domingo, 5 de febrero de 2017

DEMOCRACIA

ENTREVISTA CON LA FILÓSOFA ARGENTINA LUCIANA CADAHIA


“HOY, LA BATALLA POLÍTICA SE JUEGA EN EL ÁMBITO DE LO SENSIBLE QUE CONFIGURA MODOS DE COMPRENDER Y ESTAR EN EL MUNDO”

POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ

Analizar el momento político de un mundo convulsionado y sumido en una crisis civilizatoria como consecuencia de los estragos de un modelo capitalista criminal y salvaje como el neoliberal desde la óptica de la filosofía, es provocante y a la vez estimulante. Esta grata oportunidad la tuvimos en Bogotá con una joven filósofa, investigadora social y docente universitaria de origen argentino que realizó sus estudios de maestría y doctorado en Madrid, España. Se trata de Luciana Cadahia, quien desde su particular mirada académica e investigativa se mete a dilucidar los fenómenos políticos, generando reflexiones que contribuyen no solo a elevar el debate sino que tienen la virtud de hacer repensar y sacudir a quienes se aproximen a sus ensayos y trabajos bibliográficos, respecto de la manera cómo en esta primera etapa del siglo XXI hay que refinar las tácticas y estrategias para generar hegemonía y sentido común que posibiliten avanzar en la incesante lucha por la emancipación.

Una primera sugerente observación suya es que la tarea de la izquierda hoy debe estar “orientada a producir identificaciones alternativas que ayuden a comprender los malestares desde otro lugar y comprender quiénes son los verdaderos responsables” de los problemas de las sociedades. Y por ello, agrega, la batalla política “para poder lograr una  hegemonía emancipadora, se juega en el ámbito de lo sensible, de las formas de sensibilidad que configuran nuestros modos de comprender y estar en el mundo”.        

Considera que “uno de los errores de la izquierda en general tiene que ver con desatender la dimensión de la estética y con esto no me estoy refiriendo solamente a la cuestión del arte, me refiero a la dimensión sensible y perceptiva. En la política no solamente funcionan los argumentos racionales sino que hay un componente emocional del ámbito de la sensibilidad que es el que va moldeando los esquemas de percepción de las personas y que hace que, por ejemplo, alguien pueda llegar a creer que Mauricio Macri en Argentina va a resolver sus problemas”.

Por ello sugiere a las fuerzas alternativas y de izquierda, “prestar más atención a ese ámbito de la sensibilidad, a ese ámbito si se quiere cultural porque si no pensamos la articulación entre estética, sensibilidad, cultura y política estamos perdiendo la batalla, por eso el neoliberalismo la ha venido ganando hasta ahora”.

A su paso por Bogotá, tuvimos la oportunidad de dialogar con Luciana Cadahia, quien desde 2015 se encuentra residiendo en Quito, pues es docente titular en áreas como Sociología y Teoría Política de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), Ecuador.

NECESIDAD DE UN HUMANISMO PLEBEYO

-       Uno de tus últimos ensayos es muy provocativo (http://bit.ly/2jMXiM8), pues habla de la necesidad de un humanismo popular ¿Qué quieres decir con  ello?

-       Si bien voy a ofrecer una respuesta más teórica que política, me parece que este enfoque ayuda a comprender ciertas dificultades que tenemos para pensar políticamente nuestra actualidad. Tras la crítica radical de Heidegger al humanismo, el pensamiento político europeo de la posguerra asumió esa crítica como una apuesta claramente antihumanista. Al punto de considerar al humanismo como una especie de chantaje intelectual del cual la filosofía debía deshacerse. En el caso latinoamericano, esta tesis se asumió, al menos en el ámbito de la filosofía política, de manera casi acrítica. Como si este este discurso antihumanista –y sus derivados posthumano, posthistórico, etc…- nos liberase de otro de los engaños de la modernidad.  No obstante, considero que en un momento determinado a esa estrategia anti-humanista le pasan dos cosas: por un lado se vuelve reaccionaria, y por otro, le termina regalando a la derecha una serie de logros históricos, plebeyos y populares que vienen de la tradición humanista; por ejemplo, la política de los derechos humanos. Si prestamos atención a cómo la política de los derechos humanos es implementada en países  como  Argentina, para el caso de la última dictadura militar, o incluso cómo es implementada aquí en Colombia,  a  raíz del conflicto armado, te das cuenta de que hay una dimensión performativa de la humanidad, la construcción de un lugar de enunciación histórico-colectivo de base popular que nada tiene que ver con un esencialismo ahistórico o con la doble moral. Podríamos decir que  permite pensar los instrumentos jurídicos y políticos de un modo muy interesante. Por lo que se vuelve urgente pensar teóricamente esta dimensión de la praxis, es decir, acompañar estos logros políticos con construcciones conceptuales creativas y originales. Resulta un poco contradictorio celebrar ciertas políticas de los derechos humanos en nuestra región y luego asumir sin más el discurso antihumanista europeo. Es como si hubiera un resto colonizado en nuestra forma de pensar. Todo esto tampoco supone caer en un discurso antieuropeo, creo que ambos polos son estériles. Lo que hago estratégicamente es recoger la tradición humanista plebeya de Maquiavelo, del pensamiento florentino, del pensamiento italiano, una cierta recuperación de Gramsci, de Ernesto de Martino, pensador italiano de la misma época del filósofo sardo, que también retoma la necesidad de un humanismo plebeyo. No hay que olvidar que Gramsci y de Martino piensan la posibilidad de un humanismo plebeyo por los mismo años en que Heidegger está construyendo su proyecto antihumanista. Por alguna razón, el discurso de Heidegger se volvió dominante y opacó la propuesta de los pensadores italianos. Me parece interesante recoger esta tradición de humanismo plebeyo y ponerla a dialogar con nuestra propia tradición humanista del siglo XIX –como hace Sanders en su magnífico libro Contentious Republicans para el caso colombiano- y con las formas actuales de lucha política en América Latina. Creo que allí podríamos encontrar unas claves humanistas bien curiosas y capaces de articular un discurso alternativo al neoliberalismo.

