domingo, 13 de septiembre de 2020

Escisión de partido de izquierda fragmenta espectro político en Colombia, posibilitando reinvención del establecimiento para elecciones en 2022

 

    Senador Jorge Enrique Robledo; expresidente Juan Manuel Santos; y exgobernador de Antioquia, Sergio Fajardo.


POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ /


El frágil proceso de paz entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y la insurgencia de las Farc concretado en los acuerdos suscritos en 2016, no obstante que no han sido implementados por la obstinación de la ultraderecha liderada por el cuestionado exmandatario Álvaro Uribe Vélez, dejó prácticamente sin discurso al denominado establishment que históricamente ha gobernado a Colombia.

Un establecimiento corrupto, decadente, caracterizado por su tesitura de derecha y obsecuencia frente al hegemón estadounidense que durante los 200 años que ha expoliado el aparato estatal colombiano, ha gobernado dividido aunque logrando cimentar eso sí una malhadada estructura endogámica.

Se puede sintetizar que esa estructura amalgamada por los partidos tradicionales Liberal y Conservador que se han repartido al Estado como botín durante el decurso político colombiano devino a finales del siglo XX en un régimen mafioso que por un lado se alío con los carteles del narcotráfico, y por otro, terminó sofisticando la “acumulación por desposesión” para usar el término ilustrativo del geógrafo británico David Harvey, al poner en marcha el criminal modelo económico neoliberal, con el cual se ha desconocido casi por completo los derechos sociales al pueblo colombiano, expoliando la riqueza del país.

Si bien en líneas generales el establecimiento colombiano ha tenido una constante si se quiere ideológica en el sentido de privilegiar los intereses del gran capital y de los terratenientes, la defensa del statu quo, su adscripción a la doctrina réspice polum (mirar hacia el norte) que no es otra que la sumisión frente a Estados Unidos, formulada en el primer tramo del siglo XX por un conservador místico pero al mismo tiempo codicioso como Marco Fidel Suárez que fue canciller y presidente de la República, su tránsito en pos de esquilmar a la nación y aprovecharse de manera criminal del aparato del Estado, lo ha hecho de manera dividida, fragmentada.

En efecto, a finales de los años 50 y después de varias décadas de un enfrentamiento fratricida, liberales y conservadores acordaron lo que se puede catalogar como una ‘dictadura pactada’ que denominaron Frente Nacional, en virtud de la cual se repartieron el poder entre ambos bandos durante 16 años (1958-1974), excluyendo de manera absoluta del acceso a los cargos de elección popular y puestos del Estado a todo sector político o individuo que no perteneciera a una de esas dos banderías. Se entronizó, en consecuencia, el pensamiento único y a toda voz discordante o disidente se la estigmatizaba y proscribía. Es en ese periodo en que nacen las guerrillas, no solo por la exclusión política sino por las inequidades sociales y la negativa de la dirigencia política bipartidista a realizar las reformas estructurales que requería en ese entonces y que sigue reclamando ahora la sociedad para mitigar la desigualdad obscena que exhibe la nación colombiana.

Cuando se creía que el país tendría un nuevo amanecer con la expedición de la Constitución de 1991, el bipartidismo (sustento del establecimiento) que se fraccionó en varios sectores políticos de derecha y ultraderecha se vio contaminado por la influencia del narcotráfico, pues varios de sus más connotados dirigentes terminaron pactando con los capos de los carteles de Cali, Medellín y el norte del Valle, entre otros.

De la derecha ‘light’ a la ultraderecha recalcitrante


Tras el escándalo de ingreso de dineros del cartel de Cali a la campaña presidencial del mandatario Ernesto Samper Pizano (1994-1998), logra llegar al poder un heredero de una casa política del conservatismo, el locutor de noticias del telediario de propiedad de su familia, Andrés Pastrana Arango, quien había sido alcalde de Bogotá, cargo que ocupó sin pena ni gloria. Con el discurso de consecución de la paz con la insurgencia de las Farc se instala en la Casa de Nariño, empero el proceso de negociación fue un total fracaso, en parte porque este gobierno conservador jugaba con las cartas marcadas: mientras proclamaba su intención de concretar un acuerdo con el grupo guerrillero, al mismo tiempo, entregaba de manera descarada la soberanía del país a Washington suscribiendo un vergonzoso proyecto contrainsurgente, disfrazado bajo la falacia del combate contra el narcotráfico, conocido con la denominación de Plan Colombia.

