuales simpatizantes del gobierno de Fernández de Kirchner.


MODELO PARA HACE MÁS PRECISA LA VÍA REFORMISTA



- En esta última etapa política de Argentina ha sido muy común hablar del propósito del nuevo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner de “profundizar el modelo”. ¿Qué alcance tiene esta expresión?


- En primer lugar es una frase optimista de este gobierno que ha tenido éxito electoral reiterado y que la utiliza para trazar sus metas futuras. La idea de profundización proviene de las izquierdas, de la socialdemocracia, de los procesos democráticos en general, es una metáfora en relación a hacer más preciso aún la vía reformista. Dicho en términos más específicos, cuando se habla de modelo en Argentina se alude a una fuerte intervención estatal en la vida económica del país, equilibrando lo que en los años pasados fue la erosión que produjo el neoliberalismo en las empresas públicas debido a que prácticamente desmanteló el sistema industrial, afectando muy negativamente la mediana y pequeña empresa. En ese sentido, la idea del modelo supone una política exportadora e industrial, fortalecimiento del mercado interno y, al mismo tiempo, una fuerte apuesta científico-tecnológica para abrir al país a la corriente mundial de la economía. Ese es un poco la ambigüedad que tiene la idea del modelo. Ambigüedad necesaria e interesante también: fuerte apertura internacional en lo científico-tecnológico y restricción desde el punto de vista de custodia de los procesos específicos del mercado interno y eso sin intervención del Estado no se puede hacer. En los últimos tiempos la Nación se ha hecho cargo de empresas que fueron privatizadas como Aerolíneas Argentinas y la petrolera YPF, así como pasaron al control estatal los fondos de pensiones, son todos movimientos de construcción de un espacio público más que estatal que forman parte de lo se llama el modelo. No es que a mí me guste especialmente esa expresión, pero cierra un poco la idea de lo que ambiciona hacer un gobierno reformista que seguirá este trazado de las acciones de construcción de espacio colectivo en lo político.


- ¿En materia cultural que es su área, que aportes hace el modelo político y económico que impulsa el gobierno kirchnerista?


- Dentro de este modelo yo postulo un énfasis en lo científico-tecnológico industrialista acompañado de fuertes políticas culturales que tengan en cuenta la inclusión social, pero al mismo tiempo tiene en cuenta la alta cultura, el lenguaje público, el lenguaje íntimo, que toma la cuestión de la lengua social como aspecto primigenio y relevante.


- ¿Qué destacaría en cuanto al desmonte del “pensamiento único” en Argentina?


- Todo lo que ha hecho este gobierno es desmontar las piezas del pensamiento único tal como aparecía en los años 90: el Consenso de Washington y todo lo que implicó el arrasar con la fuerza pública del Estado. Este gobierno lo que ha hecho es apartarse claramente de ello en consonancia con otros gobiernos de Latinoamérica en el sentido de la creación de Unasur que es un gran logro de Néstor Kirchner, quien fue uno de los primeros en impulsarla; el apoyo decidido a Mercosur que se mantiene como una fuerza constructiva colectiva, al mismo tiempo las reuniones que se hicieron en Argentina que permitieron hacer fuertes acuerdos con Ecuador, Bolivia, Venezuela, y generar también grandes unidades en la diversidad al hacer una apertura con los gobiernos de Chile y Colombia con los cuales no concuerda ideológicamente, lo que revela lucidez y realismo. Este gobierno ha enfatizado una Unasur más ligada a las experiencias renovadoras como la de Lula y la de Chávez pero con visión inclusiva y estratégica, capaz de crear grandes unidades aún en la diversidad.


- ¿En materia de política públicas respecto de cultura popular que destacaría de este gobierno?


- Destacaría algo que puede no tener directamente que ver con cultura popular sino con la economía de la cultura. Durante los dos últimos gobiernos es el periodo en que ha habido mayor inversión en la cultura de Argentina. Está lleno el país de construcciones culturales en la Universidad y también en los centros de todo tipo. Para destacar está el Museo del Libro y de la Lengua así como la puesta en marcha de una serie de museos. Hay que señalar que la inversión no es la única dimensión de una política cultural, por lo que ahora el debate que viene en estos cuatro años de gobierno es la posibilidad de anudar de una manera más imaginativa las corrientes de vanguardia de la cultura con las corrientes populares que deben retroalimentarse mutuamente.