-       Siguiendo con tu ensayo, señalas que hoy en día se observa con cierta impotencia cómo la gente, paradójicamente, se siente seducida por lo que causa su propia ruina. ¿Eso quiere decir que el neoliberalismo se volvió sentido común y también  una ‘religión’ puesto que  las grandes mayorías populares, terminan eligiendo a sus verdugos?

-       Sí, me parece que es importante decir dos cosas, en clave foucaultiana: los individuos en tanto sujetos estamos constituidos por el ethos neoliberal, entonces, en nuestra propia subjetividad, en nuestros esquemas perceptivos, en la manera de darle sentido a la vida, las relaciones con los otros están atravesadas por ese ethos neoliberal y es muy difícil romper con él. Las figuras del emprendedor, los libros de autoayuda, la idea de que mis logros dependen de mí y nada más, las formas de gozar con la autoproductividad constante de sí, como si siempre estuviéramos en falta y fuéramos los responsables de las formas de desigualdad que nos constituyen. Es decir, esta forma generalizada del aislamiento individual es la gran estrategia a través de la cual la derecha ha sabido apropiarse del capitalismo actual y ha sido muy hábil para jugar con esos hilos, con ese sentido común de la gente para poder persuadirla y convencerla de que ellos son la mejor elección.

-       Mencionas el alcance del ethos neoliberal, ¿entonces el desafío para los sectores de izquierda y para los gobiernos progresistas es el de construir hegemonía en términos gramscianos? ¿En medio de esta dominación neoliberal que ha generado una nueva barbarie en la humanidad, es posible ello?

-       Creo que es necesario construir una hegemonía alternativa, pero me parece que uno de los límites que ha mostrado la experiencia del progresismo latinoamericano es que esa hegemonía no se puede construir solamente a nivel nacional o plurinacional. Si bien hay que partir de allí,  es importante empezar a articular una hegemonía de carácter internacional, de lo contrario va a ser muy difícil romper con el ethos epocal que nos constituye. Y creo que hay muchos elementos existentes que podrían ayudarnos a configurar esta alternativa, unos sentidos comunes que disputen ciertos relatos y formas de la sensibilidad neoliberal. El problema es que no estamos sabiendo cómo articularlos de manera más operativa. Aunque también es cierto que estas apuestas son de largo plazo, demandan mucho tiempo. Las batallas culturales no se ganan de la noche a la mañana, sino que requieren un trabajo de sedimentación, cuyos tiempos no son los mismos que los de la política. Para el caso de Colombia, es evidente que los dispositivos mediáticos, el blindaje de la mayoría de los medios de comunicación para que surjan otras voces que disputen el sentido común, dificultan aún más la labor. Incluso siempre me ha llamado la atención la disociación entre el lenguaje y la lucidez de los movimientos sociales, ciertas prácticas artísticas y organizaciones políticas populares y el discurso de las élites mediáticas de la cultura y la política. Salvo contadas excepciones, parecieran dos países distintos. Mi inquietud siempre ha sido cómo hacer para que ese lenguaje irrumpa en los medios y revierta cierto blindaje histórico. Igualmente, me gustaría añadir algo y es que yo creo que el neoliberalismo progresista como experiencia política está en horas bajas, está en un momento de agotamiento, está engendrando otra cosa. Lo que yo no sé es qué va a pasar con este ethos neoliberal o ethos del capitalismo, pero lo cierto es que hay que aprovechar esa fragilidad para orientar las fuerzas hacia otros lugares.

-       Es evidente que, como lo que acabas de señalar, el capitalismo está en declive y ello se demuestra de manera palpable con la elección de Trump, así como en el hecho de que, como bien tú reseñas, el autoritarismo hoy es ejercido no solo por los opresores sino también por los mismos oprimidos. En el ensayo del filósofo francés Étienne  de la Boétie, “La servidumbre voluntaria” publicado en 1576, ya sentenciaba que el ser humano por su propia voluntad  termina siendo esclavo de un sistema o régimen que lo oprime. ¿Se podría decir que ese es un rasgo característico del proceso de declive del sistema capitalista?        
                       