La frustración y desilusión que generó en la sociedad colombiana el gobierno de un fatuo mandatario conservador como Pastrana Arango, dio lugar a la irrupción de un dirigente de la ultraderecha proveniente de un departamento ultraconservador como Antioquia, de donde venía de ser gobernador: Álvaro Uribe Vélez.

De una derecha ‘light’, caracterizada por su estulticia, Colombia pasó a ser gobernada por un representante genuino de la ultraderecha, líder de esa clase emergente surgida gracias a los oscuros negocios y las tratativas con los nuevos ricos, los terratenientes tradicionales, y los caciques electoreros de las regiones.

Como defensor acérrimo del terrateniente premoderno que logró acumular poder económico y su representante político más genuino, Uribe Vélez, se consolidó como el líder más importante de la ultraderecha en Colombia, logrando imponer a su pupilo Iván Duque Márquez como mandatario para el periodo presidencial 2018-2022, cuya principal tarea es hacer “trizas” el acuerdo de paz suscrito entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la entonces insurgencia de las Farc.

Un acuerdo de paz como éste que proyecta una reforma rural integral enfocada a democratizar el acceso a la tierra en Colombia, (elemento causal de la violencia en este país), garantizar mínimos derechos a los sectores de oposición y la reparación a las víctimas del conflicto (léase devolución de tierras despojadas por paramilitares a millares de campesinos) va en contravía de los intereses que defiende un dirigente político premoderno con concepción feudal como Uribe.

La ultraderecha y el establecimiento colombiano se quedan sin narrativa

Este controvertido dirigente antioqueño con demostrados nexos con el narcotráfico e impulsor de las bandas paramilitares logró obtener audiencia y consolidar su liderazgo gracias a que cabalgó sobre la necesidad de la mano dura contra la insurgencia y su propósito de guerra arrasada, discurso que amplios sectores de la sociedad colombiana apoyaron y aún respaldan. Además su mensaje pendenciero vino a complementar la narrativa contrarrevolucionaria que el establecimiento colombiano instauró por más de medio siglo.

Con el proceso de paz el Gobierno de Santos sin proponérselo puso en cuestión ese relato, de ahí que Uribe al retornar al poder en 2018 con su pupilo Iván Duque busque “hacer trizas” no sólo el Acuerdo, sino reintroducir la idea de que en Colombia nunca hubo conflicto sino un ataque terrorista.

Para desgracia del uribismo y la ultraderecha, el proceso de paz borró de tajo la narrativa que había construido el cuestionado exmandatario y es por eso que el Gobierno de Duque trata de reinstalar ese relato.

Al rescate del caduco establecimiento que se quedó sin discurso

Así como el uribismo se quedó sin discurso y el descrédito del Gobierno de Duque cada día crece de manera exponencial, además porque se comprobó que para ganar las elecciones presidenciales recurrió a la compra de votos en varias regiones del país, gracias a aportes de algunos de sus aliados narcotraficantes, el resto de sectores que hacen parte del establecimiento colombiano también se encuentran huérfanos de narrativa.

Esos sectores del establishment se caracterizan porque están en franca oposición a Duque y por supuesto, contra el cuestionado expresidente Uribe, actualmente en prisión domiciliaria. Coinciden, eso sí con el uribismo, en que adversan con ahínco al líder de los sectores alternativos, el actual senador Gustavo Petro Urrego, quien en la segunda vuelta presidencial de 2018 obtuvo más de 8 millones de votos.

Para enfrentar tanto al uribismo como a Petro, estos sectores del establecimiento que son conservadores y de clara estirpe neoliberal se autocalifican de “centro” y propalan la matriz según la cual Colombia se encuentra “polarizada” y por lo tanto hay que buscar una “tercera vía”, como diría el exprimer ministro británico y criminal de guerra Tony Blair.

A Petro lo etiquetan para estigmatizarlo como de “extrema izquierda” y por supuesto al uribismo lo tildan de “fascista” (que es en definitiva lo que es) para “vender” la idea según la cual lo que requiere el país es una alternativa de “centro” que despolarice el ambiente político y se retorne a la posibilidad del “entendimiento” o la “unidad nacional”, falacias que la derecha ha convertido desde 1930 en eslóganes electorales que les ha dado resultado para espoliar los recursos del Estado por parte de la coalición gobernante de turno.