- Usted ha hablado del reto que tiene la Argentina de la unidad nacional. ¿Cómo entiende usted este concepto de unidad nacional?


- Lo tengo como un concepto que tiene sus problemas por eso parto de la política como conflicto, del reconocimiento de las fisuras que tiene la sociedad y el modo de hacer creativa la construcción de consensos. No consenso en abstracto sino uno que surja de la lógica creativa del conflicto. Por eso la noción de unidad nacional debe acompañarse con el hecho de no considerar lo abstracto, es decir, una imposición del Estado, un proceso por encima de las clases sociales, un intento de sabotear el conflicto, en ese sentido creo que la proposición de unidad nacional que hace el gobierno está ligada a una sociedad dinámica que está en conflicto y en antagonismo permanente.


- ¿Desde esa óptica usted también ve el panorama de Américas Latina en un conflicto permanente?


- Sí, la sociedad democrática se funda en el conflicto y no a la inversa, es decir, la forma democrática no es una proposición consensual inerte que expulsa el conflicto, por el contrario bebe del conflicto permanente para ver sus metas creativas y para crear horizontes de conjunción y de trabajo en común de muchas fuerzas sociales. Pero este horizonte en común no significa sino versiones más imaginativas del conflicto.

INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA


AMÉRICA LATINA Y SU EMPEÑO POR CONSOLIDAR UN POLO DE PODER REGIONAL


POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ
Especial para Revista Topos



En medio de la crisis civilizatoria o multidimensional que enfrenta el mundo a causa de los efectos perniciosos del capitalismo y su última fase (una de las más predatorias) el neoliberalismo, América Latina se constituye prácticamente que en la única región que está sorteando más bien que mal la debacle económica planetaria, y de alguna manera, apunta no obstante las infaltables dificultades y contradicciones sociopolíticas, hacia mejores niveles de desarrollo humano.


En efecto, en contraste con las profundas crisis económicas de Europa y Estados Unidos, los países latinoamericanos en su gran mayoría están rompiendo con los dogmas neoliberales y apuestan por una integración que vaya más allá del mero interés comercial y se sustente en la solidaridad política que permita consolidar cauces de cooperación en diversos ámbitos institucionales para alcanzar un óptimo Estado de Bienestar. Al fin y al cabo América Latina es la región con mayor desigualdad socioeconómica del mundo.


Por ello los gobiernos de América del Sur trabajan en la consolidación de un escenario como la Unión de Naciones del Sur (UNASUR) para poner en marcha mecanismos de desarrollo y defensa de la región. Simultáneamente, varios gobiernos progresistas del continente gracias al impulso de Venezuela han hecho realidad la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la cual no es una zona de libre comercio, sino un espacio político y económico organizado, basado en la solidaridad y la complementariedad que tiene en cuenta las asimetrías.


Los pueblos del hemisferio han entendido que para salir de “la larga y oscura noche neoliberal” de la que habla el presidente ecuatoriano Rafael Correa, y que tanto dolor humano ha causado a millones de latinoamericanos, la región debe circunscribir su política de relaciones internacionales en la cooperación y no en la competencia.
Un despertar social y político


Para lograr el cambio de paradigma económico y posibilitar la elección de gobiernos de tinte progresista que han jalonado este proceso de integración regional y ejecución de políticas públicas de desarrollo social, muchas de ellas consideradas asistencialistas, Latinoamérica debió soportar los embates de las medidas de ajuste y saqueo que impuso el funesto modelo neoliberal. Estas fórmulas de pillaje y de desconocimiento de las conquistas sociales inspiradas en el llamado Consenso de Washington que muy poco tuvo de consenso y mucho de Washington, generaron el despertar de los pueblos que a través de su organización en movimientos sociales y en la movilización pública lograron convertirse en sujetos de cambio que posibilitaron llevar al poder a líderes con vocación de cambio cuyo propósito al llegar a los gobiernos ha sido la lucha contra la pobreza, el desempleo, la exclusión, garantizando el acceso gratuito y universal a la educación y la salud. Es decir, hacer efectivo y real el rol del Estado de garantizar los derechos fundamentales.