-       A mí no me gusta pensar en términos  esencialistas, es decir, no me gusta pensar que los seres humanos inevitablemente producen su propia esclavitud, me parece que siempre es más estratégico tratar las cuestiones en términos políticos, históricos y psicoanalíticos, incluso. Creo que es importante entender que el campo de lo social es un campo de lucha de fuerzas. Volviendo a los términos gramscianos, podríamos decir que en los pueblos habitan tanto fuerzas reactivas –que son las que reproducen formas de esclavitud- como emancipadoras. Entonces, es tarea de los políticos, de los artistas, de los intelectuales, de los maestros, de los militantes, priorizar las posibilidades de las experiencias libertarias para poder potenciar las fuerzas de carácter más emancipador, sabiendo que estas contradicciones son irresolubles. Como diríamos con Hegel, la dialéctica del amo y del esclavo habita en el interior del campo social. Incluso al interior de nosotros mismos. Y el peligro es constatar cómo ciertos dispositivos de liberación del amo no son  otra cosa que la creación de nuevos amos. Quizá el error sea pensar la emancipación de esa manera. Y el trabajo del siglo XXI consista en cambiar esas coordenadas de la lógica amo-esclavo...

-       Sin embargo, ¿no crees que estamos enfrentando en este momento una forma de fascismo sofisticado?

-       Sí, claro, justamente con Chantal Mouffe tenemos esa discusión, porque ella dice que el fascismo es una forma de gobierno determinada que tuvo lugar en una época y punto, y que por lo tanto ahora no podemos aludir a este término y que tampoco sería inteligente retomar ese legado. Aunque comparto su interpretación en términos políticos, creo que el fascismo no solamente debe ser entendido como un régimen de gobierno sino también como un ethos, como una forma de relación con los otros. Y me parece que su característica tiene que ver con una forma de relación donde el otro aparece como una anomalía o como un elemento a eliminar. Ese otro puede recibir distintos nombres: puede ser un inmigrante sirio en Europa; un inmigrante boliviano en Argentina; un inmigrante venezolano en Colombia; o por lo contrario, pueden ser los homosexuales, o los campesinos. Ese otro puede tener distintas identificaciones pero en todos los casos se lo asume como la anomalía que me impediría ser sí mismo. Creo que esa es la lógica o la forma de ser fascista que está operando hoy y me parece que se ha dado una articulación sumamente perversa a raíz del Brexit en Inglaterra; el triunfo de Trump en los Estados Unidos; el posible triunfo de Marine Le Pen en Francia; y tiene que ver con el hecho de que sectores populares en condiciones de extrema debilidad han identificado que sus problemas están relacionados con un otro que debe ser excluido. Y ante eso me parece que no es inteligente despreciar a los pueblos y acusarlos de fascistas. La izquierda lleva mucho tiempo asumiendo el lugar de la conciencia lúcida o juez supremo que condena el accionar de sus pueblos. Hay que cambiar de registro. Es necesario diferenciar la habilidad de los políticos para producir esas identificaciones entre el malestar colectivo y la lógica fascista de un otro a erradicar y las formas de malestar colectivo que produce el capitalismo financiero. Detectar ese matiz nos ayudará a comprender las estrategias fascistas de ciertos actores políticos y nos ayudará a construir una sensibilidad más cercana a las necesidades de la gente, a nombrar con ellos y desde ellos esos dolores colectivos. Un ejemplo de esta estrategia fascista la encontramos acá mismo, en Colombia, como acaba de hacer Vargas Lleras al decir que los “venecos” –en tono despectivo- son los responsables del incremento de la delincuencia en Colombia. Su estrategia es calcada a la de Trump. Por eso, la tarea de la izquierda hoy no puede seguir siendo la de quienes acusan por todos lados y no consiguen ni sumar votos ni construir hegemonía, por el contrario, tiene que ir orientada a producir identificaciones alternativas que ayuden a comprender los malestares desde otro lugar y comprender quiénes son los verdaderos responsables de sus problemas. Y esto no se hace solamente desde un partido político, son necesarios otros actores que asuman la importancia de esta pedagogía desde el ámbito de los medios, el arte, la cultura, las instituciones, la militancia y las organizaciones sociales.

-       ¿Qué papel juega en  los procesos de emancipación y en los proyectos progresistas el elemento de la cultura popular? Hago esta pregunta porque tú rescatas al antropólogo italiano Ernesto de Martino que trabajó las formas de sensibilidad…

-       Me interesa mucho el trabajo de Ernesto de Martino así como el de Jesús Martin-Barbero, que es un español exiliado que ya es colombiano. Me parece que uno de los errores de la izquierda en general tiene que ver con desatender la dimensión de la estética y con esto no me estoy refiriendo solamente a la cuestión del arte, me refiero a la dimensión sensible y perceptiva. En la política no solamente funcionan los argumentos racionales sino que hay un componente emocional del ámbito de la sensibilidad que es el que va moldeando los esquemas de percepción de las personas y que hace que, por ejemplo, alguien pueda llegar a creer que Mauricio Macri en Argentina va a resolver sus problemas. Es decir, ahí no está operando un elemento racional puro -más aún, creo que esta forma de entender la racionalidad es una patraña, puesto que, como diría Schiller, existe una razón sensible, no razón a secas- sino que también participa la dimensión sensible, que es algo que se va cocinando en la cultura. Por eso es importante trabajar esa dimensión, la dimensión de la sensibilidad, porque es a partir de esa comprensión de una razón sensible, donde las pasiones y los afectos tienen lugar de manera irreductible, donde las emancipaciones pueden activarse. Entonces, la labor de los políticos de la tradición de izquierda, de la tradición populista tanto en América Latina como en Europa, es prestar más atención a ese ámbito de la sensibilidad, a ese ámbito si se quiere cultural porque si no pensamos la articulación entre estética, sensibilidad, cultura y política estamos perdiendo la batalla, por eso el neoliberalismo la ha venido ganando hasta ahora. Si bien en Podemos de España asumen explícitamente este problema todavía hay inconvenientes para generar algo así como una “vanguardia popular”. Y creo que deberíamos recoger y reactivar esa simbiosis entre estética y política del primer constructivismo en Rusia, la impresionante apuesta cultural de México en el populismo de Lázaro Cárdenas o en la primera época de la Revolución cubana.  En estos ejemplos que menciono tuvo lugar algo que todavía no hemos sido capaces de reactivar en ninguna de las propuestas progresistas, populistas o de izquierda actuales.