En ese supuesto “centro” político que se disfraza de “socialdemocracia”, la cual para el caso europeo terminó traicionando sus principios y convirtiéndose en una tendencia más de la derecha (como lo explica de manera muy atinada el autor anglo-paquistaní Tariq Alí en su libro El extremo centro), se ubican en primer término el expresidente neoliberal Juan Manuel Santos; los potenciales aspirantes presidenciales de corte neoconservador Sergio Fajardo Valderrama, exgobernador de Antioquia y exalcalde de Medellín; Alejandro Gaviria Uribe, exministro de Salud y actual rector de la Universidad de los Andes (el principal centro de estudios privado del país de corte neoliberal y propalador del enfoque hegemónico estadounidense); la alcaldesa de Bogotá, Claudia López Hernández; el partido Alianza Verde con uno de sus principales líderes el exguerrillero del M-19, exministro y exgobernador de Nariño, Antonio Navarro Wolf, hoy autoconvertido en moderado; el exnegociador del proceso de paz y exministro Humberto de la Calle Lombana; y varios exdirigentes del Partido Liberal que se desafiliaron al terminar controlado por el impresentable expresidente César Gaviria Trujillo, padre del neoliberalismo en Colombia.

Los líderes del denominado “Centro” político en Colombia: el senador del MOIR, Jorge Enrique Robledo; la alcaldesa de Bogotá, Claudia López; y el exgobernador de Antioquia, Sergio Fajardo.

A este sector que buscan darle consistencia político-electoral poderes fácticos como el Grupo Empresarial Antioqueño, industriales de la caña de azúcar del Valle del Cauca, y no pocos medios tradicionales de comunicación, se va a terminar uniendo el supuesto sector de izquierda Movimiento Obrero Independiente Revolucionario (MOIR) que lidera el senador del partido Polo Democrático AlternativoJorge Enrique Robledo Castillo.

El MOIR terminó siendo “un oportunismo de derecha”se lamenta Omar Ñáñez Camacho, uno de los fundadores de este mini-partido que “hoy parasita el Polo Democrático”, una colectividad de clara estirpe de izquierda.

Este movimiento fundado en 1969 por Francisco Mosquera Sánchez, destaca en su proceso histórico dos etapas, señala Ñáñez Camacho. La primera que va desde su creación en la ciudad de Medellín hasta 1977 cuando se involucra a fondo en las luchas sociales del país, reivindicando los derechos de la clase obrera y exhibiendo un claro discurso de izquierda. De ahí en adelante, agrega este exdirigente de esa formación política, hay un retroceso, pues se convierte en un palo en la rueda de todo proceso unitario de las fuerzas alternativas de Colombia, haciéndole el juego a la derecha.

Al llegar el MOIR como tendencia al Polo Democrático Alternativo no obstante que era minoría, logra controlar el aparato del partido y paulatinamente solidificarse como el principal sector, con una votación sin precedentes en su historia electoral. En los comicios de 2018 esta tendencia le aporta al Polo dos senadores y un representante a la Cámara, gracias al liderazgo de Robledo.

Para la segunda vuelta de los comicios presidenciales de ese año, el MOIR al no clasificar su candidato, el conservador Sergio Fajardo, optó por el voto en blanco y rechazó de plano apoyar la aspiración alternativa de Petro.

Giro a la derecha

Si se tiene en cuenta que para el MOIR, un grupo político de extracción maoísta, el sujeto político en Colombia para avanzar en la transformación socioeconómica del país reside en la burguesía nacional, es comprensible que ahora gire a la derecha y vaya a engrosar este sector que se disfraza de “centro” con miras a enfrentar el reto electoral de 2022.

Para ello, y no obstante ser mayoría al interior del Polo, ha entrado en negociaciones con sus actuales compañeros de partido para determinar los términos de la escisión del mismo, una figura que contempla la ley electoral, habida cuenta que el MOIR, al igual que su socio político, Sergio Fajardo, se niegan a ir a una consulta popular con Petro para la escogencia del candidato presidencial del sector alternativo en la próximas elecciones.

Además, Robledo, quien ya anunció su precandidatura presidencial no encontró respaldo alguno a su aspiración al interior del Polo Democrático, pues todos sus colegas congresistas que lideran distintas tendencias o están con Petro, caso el senador Iván Cepeda, o impulsan la idea de realizar una consulta abierta para la escogencia del aspirante presidencial, para la cual incluso, han invitado a participar a sectores del autodenominado “centro” como liberales y el partido Alianza Verde.