La CELAC: ser o no ser


La búsqueda de autonomía, pero sobre todo, la integración política y la colaboración efectiva de la región, constituye “el ser o no ser” de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CELAC), dijo el presidente de Uruguay, Pepe Mujica, durante el acto de creación de este organismo que busca reemplazar a la desgastada y desprestigiada Organización de Estados Americanos (OEA).


La Cumbre de la CELAC realizada en Caracas entre el 2 y 3 de diciembre sin la presencia incómoda de Estados Unidos y Canadá es otro paso más en la ruta por solidificar políticamente a la región. Este nuevo organismo de integración latinoamericana buscará concretar en el corto plazo un fondo común de reservas para enfrentar las turbulencias financieras y la creación de un organismo de derechos humanos alternativo al de la OEA.


Hacia un polo de poder


América Latina avanza paulatinamente hacia su propio destino como región no obstante ser un continente muy disímil, heterogéneo, lleno de diversidades de todo género: étnicas, geográficas, costumbristas, históricas. En medio de esa diversidad y de los elementos comunes como el idioma y las similitudes culturales que son decisivos en un proceso de integración, la sociedad latinoamericana está llegando a cierto grado de madurez política que le ha permitido comprender a cabalidad las circunstancias de la globalización en el sentido de entenderla como una muy hábil estrategia de los países desarrollados para cautivar los mercados del planeta. Tras las fracasadas recetas económicas del Consenso de Washington que solo han beneficiado al capital financiero especulativo transnacional en perjuicio de los intereses locales, la dirigencia latinoamericana de postura progresista terminó dándose cuenta, por fin, de que la dinámica del capitalismo salvaje que eufemísticamente lo denominan “globalización”, obliga a concretar sinergias, por lo cual América del Sur se encuentra en pleno proceso de estructurar un bloque común, en medio de las diferencias, para defender intereses compartidos en el ámbito internacional.


Para algunos analistas en geoestrategia internacional como el mexicano Alfredo Jalife-Rahme, América del Sur en ese sentido ya cuenta con un proyecto y se encamina a constituirse en un polo de poder.


Jalife-Rahme se refiere a América del Sur por cuanto que México y Centroamérica siguen siendo parte consustancial de la órbita política, militar y económica de Estados Unidos.


Nueva arquitectura financiera regional


Ese renovado espíritu integracionista de los gobiernos de América del Sur expuesto en diversas reuniones presidenciales se ha logrado concretar tanto en la creación de UNSAUR como en el fortalecimiento de instancias comerciales como MERCOSUR.


Las buenas intenciones de los jefes de Estado no solo se han quedado en retórica como en el pasado, sino que en medio de las normales limitaciones de un proceso de integración ambicioso, se avanza en la concreción de una propuesta para generar una nueva arquitectura financiera regional.


Los pilares básicos de esta propuesta que le dará sustento práctico a UNASUR se pueden sintetizar así, en palabras del representante del gobierno ecuatoriano Pedro Páez Pérez, quien en los últimos años ha venido trabajando para cristalizar este empeño integracionista:


• Una banca de desarrollo de nuevo tipo, como la iniciativa del Banco del Sur, con un conjunto de nuevas prioridades en materia de alimentación, energía, cuidado de la salud, ciencia y tecnología, conectividad física, financiamiento de la economía popular y nuevas prácticas bancarias.


• Una banca central alternativa, comenzando por la conexión directa, en red regional, de los bancos centrales, enlazados a sistemas de compensación de pagos, mercados virtuales de liquidez, sistemas multilaterales de créditos recíprocos, facilidades de emergencia de balanza de pagos, caja fiscal, y un fondo común de reservas regional.


• Desarrollo de un espacio monetario común, incluyendo la emisión de Derechos Especiales de Giro (DEG) regionales en el marco de convenios de compensación de pagos como la experiencia del SUCRE dentro de la Alianza Bolivariana para los Pueblos (ALBA).


• Bloquear la restauración del poder de chantaje de la vieja arquitectura financiera, pues el FMI ha dado más créditos desde la explosión de la crisis que en toda la década previa, y espera aún mayores aportes.