-       ¿En ese sentido coincides con Chantal Mouffe en que  es necesario movilizar  las pasiones y los afectos en política?

-       Me parece que es algo necesario e inevitable. Una de las grandes conquistas de la socialdemocracia europea o esta forma de socialdemocracia en Colombia tiene que ver con el siguiente supuesto: la política civilizada es una política que habría logrado neutralizar los afectos y por lo tanto sería una política de la desafección en donde simplemente estarían operando los argumentos racionales. Pero esta creencia es una gran ficción porque, en el momento en que la desafección política tiene lugar, la gente deja de conectar con la política y canaliza hacia otros lugares esa dimensión afectiva y colectiva en estallidos que muchas veces pueden llegar a ser muy peligrosos y contraproducentes. En ese sentido coincido con Chantal y añadiría algo más, y es que en toda la tradición del pensamiento político las pasiones han tenido un papel muy importante. Por citar algunos ejemplos, en autores como Aristóteles, Maquiavelo, Hobbes, Schiller o Toqueville el papel de las pasiones y los afectos es central. El problema es que cierto punto de vista liberal de las ciencias políticas y la sociología contemporánea, como muy bien advirtió Schmitt, dejó de pensar en esta clave y  se abocó a un corpus teórico excesivamente racionalista –con una noción muy empobrecida de la racionalidad, vale resaltar-. Por eso, los estudios del populismo y la democracia radical no son una anomalía teórica, sino que reintroducen, de manera novedosa y desplaza, algo que había sido muy importante para el pensamiento político.        

-       ¿O sea, en buena medida la guerra política de acuerdo con tu respuesta, se juega en el ámbito de la estética? 

-       Hoy quizá tenga más sentido decir que la batalla política, para poder lograr una  hegemonía emancipadora, se juega en el ámbito de lo sensible, de las formas de sensibilidad que configuran nuestros modos de comprender y estar en el mundo. 

-       Tú hablas del populismo republicano. ¿Con este término a que quiere aludir?

-       Bueno, es un poco la misma estrategia que con el humanismo, y curiosamente viene de la Italia florentina.  Lo primero que podría decir es que existen muchos estigmas alrededor del populismo y sobre todo del populismo latinoamericano. Por otro lado, suele hacerse una contraposición entre populismo y republicanismo. El populismo se lo asocia con ausencia de instituciones y a los partidos republicanos como los defensores de las mismas. Así, habría un juego entre gobiernos populistas y antiinstutucionalistas y gobiernos republicanos institucionalistas. Y esto me parece que no se ajusta a la verdad. En primer lugar es necesario comprender que no existe una identificación entre partidos republicanos  y la defensa de las instituciones –Macri y Trump son dos buenos ejemplos-. En segundo lugar, habría que preguntarse qué tipo de instituciones construye el republicanismo. Porque sabemos que existe una tradición de republicanismo oligárquico, cuyas instituciones sirven para marcar una frontera entre unos pocos -privilegiados- y los muchos. Pero también existe una tradición de republicanismo plebeyo, cuyas instituciones están al servicio de las mayorías, es decir, garantizan el derecho a tener derechos. Y creo que esta última forma de republicanismo tiene grandes afinidades con el populismo. Por decirlo de forma esquemática, han sido los populismos realmente existentes los que construyeron instituciones y ampliaron derechos en América Latina.

-       ¿El ejemplo típico podría ser en ese sentido el peronismo?

-       Puede ser el peronismo, puede ser Lázaro Cárdenas en México, también Getulio Vargas en Brasil, y si pensamos todo lo que ha sido la transformación andina de Venezuela, Ecuador y Bolivia. Lo que ha tenido lugar en estas experiencias son procesos constituyentes, lo primero que hacen es crear constituciones plurinacionales, entonces esa es la gran paradoja porque para desacreditarlos salen a decir que son autoritarios y anti-institucionalistas pero la primera acción que hacen es crear un nuevo orden constitucional para reconocer a los sectores históricamente excluidos. No hay más republicano que ese gesto y sin embargo se los suele tildar de gobiernos autoritarios, anti-institucionalistas, etc.

-       Estoy ante una filosofa de la historia. Walter Benjamin dice que la historia debe servir de factor de revolución para encender desde el pasado la chispa de la esperanza. ¿Concuerdas  con Benjamin en ese sentido?
           
-       Claro que concuerdo con Benjamin, y cada  vez que paseo por la Carrera Séptima en Bogotá lo único que viene a mi mente es la experiencia irresuelta del 9 de abril de 1948.