El expresidente Juan Manuel Santos, tras bambalinas, aspira a contribuir a que se consolide la tendencia del “Centro” , en la que figurarán varios de sus allegados políticos.

Recomposición del espectro político

Si el Congreso Nacional del Polo Democrático que se tiene previsto convocarlo para antes de finalizar el presente año oficializa la escisión del partido, para lo cual se ultiman las negociaciones internas, el espectro político colombiano para los comicios tanto parlamentarios como presidenciales del 2022, verá surgir una nueva fuerza que si bien está signada por ideología de derecha, tendrá un barniz de progresista con el aporte del MOIR. Se catalogará de “centro” y tendrá posibilidades de llegar a la segunda vuelta en la carrera por la Presidencia. De esta manera, el establecimiento colombiano que adversa tanto al uribismo como a Petro, logra reinventarse, aunque habrá que esperar con qué narrativa se presenta, pues a una sociedad que apenas estará saliendo de las consecuencias de la pandemia no se le puede salir con el argumento de que el país está polarizado entre dos extremos y que el camino es el de los “tibios”, es decir, el del centro. Además que camuflarse bajo la etiqueta de “centro” es un infundio y un oportunismo para acercarse o a la derecha o a la izquierda de acuerdo con las circunstancias. En la Ciencia Política hasta ahora no ha sido posible definir el “centro”.

Históricamente, como dice el profesor español y cofundador de PodemosJuan Carlos Monedero, no hay referente de quien haya muerto por una causa política, gritando: ¡Viva el centro!

La narrativa del centro       

Lo interesante de la reinvención del establishment colombiano mediante su infundio de que mediante la opción centrista va a sacar de la profunda crisis institucional y moral en que se encuentra el país con un aliado como el MOIR y en el que seguramente confluirá el sector que lidera Juan Manuel Santos, (quien de paso podrá lograr financiación internacional de George Soros para este nuevo actor político), será conocer su narrativa. Es decir, la propuesta programática que le presentará a una sociedad desesperanzada y maltratada socioeconómicamente como la colombiana. Ya no solo basta con ofrecer la implementación de los acuerdos de paz que el Gobierno de Duque ha dejado en el congelador sino que deberá anteponer argumentos para contrarrestar la propuesta de amplio calado social que viene planteando Gustavo Petro con temas esenciales entre otros como la implementación de una Renta Básica Universal; la transición de combustibles fósiles por energías renovables para mitigar el impacto de la crisis climática; la puesta en marcha de una reforma pensional y de salud; la garantía de la gratuidad en la educación en todos sus niveles y el mejoramiento en su calidad; y la implementación de la reforma agraria integral, actualmente aplazada.

Se abre entonces otro capítulo en la intrincada y pugnaz realidad política colombiana que tendrá su punto culminante en 2022 cuando se elija al nuevo inquilino de la Casa de Nariño.

 

 

 

 

domingo, 5 de julio de 2020

NEOLIBERALISMO


LAS EXPECTATIVAS DE AMÉRICA LATINA FRENTE A LA AGENDA POST-PANDÉMICA DEL EXPOLIADOR Y DESVERGONZADO CAPITAL FINANCIERO INTERNACIONAL




POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ /

Nuevamente América Latina queda a la expectativa de la última movida del expoliador y cínico capital financiero internacional, cuya camarilla  nucleada en el poderoso Foro Económico Mundial (World Economic Forum) que cada año, en la última semana de enero, se reúne en la localidad suiza de Davos, en el sentido de que, ante la pandemia del Covid-19, ha determinado presentar en 2021 una agenda que busca salvaguardar el fracasado sistema capitalista, cuyos operadores mundiales son directamente responsables tanto de la crisis socioeconómica, climática como sanitaria por la que atraviesa actualmente el planeta. 

Secundado por del depredador Fondo Monetario Internacional (FMI) y de organismos rapaces que congregan gánsteres económicos como el Club Bilderberg y la Fundación Rockefeller, el Foro Económico Mundial (FEM) quiere reinventar el horizonte del capitalismo para, a través de una nueva agenda de acciones, continuar asaltando a la humanidad, como lo ha venido haciendo a través de los “Big Money” (léase bancos, fondos de pensiones, entidades financieras e inversoras de alcance global), con la complicidad de los Estados que en su gran mayoría han adoptado el modelo neoliberal.