• Crear espacios para la política fiscal. La Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), por ejemplo, ha sugerido una moratoria inmediata de la deuda externa que debe ser combinada con la generalización de procesos de auditoría que podrían aprender críticamente de la experiencia ecuatoriana articulándose a la formación de un Tribunal Internacional de Arbitraje.


• Bloquear con medidas efectivas la ofensiva de los especuladores a nivel mundial.


• Para evitar retaliaciones políticas y sabotajes económicos a los procesos democráticos, es necesario impulsar una definición pronta y universal de controles de capitales y un impuesto a través de la denominada Tasa Tobin.


El liderazgo de Brasil y Argentina


El mapa político de Latinoamérica permite observar con claridad los avances o retrocesos del proceso de cambio que se viene dando en buena parte del hemisferio.


Brasil y Argentina, los países líderes de Suramérica, son las economías de mostrar. Ambas naciones que hacen parte del G-20, es decir, el grupo de países con las economías más fuertes del mundo, evolucionan en un modelo de mejoría social e industrialización que les ha posibilitado reducir la pobreza, mejorar los índices de desarrollo humano y configurarse como los impulsores de la integración regional.


Brasil por sus condiciones geoestratégicas y económicas juega como polo en América del Sur, hace parte del grupo de países conocido como BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) que está en pleno ascenso, y apuesta a consolidar el proceso de regionalización porque de él depende solidificar su influencia.


El rol de los gobiernos de izquierda


Los gobiernos de Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, y Evo Morales en Bolivia, se caracterizan por sus posturas de izquierda en el sentido de proclamar un socialismo para el siglo XXI y ser críticos de los efectos negativos del capitalismo en el desarrollo de la sociedad.


Estos gobiernos ostentan un gran respaldo popular y coinciden en haber logrado revertir la negativa realidad social de sus pueblos mediante la ejecución de políticas que han mejorado sustancialmente la situación de los sectores más vulnerables de la sociedad.


Mientras Chávez tiene como caballito de batalla un discurso antiestadounidense que le ha traído las simpatías de amplios sectores sociales y políticos tanto nacionales como internacionales y el desprecio de las oligarquías venezolana y latinoamericanas, Correa y Morales deben hacerle frente no solo a sus adversarios de la derecha sino a sectores de izquierda que los cuestionan y que intentan sin éxito organizarse para restarles sustento popular.


Los tres mandatarios tienen en común que su popularidad ronda el 60% y por lo tanto esa legitimidad les permite seguir adelante con sus reformas sociales y antimonopólicas.


¿Hacia dónde va Perú?


Tras la pesada herencia de los gobiernos neoliberales de Alejandro Toledo (2001-2006) y Alan García (2006-2011), quienes erigieron toda una arquitectura para favorecer el modelo de libre comercio entre Perú y Estados Unidos fundamentalmente, el presidente Ollanta Humala en sus primeros cien días ha dado tímidas muestras de querer avanzar hacia una política de contenido social.


En medio de los poderes fácticos de la derecha peruana, Humala se ha atrevido en este breve lapso de gobierno a aumentar el salario mínimo, incrementar los presupuestos de educación y salud y poner en marcha varias políticas sociales. Sin embargo tiene como limitante que el modelo económico está sustentado en el extractivismo mediante la explotación de los recursos minero-energéticos.


El gobierno del mandatario peruano es una mixtura política del que hacen parte sectores tanto de la derecha como de izquierda y lo complicado es que su propósito es el de quedar bien con todo el mundo, lo cual puede terminar favoreciendo más los intereses del gran capital y los mercados que respondiendo a las ingentes demandas sociales.


Chile y Colombia: representantes de la derecha hirsuta


Finalmente, en el espectro político de Suramérica aparece lo más hirsuto de la derecha representado por los gobiernos conservadores de Sebastián Piñera de Chile y Juan Manuel Santos de Colombia, caracterizados por su apego irrestricto tanto a los dictados de Washington como a los principios fundantes del malhadado modelo neoliberal.