                                                                                                                                             







sábado, 21 de enero de 2017

AMÉRICA LATINA

“EN LATINOAMÉRICA, LAS VÍAS ESTÁN ABIERTAS PARA FORJAR UN MUNDO MULTIPOLAR Y  GENERAR MÁS INTERCAMBIO SUR-SUR”: EMIR SADER


POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ

“Las vías abiertas de América Latina”, un trabajo bibliográfico de análisis que compila ensayos de varios intelectuales sobre la coyuntura social y política de la región, auspiciado por el Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN) del Ecuador y la Casa de la Cultura Ecuatoriana, fue presentado recientemente en Quito por el destacado politólogo y sociólogo brasileño Emir Sader, quien hizo una provocadora lectura del momento político del hemisferio en momentos en que Estados Unidos estrena nuevo gobernante.

El científico social y docente universitario carioca, exsecretario del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), dijo que ante la llegada del ultraconservador Donald Trump a la Casa Blanca debe existir una respuesta continental de más intercambio sur-sur, mayor proteccionismo e integración regional.

Explicó que el ascenso de Trump al poder ejecutivo en Estados Unidos es un rasgo político que permite decir que la historia de la región y del mundo está abierta.

“En el caso de Latinoamérica las vías están abiertas para un mundo multipolar. Porque la paz norteamericana no fue la paz, sino que se multiplicaron las zonas de conflicto en el mundo. Además, la globalización mundial tampoco cumplió las promesas, no solo de globalizar la economía, sino de retomar el crecimiento económico”, y ahora la cabeza bipolar del imperialismo compuesta por el nuevo mandatario estadounidense y Gran Bretaña están cuestionando este modelo ante los evidentes fracasos, explicó Sader.

Hizo un llamado para que los líderes latinoamericanos den una respuesta en conjunto frente a lo que se avecina con Trump, aumentando el intercambio sur-sur, el proteccionismo y fortaleciendo la integración regional.

Dijo que durante la administración Obama, salvo México y Cuba, el resto de América Latina estuvo ausente y algunos gobernantes como los neoliberales Michel Temer de Brasil y Mauricio Macri de Argentina esperaban “la victoria de Hillary Clinton, porque era la comandante de la restauración neoliberal. Al fin y al cabo, ella comandó el golpe en Honduras y Panamá”. Ahora, agregó, “están desconcertados porque se les cerró la puerta con Trump”, quien va impulsar un modelo económico proteccionista en Estados Unidos.

Sader señaló además que el desafío de Latinoamérica ante las agresivas políticas de Trump que se anuncian, es el de buscar caminos alternativos. En ese sentido, agregó, se trata de generar resistencias integradas en el continente.

En el caso de México, Sader dijo que se vendió a la “viuda quebrada” y se prestó para producir con mano de obra barata artículos de exportación hacia el mercado de Estados Unidos.

Según su óptica, la restauración conservadora en la región dependerá en buena medida de cómo evolucione el mundo multipolar, donde juegan Rusia y China en el actual ajedrez de la geopolítica internacional.

“El inmenso bloque progresista que existe, ha comenzado a renacer como alternativa y el 2017 apunta a un mundo multipolar por el debilitamiento del bloque hegemónico nacido desde los Estados Unidos”, dijo.

En el ámbito latinoamericano, explicó, es clave lo que suceda en Brasil con Inácio Lula Da Silva, quien pese a todas las artimañas que le han puesto para obstaculizar su candidatura presidencial en 2018, está decidido a dar la batalla. El resultado en las presidenciales en la nación carioca el próximo año “va hacer que Latinoamérica se vaya a un lado o al otro”, precisó Sader.

Avances de la integración latinoamericana fueron posibles

Sobre los alcances del libro que presentó en la capital ecuatoriana, el científico social brasileño comentó que el año pasado por iniciativa del presidente Rafael Correa, se realizó una reunión en Guayaquil con algunos intelectuales latinoamericanos y el expresidente uruguayo José “Pepe” Mujica para analizar los graves riesgos de restauración del neoliberalismo, pues ya habían ocurrido las victorias electorales de la derecha en Argentina, Venezuela y estaba en plena marcha el golpe parlamentario en Brasil contra la presidenta Dilma Rousseff.

“Allí yo propuse la idea de hacer un balance porque surgía la idea de fin de ciclo. Dije que lo mejor es que se hagan balances desde dentro del proceso, explicando lo que pasó, los logros y las perspectivas futuras”, recordó Sader.

Fue así como se organizó este libro, explicando la situación de cada país y parodiando la clásica obra de Eduardo Galeano, se optó por el título de Las vías abiertas de América Latina, en el que se destacan los avances de integración que fueron posibles gracias a los gobiernos progresistas y cómo se superaron los conflictos entre algunos países. “Eso permitió reintegrar el Mercosur y ampliarlo, además de crear Unasur”. El tratar de desarticular este eje, como lo desea la derecha, afirmó, deja a América Latina sin la perspectiva de comando, de qué hacer”. De ahí que los intentos de restauración conservadora generen inestabilidad, incertidumbre y tensiones internas. “Ahora Brasil y Argentina corren el riesgo de volver al mapa del hambre, al FMI; si se camina por las calles de Buenos Aires y Sao Paulo se vuelve a ver a la gente viviendo en las calles, los niños botados, volviendo a vender chicles en la calle, era una situación que había desaparecido”.