Frente a la propuesta de agenda de los buitres financieros, América Latina no puede quedar a merced de lo que terminen imponiendo estos despojadores planetarios, por lo que se hace prioritario y urgente que los sectores denominados progresistas, o de izquierda, los movimientos sociales y los gobiernos que en la región le apuesten a un nuevo horizonte una vez superada la crisis generada por la emergencia sanitaria, comiencen a debatir una serie de temas que permitan anteponerlos a las pretensiones de nuevo despojo de los globalistas neoliberales que han malgobernado el mundo, llevándolo a una crisis civilizatoria.

El coronavirus está permitiendo clarificar los debates y esclarecer las pugnas que estaban planteadas veladamente. Queda, sin embargo, sacar las conclusiones adecuadas y aprovechar el contexto para actuar rápidamente. El reto para las fuerzas progresistas de la región es hacer una lectura pertinente de las tendencias en desarrollo.


Expectativas para Latinoamérica

Varios analistas coinciden en que la pandemia es una oportunidad para transitar hacia un mundo algo más justo recuperando las funciones del Estado, cercenadas por un modelo económico criminal como el neoliberal que ha condenado a la mayoría de la humanidad a la miseria, la depredación ambiental, ahondando las inequidades sociales, convirtiendo la vida humana en una vil mercancía en beneficio de unos pocos.

En lo que concierne a América Latina, amplio sectores aspiran a que luego de los rigores de la pandemia, los países del hemisferio tengan la posibilidad de entrar por la senda del Estado de Bienestar en términos de acción y de consenso social y político. La realidad, en contraste, de ninguna manera es halagüeña frente a tan legítima aspiración, por cuanto lo que demuestra la crisis vírica es que mientras buena parte de la economía mundial se hunde, los gigantes de la economía digital se expanden aceleradamente con dos tendencias muy firmes: ganancias extraordinarias de corto plazo y concentración monopólica. Además, se consolida el desarrollo de un capitalismo de vigilancia. Ello deja en evidencia la existencia y profundización de un campo de tensión entre la dinámica técnica-económica y las ingentes necesidades, así como las dificultades por lograr el desarrollo social.

Una nueva agenda para afianzar el despojo y el control global

En medio de la emergencia planetaria, el Foro de Davos a través de dos de sus más representativos e inescrupulosos voceros como el príncipe Carlos de Gales y el empresario alemán, integrante del Club Bilderberg, Klaus Schwab, fundador de esa cofradía de la especulación y la usura que se reúne en la mencionada ciudad helvética anualmente, anunciaron la realización de una ‘cumbre gemela’ en la que se presentará la nueva agenda de lélitegobernante y financiera, bautizada con el nombre de El gran reinicio.

Para estos delincuentes financieros de cuello blanco se trata de reiniciar o ‘resetear” el mundo, como cuando se paraliza un computador, de ahí la alegoría, una vez las naciones superen la crisis sanitaria. De esta manera, buscan pasar a la ofensiva y sentar las bases de lo que será el mundo post-pandémico para continuar sus actividades de pillaje, ampliamente conocidas y así perpetuar el despojo y el control global.



En un lenguaje edulcorado, Schwab escribió un artículo periodístico publicado en el portal web del FEM el pasado 3 de junio que tituló Ahora es el momento de un "gran reinicio", en el que de manera ladina plantea la necesidad de invertir la lógica neoliberal retornando al fortalecimiento de los Estados, a la regulación fuerte de los mercados y a la aplicación de un sistema tributario en virtud del cual los potentados contribuyan más para equilibrar las obscenas desigualdades sociales en el mundo.
Aunque el FEM viene repitiendo demagógicamente que su propósito es impulsar la equidad y el progreso de la humanidad, construyendo los fundamentos del sistema económico y social para un futuro más justo, sustentable y resiliente", en esta oportunidad su narrativa la quiere disfrazar con un lenguaje ciber-fármaco-ambientalista, aludiendo a su muy controvertida "Cuarta Revolución Industrial". Dentro de ese contexto, estos aprovechadores económicos se enfocan también a promover el debate sobre la crisis climática, aunque siguen hablando de “catástrofes naturales” para evitar referirse a los efectos depredadores de un sistema como el capitalista, para lo cual buscan escarbar cómo sería una economía “descarbonizada”.