Tanto el heredero de Pinochet como del cuestionado expresidente colombiano Álvaro Uribe coinciden en ser agentes oficiosos del capital transnacional y como tales no tienen prejuicio alguno pare entregar el patrimonio nacional a los grandes saqueadores que en términos neoliberales se conoce como “socios estratégicos” o “inversionistas extranjeros”, a quienes según su credo hay que darles todas las garantías de seguridad para el éxito de sus colocaciones financieras y empresariales.


Piñera y Santos, coinciden además en que, a diferencia del resto de gobernantes de América Latina, consideran a la educación no como un derecho sino como un negocio que debe manejarlo el sector privado. Ambos se enfrentan a sendas protestas y movilizaciones estudiantiles de gran aliento. El mandatario neopinochetista sigue adelante con su neoliberal propósito, mientras que el colombiano, más astuto en el manejo político, vio pasos de animal grande y temeroso de las consecuencias de la explosión social y del paro estudiantil en todo el país, se vio obligado a desistir de continuar con su desventurada reforma a la educación universitaria.


Para ambos mandatarios conservadores la “inversión extranjera” es fundamental para el desarrollo de sus pueblos y qué mejor entonces que entregar en manos de las transnacionales los recursos minero-energéticos para su explotación. Piñera busca denodadamente entregar un recurso estratégico para Chile como es el cobre mediante la privatización de Codelco, la corporación estatal dedicada a la exploración y explotación de este importante mineral. Santos, por su parte, fomenta la explotación de las transnacionales de minas de oro a cielo abierto, continuando con la política extractiva que dejó su mentor, el expresidente Uribe Vélez, cuyo gobierno otorgó 8750 títulos mineros que prácticamente equivalen a la mitad del territorio colombiano.


Chile y Colombia como Centroamérica han unido su destino al de Estados Unidos, país con el cual tienen tratados de libre comercio y son además sus satélites en el hemisferio en lo militar.


México y Centroamérica muy cerca del Tío Sam


La región centroamericana, es decir la franja que geográficamente va desde Panamá hasta México depende económica, comercial y militarmente de Washington. Su dependencia se refleja en los dos últimos años en su lento crecimiento dada la crisis norteamericana y su panorama de seguridad es desolador. El narcotráfico, la criminalidad, la violencia en sus diversas expresiones y la corrupción permean los diversos actores de prácticamente todos los países centroamericanos, lo cual amenaza la estabilidad política e institucional de esta región.


Este ambiente enrarecido sumado al accionar de los carteles del narcotráfico de México hace que Centroamérica sea la zona de mayor tensión en el hemisferio. Políticamente la situación también es conflictiva. Si bien Nicaragua y El Salvador cuentan con gobiernos de tinte progresista sus pequeñas y débiles economías son dependientes de Washington.


Los gobiernos conservadores de Panamá, Costa Rica, Honduras y Guatemala, en donde se eligió como mandatario a un militar represor como Otto Pérez Molina, mantienen el statu quo y obedecen instrucciones del Comando Sur estadounidense en materia de seguridad nacional.


Guerra asimétrica financiera


No obstante la adhesión y su complejo de dependencia a Estados Unidos de Centroamérica y de países andinos como Chile y Colombia, Washington ha perdido influencia en las últimos dos décadas particularmente en América del Sur. En 2005 a instancias de los mandatarios de Brasil y Argentina, Luiz Inácio Lula da Silva y Néstor Kirchner el hemisferio le dijo no al ALCA (Acuerdo de Libre Comercio de las Américas) en la propia cara del tristemente-célebre George W. Bush, durante la Cumbre de las Américas de Mar del Plata. Y ahora, Argentina y Venezuela prácticamente le declaran a la Casa Blanca una guerra asimétrica financiera.


Desde la Casa Rosada en Buenos Aires se está desconociendo el orden financiero anglosajón y por si fuera poco, Argentina y Brasil pusieron en marcha los denominados swaps (permutas financieras) para evitar utilizar el dólar.


Entre tanto, desde el Palacio de Miraflores en Caracas, el presidente Chávez ordenó sacar buena parte de las reservas de oro. Según algunos analistas los halcones de Washington tarde o temprano pasarán cuenta de cobro a los gobiernos de Argentina y Venezuela por haberse atrevido a tanto.