“Pese a que América Latina es la región con mayor desigualdad del mundo se planteó un intercambio regional más amplio, a través de los gobiernos progresistas que intentaron superar las tasas históricas del neoliberalismo”, puntualizó Sader.

Participan como ensayistas de este libro además de Sader, el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera; el filósofo argentino Ricardo Forster; el economista y politólogo ecuatoriano René Ramírez Gallegos; el diputado de Bolivia, Manuel Canelas; el historiador español Juan Guijarro; la politóloga y congresista uruguaya Constanza Moreira; y el economista español Alfredo Serran Mancilla, director Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG).



viernes, 13 de enero de 2017

EL IMPERIO

ENTREVISTA CON EL EXCANCILLER ECUATORIANO, FANDER FALCONÍ

“LLEGADA DE TRUMP A LA CASA BLANCA TIENE QUE PROVOCAR REACCIÓN LATINOAMERICANA QUE REIMPULSE PROCESO INTEGRACIONISTA CON MUCHA MÁS FUERZA”


POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ
Quito

La asunción como nuevo mandatario de los Estados Unidos del polémico magnate Donald J. Trump, constituye una oportunidad de reacción de las sociedades latinoamericanas frente a sus anunciados despropósitos políticos que, al parecer, están lejos de ser mera retórica de campaña, afirma el excanciller del Ecuador, Fander Falconí Benítez, quien alterna su actividad académica con la militancia política en el movimiento Alianza País, que lidera el presidente Rafael Correa Delgado.

Sobre la coyuntura socioeconómica latinoamericana, el proceso político ecuatoriano y las expectativas frente al nuevo gobierno estadounidense, dialogamos en Quito con este investigador social, doctor en Economía Ecológica y actualmente profesor en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), con sede en esta ciudad.

COMBATE A PARAÍSOS FISCALES TIENE QUE SER POLÍTICA ESTRATÉGICA LATINOAMERICANA


-       Ecuador comienza a presidir el Grupo de los 77 más China y quiere dejar como precedente su lucha contra los paraísos fiscales. ¿Teniendo en cuenta que este organismo está integrado por varios países cuyos gobiernos son partidarios de la globalización neoliberal, la actitud del gobierno del presidente Rafael Correa es para dejar una categórica posición frente a este tema, o avanzar en la lucha contra esas guaridas de dinero de los magnates del mundo?


-       El tener dinero en paraísos fiscales significa un menoscabo del patrimonio de nuestras sociedades, de nuestros pueblos, puesto que por los mecanismos de evasión y elusión fiscal se están llevando a los países ricos entre 21 y 23 trillones de dólares. Esto es una fortuna para nuestras sociedades, implica una descapitalización real, pueden ser entre comillas “mecanismos legales” pero es absolutamente ilícito, no solo porque se generan mecanismos de evasión fiscal sino porque, además, nuestras sociedades y nuestros gobiernos dejan de hacer obra pública, dejan de invertir en educación o en salud. Hay que tener en cuenta también que hay mucho dinero que puede ser colocado por concepto de venta de armas, narcotráfico, o por cualquier tipo de ilegalidades. Entonces, el combate a los paraísos fiscales es una política estratégica para los países latinoamericanos y en ese sentido Ecuador ha impulsado una lucha internacional para evitar los paraísos fiscales. El año pasado salió a la luz revelaciones de los denominados Panamá Papers que alertan sobre los intrincados mecanismos financieros que hay entre bufetes de abogados, empresarios de nuestros países, y evidentemente también funcionarios públicos deshonestos. Por ello creo que esta lucha debe ser llevada al máximo nivel, y efectivamente dentro de la Presidencia pro témpore que va ejercer el país con el G77 mas China, es un punto central de la agenda política que va a impulsar el Ecuador.


-       El gobierno ecuatoriano del presidente Correa también está impulsando internamente la realización de una consulta popular en ese sentido. ¿Cuáles son los alcances de esa consulta?


-       La idea de la consulta popular es que ningún funcionario público pueda ejercer si tiene plata en un paraíso fiscal y que la sociedad ecuatoriana tome conciencia de este flagelo que la afecta de manera directa, porque cuando uno mira y abre la prensa de nuestro país, con cierto desparpajo se ve no solamente cómo hay mecanismos de evasión y elusión, sino que, además, algunos de los candidatos presidenciales como es el caso de uno de los más  opcionados posiblemente a quedar en segundo lugar que es  Guillermo Lasso, de acuerdo a las revelaciones de los Panamá Papers, tiene dinero en Ciudad de Panamá. Esto es una grave situación desde mi punto de vista y la sociedad debe rechazar este tipo de prácticas que son usuales aparentemente en el mundo empresarial, en el mundo financiero, pero que no dejan de ser absolutamente ilícitas en términos morales y éticos.


NEOLIBERALISMO COMO SISTEMA DE MERCANTILIZACIÓN DE LA EXISTENCIA HUMANA


-    ¿Cómo se puede comprender que una sociedad como la ecuatoriana, que  después de una hecatombe económica como la que dejó el feriado bancario de 1999, y de varios años de neoliberalismo que llevó a la crisis política, moral e institucional del país, acepte que Guillermo Lasso, uno de los grandes beneficiarios de esa crisis financiera, sea candidato presidencial? ¿Hay un problema ético en la sociedad ecuatoriana al aceptar ese tipo de aberración?