Necesidad de una contra-agenda de los países víctimas del neoliberalismo


Ante la agenda farmacológica, cibernética y financierista del Foro de Davos que hay que analizar cuidadosamente entre líneas y develar sus calculadas intenciones, es preciso que el mundo marginado y en vías de desarrollo genere una contra-agenda. Ojalá se pudiera reeditar una especie de Foro Social Mundial, con el suficiente peso específico intelectual para darle una respuesta por parte de los pueblos víctimas del neoliberalismo a estos gánsteres financieros. Se trata, en consecuencia, como ya lo han señalado algunos analistas del campo progresista, de formular una propuesta en que si bien se planteé la necesidad de devolverle los fueros al Estado, revirtiendo el mal llamado libre comercio, acabando con las privatizaciones de los bienes comunes y estructurando un sistema tributario equitativo, también se aborden asuntos de gran trascendencia, entre otros como la condonación de la deuda externa, el tratamiento a las migraciones, la utilización de la inteligencia artificial, el acceso democrático a la información, la cibervigilancia global y la garantía a la soberanía alimentaria de los pueblos y a una Renta Básica Universal para todo ciudadano.

El reto, entonces, es que los pueblos, ojalá desde América Latina, se preparen y asuman el debate que han planteado los expoliadores económicos y timadores financieros para que no continúen tomando por asalto y estafando a la humanidad.












