La gran amenaza de América Latina


Si bien Latinoamérica a diferencia de Europa y los propios Estados Unidos está logrando crecer económicamente a un promedio del 5% anual según la CEPAL, los rezagos del modelo neoliberal son un gran riesgo para el desarrollo social y la defensa de su medio ambiente.


El resurgimiento del denominado neodesarrollismo que se plasma en el predominio del extractivismo de materias primas, principalmente de recursos minero-energéticos, la extranjerización de la economía y el desplazamiento de las viejas burguesías nacionales por nuevos grupos exportadores, constituye una verdadera limitación en el avance por limitar los abusos y desafueros del capitalismo especulativo y depredador.


Este esquema lo único que busca al decir del economista y científico social argentino Claudio Katz, es remodelar el orden social vigente mediante la aplicación de acciones de regulación estatal y fuertes subsidios a los grupos empresariales que se desea promover como protagonistas de la vida económica.


Y como protagonistas de primera línea en la vida económica de los países suramericanos se encuentran actualmente las trasnacionales dedicadas a la explotación de recursos naturales, particularmente a los proyectos de minería a gran escala.


Es lo que el exministro de Energía ecuatoriano Alberto Acosta ha denominado “la maldición de la abundancia” para significar que “somos pobres, porque somos ricos en recursos naturales”.


En el proceso de explotación de estos recursos como base para financiar la economía, explica Acosta, “los efímeros boom acarrean profundas perversiones. A la postre el conjunto social se empobrece, los derechos fundamentales de las comunidades son atropellados, la naturaleza es depredada, los ingresos generados no dinamizan la economía nacional, la violencia y la voracidad se institucionalizan, el autoritarismo gana terreno y se mina la democracia”.


Lo anterior lo confirma la doctora argentina en Sociología Maristella Svampa, quien en uno de sus múltiples análisis recientes sobre el modelo extractivista señala que en la actualidad, no hay país latinoamericano con proyectos de minería a cielo abierto “que no tenga conflictos sociales suscitados entre las empresas mineras y el gobierno versus las comunidades: México, varios países centroamericanos (Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Panamá), Ecuador, Perú, Colombia, Brasil, Argentina y Chile. Según el Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina (OCMAL) existen actualmente 120 conflictos activos que involucran a más de 150 comunidades afectadas a lo largo de toda la región”.


“La minería metalífera a cielo abierto se ha convertido en la actividad más cuestionada en la región, en una suerte de figura extrema, un símbolo del extractivismo depredatorio, al sintetizar este conjunto de rasgos particulares directamente negativos para la vida de las poblaciones y el futuro de nuestros países. En consecuencia, no se trata solamente de una discusión económica o ambiental, sino también de una discusión política sobre los alcances mismos de la democracia: se trata de saber si queremos debatir lo que entendemos por desarrollo sostenible; si apostamos a que esa discusión sea informada, participativa y democrática, o bien, aceptamos la imposición de nuestros gobernantes locales y las grandes corporaciones, en nombre del nuevo consenso de los commodities y de un falso desarrollo”, puntualiza Svampa.


La nueva cara de las luchas sociales


Los movimientos sociales de América Latina siguen estando alerta para enfrentar los rezagos del funesto modelo neoliberal y muy seguramente serán capaces de volverse a movilizar cuando los gobiernos no sean capaces de frenar los abusos de los agentes del capitalismo especulativo y rapaz como en el caso de la infame explotación de la minería a gran escala.


En los últimos meses una nueva oleada de protestas sociales que empalma perfectamente con la irrupción de los llamados Indignados de Europa y Estados Unidos han sido las extraordinarias movilizaciones de los movimientos estudiantiles de Chile y Colombia. Podría afirmarse que son la nueva cara de las luchas sociales en la región, sobre todo, en el corazón del neoliberalismo suramericano. En Chile donde ha resucitado el espíritu político del pinochetismo y su afán utilitarista del capitalismo; y en Colombia, un satélite económico-militar de Washington, que al decir de la periodista María Antonia García de la Torre, es “el tercer país más desigual del mundo que cuenta con el ejército más temible de Latinoamérica y la educación más inequitativa”.


La expresión de inconformidad y rebeldía de los jóvenes así como de los sectores populares de la región constituyen el nuevo sujeto de transformación y la nueva cara del provenir de Latinoamérica.