-       Yo creo que el neoliberalismo no solo es una corriente macroeconómica, es un sistema de vida organizado que involucra aspectos de cultura, con una gran penetración en la sociedad y en el arte de la mercantilización de la existencia humana. Es imponer lo privado sobre lo público y en la macroeconomía se expresa en las formas de privatización, ajustes estructurales, despidos masivos, recortes como los que estamos viendo en la Argentina y hemos visto en todos los países que aplican políticas neoliberales a lo largo y ancho de toda América Latina, el sudeste asiático, entonces es un sistema que tiene unos tentáculos internacionales que se expresan en los tratados de libre comercio, en las normas de la Organización Mundial del Comercio, en los tratados bilaterales de inversión, es decir, en un conjunto de sujeciones internacionales. Este es un combate internacional que involucra a todas las fuerzas progresistas del continente y evidentemente que aquí en el Ecuador hay una expresión de ese neoliberalismo a la usanza criolla y como usted bien dice esto se expresó en la ‘sucretización’ de la deuda en los años ochenta en el gobierno de Osvaldo Hurtado (1981-1984), y en el feriado bancario a finales de los años noventa que implicó un masivo éxodo de ciudadanos ecuatorianos al exterior. Sin embargo, conspicuos representantes de esas políticas aparecen hoy como salvadores de la patria. Se esperaría que la democracia funcione y castigue a aquellos que, justamente, generaron este tipo de políticas tan nocivas para nuestras sociedades y tan beneficiosas para los bolsillos de pocos.


OPORTUNIDAD PARA FORTALECER INTEGRACIONISMO LATINOAMERICANO


-       Dada su experiencia como canciller, ¿cómo ve la perspectiva para América Latina de un gobierno como el de Donald Trump en un momento en la que la administración Obama deja entre comillas “en orden” el patio trasero y debilitados mecanismos multilateres como Unasur, Mercosur,  y aireado un organismo desacreditado como la OEA? ¿Es decir, el horizonte de Latinoamérica frente a la gestión del nuevo inquilino de la Casa Blanca es nublado?


-       Siempre hay que ver esto en una doble perspectiva. Por un lado, es lo que el imperio y sus políticas quieren hacer con nuestros países y la posibilidad  de reacción que tienen nuestras sociedades. Es decir, aquí hay un juego dialectico, yo esperaría que la llegada de Trump a la Presidencia de los Estados Unidos provoque una reacción de volver a pensar en nuestro proceso integracionista con mucha más fuerza porque las políticas que él esgrimió en campaña son absolutamente nocivas para la humanidad no solo para América  Latina. Él habla de la no existencia de un fenómeno que involucra tanta injusticia como el cambio climático; habla de construir un muro en la frontera de Estados Unidos con México; denigra y desprecia a los trabajadores mexicanos; denigra y se burla de los latinoamericanos; en ese sentido la reacción que debería haber es de unidad y fortalecimiento de nuestros mecanismos de integración; de volvernos a mirarnos a nosotros mismos a través de Unasur y de la propia Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Hay que lograr una reacción mucho más fuerte para detener los embates que anuncia Trump y que ojalá no pasen de ser posturas políticas de campaña. Desde mi punto de vista creo que él si quiere implementar determinadas políticas que no son solamente retórica de campaña y por lo tanto frente a ello es imperativo un llamado a la unidad latinoamericana.







           


miércoles, 11 de enero de 2017

ECONOMÍA DEL DESARROLLO

"NO HAY EXCUSA PARA ACEPTAR LOS PARAÍSOS FISCALES; QUIENES LOS UTILIZAN SON LADRONES"


POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ
Quito

La contundente afirmación es de Ha-Joong Chang, (Seúl, 1963), economista heterodoxo surcoreano y profesor de la universidad de Cambridge (Inglaterra), quien analiza el desarrollo económico de un país como la transformación social e intelectual de sus habitantes. Crítico de la economía neoclásica, es prolijo al expresar sus ideas con un discurso discrepante, el cual guarda una enorme distancia con las posturas tradicionales de las instituciones financieras y la visión de los analistas con tintes neoliberales. Este académico e investigador, especialista en economía del desarrollo, considerado como uno de los principales referentes de esta materia en el mundo, estuvo en Ecuador en los primeros días de este mes de enero exponiendo varias de sus tesis y dialogando con actores públicos y privados, entre ellos el propio presidente Rafael Correa.

Sus dos principales obras, Patada a la escalera y ¿Qué fue del buen samaritano?, constituyen trabajos académicos muy bien sustentados que ilustran, en el caso del primero, sobre cuáles fueron las políticas que aplicaron los países denominados del primer mundo para lograr desarrollarse. Y, el segundo, alude sobre todos los obstáculos y argucias de las que se valen estos Estados para evitar que las naciones subdesarrolladas utilicen los mismos mecanismos que ellos optaron para progresar.

Los ilusos economistas neoliberales piensan que podrán usar la misma escalera de los países ricos. La escalera que utilizaron estos países, señaló Chang,  no resiste un segundo usuario, debido a la inequidad social y el deterioro ambiental que genera este tipo de desarrollo. Parafraseando la famosa serie Misión Imposible, dijo que esa escalera ya se autodestruyó hace algún tiempo.