miércoles, 8 de abril de 2020

CRÓNICAS DEL PODER

ARREBATOS DE PODER, CARTOGRAFÍA Y SU INCIDENCIA EN BOGOTÁ


POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ /
Caso singular en la intrincada historia de Colombia es la de quien como militar, político, diplomático y gobernante logró poner en práctica la concepción del destacado estratega prusiano en asuntos castrenses del siglo XIX, Carl von Clausewitz, según la cual, “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, y al mismo tiempo conjugarla también de manera contraria. Es decir, como la invirtió el filósofo francés Michel Foucault, al señalar que “la política es la continuación de la guerra por otros medios”. Sin duda, esa habilidad la ejerció el general caucano Tomás Cipriano de Mosquera(1798-1878), el dirigente colombiano más importante de la centuria decimonónica, después del precursor Antonio Nariño.
Hombre aguerrido, audaz, perseverante, enérgico y de acción, fue protagonista del devenir político de la naciente nación que en principio se llamó República de la Nueva Granada, hasta el punto que desempeñó por cuatro veces el cargo de Presidente.
Su dilatada carrera militar que la comenzó a la temprana edad de 14 años bajo el mando de Antonio Nariño en las filas patriotas, y su gran perspicacia que lo llevó a que el libertador Simón Bolívar lo hiciera su edecán, le permitieron solidificar su talante de guerrero que posteriormente supo conjugar con su visión política y su rol de estadista.
Sus múltiples batallas en el campo militar y las diversas faenas por la disputa del poder que lo llevó a liderar la única revolución triunfante en Colombia en 1861, no fueron óbice para que cultivara de manera autodidacta disciplinas como la geografía, la etnografía, la cartografía, las matemáticas y la historia, las cuales fueron clave en su visión de gobernante, habida cuenta que le permitieron enrutar al país en la modernización.
Personaje determinante en el proceso de consolidación de Colombia, como República, se jactaba de sus ancestros y de su selecto grupo familiar que hacía parte del entorno gobernante del país de entonces. Comentaba que su apellido tenía por origen que uno de sus antepasados, combatiendo contra los moros al lado de Fernando V, el Católico, recibió una profunda herida en el cuello; sin hacer caso a ello siguió en campaña, y como viera el rey que su llaga estaba cubierta de moscas, le dijo: “el lanzazo de tu cuello no parece ya una herida, sino una mosquera”. (1) En adelante, el guerrero ya no tuvo otro nombre.
Punto de arranque de la modernización del país
El legado de gobierno de Mosquera durante sus cuatro gestiones presidenciales constituye el punto de arranque para la modernización colombiana a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Sobre todo su primera administración entre 1845 y 1849 se puede calificar de brillante: restablece la navegación por el río Magdalena; reabre el canal del Dique; realiza la reforma monetaria que unificó los instrumentos de cambio; implanta el sistema métrico decimal; inicia la construcción del ferrocarril de Panamá y del Capitolio Nacional; estimula el ahorro y la educación; efectuó el primer censo nacional y modernizó el sistema tributario.
Codazzi, eficiente aliado en eproceso de construcción de identidad nacional
Es también durante su primer gobierno que prioriza la necesidad de describir cartográficamente al país, precisando las características del territorio, habida cuenta que concebía que a partir de un elemento tan determinante como la descripción geográfica integral, física y etnográfica, se avanzaba sustancialmente en la construcción de identidad nacional en una naciente república. Para tal propósito creó por ley la denominada Comisión Corográfica y llamó para que la organizara y proyectara su trabajo al ingeniero y militar italiano Agustín Codazzi, cuya obra ha sido considerada al nivel de la del científico alemán Alexander von Humboldt.
Codazzi fue un aliado clave de Mosquera en este empeño, por cuanto que desde dicha Comisión llevó a cabo el levantamiento del plano cartográfico de la República y de sus provincias.
Este ingeniero militar italiano, nacido en Lugo en julio de 1793, que había participado en las guerras napoleónicas, experto en Geografía, Cartografía y Ciencias Naturales, llegó por primera vez a Bogotá en enero de 1849, procedente de Venezuela, gracias a la invitación que le cursara Mosquera para que liderara la Comisión Corográfica. Venía de levantar los planos del litoral venezolano y realizar un mapa del entonces departamento de Zulia.
La labor investigativa realizada por Codazzi fue determinante para la proyección de la obra de gobierno de Mosquera, ya que desde su óptica de estadista, tuvo como prioridad avanzar de manera sustancial en el estudio de las características que conforman la realidad física y humana del territorio nacional. Determinar sus componentes, diversidad, estructura geológica, climas, paisajes, regiones, era de suma importancia para representar y visualizar el territorio del país como conjunto con el fin de proyectar no solo políticas públicas de desarrollo sino consolidar el proceso de construcción de identidad nacional. Es así como la representación de espacio físico del país constituye uno de los acontecimientos importantes en el ámbito de la cartografía granadina de mediados del siglo XIX. Entre 1847 y 1865 se elaboraron al menos 6 mapas del conjunto del país, centrados en la geografía física y en la división política, entre ellos la denominada Carta de la república de la Nueva Granada conforme a su última división política (1852), realizada a instancias de Mosquera.
Cimentando los primeros pasos para la ingeniería colombiana
Durante su segundo gobierno, Mosquera funda en 1861 el Colegio Militar y la Escuela Politécnica que serán la base para proyectar posteriormente la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Colombia. En este propósito científico y académico el estadista caucano también vinculó a Codazzi.
Así como la Revolución Francesa fue la partera de la famosa École Polytechnique en 1794, los incipientes pasos de la ingeniería colombiana tuvieron como contexto un ciclo revolucionario inusitado. A su nacimiento asistieron el derrumbe de la Confederación Granadina y su secuela la guerra de 1860-61; la presidencia de facto de Mosquera; la convocatoria de la Convención Nacional Radical de Rionegro que expedirá la Constitución de 1863; y el golpe de Estado en 1867 al gran General (título que creó el Congreso para Mosquera en 1864).
Del mismo modo que Napoleón procuró que sus ingenieros politécnicos organizasen la infraestructura del imperio francés en expansión, a la vez que administrasen los nuevos recursos coloniales, Mosquera, al establecer el Colegio Militar y la Escuela Politécnica, buscó que sus egresados fueran administradores eficientes de la guerra y organizadores estratégicos de la paz. Dentro de su cuerpo de profesores sobresalía la figura científica del ingeniero y militar italiano que había dejado huella por su labor investigativa en la Comisión Corográfica.
Bajo la dirección de Codazzi, quien fungía como inspector del Colegio Militar, sus alumnos levantaron el primer plano topográfico de Bogotá y sus alrededores.
El sucesor de Mosquera en el Gobierno, José Hilario López, continuó la iniciativa geo-cartográfica del General caucano, y encomendó a Codazzi seguir desarrollándola mediante la elaboración de dos textos explicativos: la geografía física y la geografía política, así como un mapa general de la Nueva Granada. (2)
La relación personal de Codazzi y Mosquera se proyectó en el tiempo.  Estando el ingeniero militar italiano en Panamá, en 1854, se presentó en Bogotá el golpe de Estado contra el general José María Obando por parte del también general José María Melo, quien asumió la presidencia de facto en abril de ese año.
Mosquera, volvió por sus fueros militares, organizó junto a los generales Pedro Alcántara Herrán y José Hilario López lo que se denominó tropas constitucionalistas para derrocar a Melo. Para esa operación político-militar, el gran General designa a Codazzi como jefe de Estado mayor de su ejército. Como recompensa por su contribución, recibió el grado de general. (3)
Mosquera y el Distrito Federal de Bogotá
En un ambiente embrollado y con los ánimos políticos exaltados, los distintos grupos partidistas en 1855 avanzan en un acuerdo para debatir un proyecto de constitución federal y de esta manera adoptar un nuevo orden político para la nación. Para ello se creó una comisión en el Congreso, la cual entre los diversos temas que debatió estuvo el de erigir por primera vez a Bogotá, como distrito federal. Durante el candente debate que originó esta iniciativa, el senador por el Estado de Bolívar, Tomás Cipriano de Mosquera, sustentó la idea del distrito federal en el sentido de que esta ciudad era la destinada a convertirse como tal, por su centralidad geográfica, ser el eje natural de comercio, haber sido desde los tiempos coloniales el lugar señalado para capital y contar con los edificios y centros educativos y científicos más importantes de la República. Otro punto a su favor eran los costos que supondría el traslado de la capital a cualquier otro lugar del país. Anticipando los reparos que pudiera expresar el Estado de Cundinamarca, al que pertenecía la ciudad, Mosquera recordaba que no era una gracia la que se pedía (la cesión de la ciudad a la Confederación), sino una exigencia que hacía la nación para que esta continuase siendo su centro político. Asimismo, rechazaba la situación actual de Bogotá que, en su calidad de capital dual del Estado y la Federación, hacía a los poderes federales meros huéspedes de las autoridades cundinamarquesas. No obstante, dejaba claro que, en caso de que se decidiese la traslación del distrito a otro lugar del territorio nacional, Bogotá sería reincorporada al Estado de Cundinamarca.
El estallido de la guerra civil aplazará la creación del distrito federal hasta 1861, decretada por Mosquera como presidente provisional de los Estados Unidos de Nueva Granda. Aunque dejaba su reglamentación en manos de una ley posterior, el Decreto de 23 de julio de ese año cesaba toda autoridad del Estado de Cundinamarca sobre Bogotá, debiendo proceder su legislatura a la inmediata designación de una nueva capital estatal. El territorio del distrito estaba limitado al oeste por los cerros orientales, al norte por el río Arzobispo, al sur por el río Fucha y al occidente por el río Funza.
El Pacto de Unión suscrito el 20 de septiembre de 1861 por los estados de Bolívar, Boyacá, Cauca, Cundinamarca, Magdalena, Santander y Tolima, que creaba los Estados Unidos de Colombia y que reemplazaba de manera provisional la caduca Constitución de 1858, ratificó el distrito federal.
“En los albores del gobierno del Distrito Federal se despertó un verdadero sentimiento de civismo y un gran ánimo de cooperación. Un grupo de distinguidos caballeros, cuyo único interés fue el de trabajar armónicamente por la ciudad, logró que la Municipalidad creara la Junta de Fomento en julio de 1865, compuesta por dos miembros de la Municipalidad y un grupo de vecinos idóneos nombrados por la corporación”. (4)
Para algunos historiadores esta “Junta de Fomento” constituye la partida de nacimiento de la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá.
Incursionando en geografía colombiana
Además de la milicia, la política y la diplomacia, el gran General incursionó en el estudio de la geografía, disciplina que le apasionaba y cuyos aportes para el país están materializados en un libro. “Compendio de geografía general política, física y especial de los Estados Unidos de Colombia, dedicado al Congreso General de la Unión” (Londres, Imprenta Inglesa y Extranjera (SIC) de H. C. Panzer, 1866), fue el trabajo bibliográfico de Mosquera que elabora en Nueva York, donde se radica, luego de que culmina su primer periodo presidencial en 1849. Este texto, según edición de 1852, fue introducido a las actas del Congreso de la Sociedad Geográfica neoyorquina.  
Tras dejar su tercera presidencia viajó a París como embajador. En esa misma época pasó una temporada en Londres y aprovechó para publicar su Compendio en versión castellana, para lo cual inició correspondencia con el traductor Pedro María Moure. (5)
El trajinar existencial de este hombre visionario, de vicisitudes y retos, está íntimamente ligado con el proceso de desarrollo de Bogotá, pues su legado de gobierno y su aporte científico para la ciudad constituyen marca indeleble en su proyección urbana como principal centro de acción política y socioeconómica del país.
Notas:
1.- Arteaga, Manuel; Arteaga Jaime (1999). Historia Política de Colombia. Bogotá: Editorial Planeta.
2.- Anteni, Giorgio (1993). Las obras y los días de Agustín Codazzi. Bogotá: Museo Nacional.
5.- Castrillón Arboleda, Diego (1979). Tomás Cipriano de Mosquera. Bogotá: Litografía Arco.