Esos títulos bibliográficos de su autoría son una crítica a los neoliberales que creen a rajatabla en la “ilusión”, según la cual, los países desarrollados consiguieron industrializarse gracias al libre comercio, la desregulación y las privatizaciones. Por el contrario, lo consiguieron vía proteccionismo y regulación de sus economías.

En 2005, el profesor Chang obtuvo el afamado premio Wassily Leontief por ampliar las fronteras del pensamiento económico (entre cuyos ganadores están John Kenneth Galbraith, Amartya Sen, Herman Daly, José Antonio Ocampo, Angus Deaton, Amit Bhaduri, Joan Martínez Alier). Además de los libros ya mencionados  es autor también de los que llevan por títulos: Naciones ricas, políticas pobres; 23 cosas que no te cuentan sobre el capitalismo; y Economía para el 99% de la población.

El pasado 5 de enero, ofreció una conferencia magistral en el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL), en Quito, sobre el tema “Economía y finanzas del desarrollo del Sur, su relación con el conocimiento y la industrialización”. Convencido de la importancia de mantener un vínculo constante entre producción y conocimiento,  Chang plantea la necesidad en el caso de los países latinoamericanos, de dar fuerza a la industria manufacturera, sin descuidar las actividades tradicionales de la economía doméstica.

La incertidumbre con el gobierno de Trump

Sobre la nueva coyuntura de la política económica estadounidense, dijo que mucha gente está preocupada porque Donald Trump se vuelva proteccionista, dado el énfasis de su discurso en ese sentido, pero hay que tener en cuenta, agregó, que Estados Unidos ha firmado varios acuerdos internacionales, que finalmente el nuevo huésped de la Casa Blanca no tiene la capacidad de reescribir todo, porque ese país siempre ha ignorado las partes que no le convienen en esos pactos de libre mercado. Sí se va a poner más proteccionista, pronosticó, pero no es posible que pueda hacer las cosas totalmente diferentes. Y lo más importante, es que no le van a permitir hacerlo las corporaciones norteamericanas. Imponer un 35% de tarifas sobre importaciones chinas, como lo plantea hacer Trump, quiere decir que los teléfonos Apple van a subir su precio un 35% y la empresa no lo va a permitir. El punto es que la producción hoy en día está tan internacionalizada en el sentido de qué significaría ser proteccionista;  por eso es que va a resultar muy difícil y complejo.

“Quien utiliza paraísos fiscales es un ladrón”

Respecto del tema de los paraísos fiscales, Chang consideró que quienes evaden impuestos, a través de estas guaridas de dinero, son ladrones, están robando. No hay excusa para aceptarlos. Reconoció que hay muchos problemas técnicos de cómo definir los paraísos fiscales, ahora se lo hace únicamente sobre el índice de impuestos. Pero esto no debe ser una excusa para no hacer algo.

Al explicar por qué existen paraísos fiscales, el profesor surcoreano señaló de manera puntual: “porque los países ricos lo permiten. Si Estados Unidos enfrenta a los paraísos fiscales de la misma manera que lo hace con los países que comercian con Irán y Cuba, no existirían paraísos fiscales en el mundo”.

Estos mecanismos de evasión, agregó, realmente están dañando la economía global porque otra gente está haciendo dinero por medio del uso de servicios de manera gratuita. El principio de mercado es que se debe pagar por algo que se está utilizando y muchas compañías predican que no se sigan estos principios básicos. Al final puede ser resuelto por medio de acuerdos internacionales, pero incluso también a nivel nacional. Resaltó el ejemplo de Ecuador, país en el que el gobierno del presidente Rafael Correa está impulsando una consulta popular para aprobar un pacto ético. Se pueden hacer algunas cosas para restar ventajas a la gente que utiliza paraísos fiscales. Ecuador propone discriminar a la gente de la función pública que tiene dinero en estas guaridas. Es decir, hay que disminuir el poder de quienes utilizan estos mecanismos de evasión impositiva. De hecho, hasta cierto punto, se puede penalizar. Esto debe ser visto desde una perspectiva internacional. Va a tomar mucho tiempo, dijo, para que se pueda hacer algo definitivo. Hasta que eso ocurra, los países pueden hacer lo que esté a su alcance para que la gente se desmotive a utilizar paraísos fiscales.

Reconversión productiva

Otro de los temas que Chang abordó en su charla fue el del proceso productivo de los países. Señaló que a largo plazo la concentración en productos primarios, en un número tan pequeño, es un síntoma de un nivel bajo de capacidades productivas, porque lo que distingue a las economías en desarrollo de las más avanzadas es la habilidad de generar nuevas tecnologías, de crear nuevos productos.

La definición de en qué áreas de producción un país puede ser bueno se ve influenciada por el contexto natural. Se refirió a la experiencia de Japón y se interrogó: ¿por qué son tan buenos produciendo carros, si no tienen suficiente espacio? Es porque ellos decidieron ser buenos en eso. Otro caso, dijo, es el de Corea del Sur, uno de los países mayores productores y exportadores de acero en el mundo. No había razón natural para desarrollar la industria del acero, sino que en 1960 el gobierno decidió priorizar esta industria. Depende solo de la visión de cada país. Realmente no hay límites a lo que pueden hacer, precisó.

Necesidad de medidas proteccionistas

Chang considera necesario la adopción de políticas proteccionistas o barreras comerciales para países que requieren avanzar en sus niveles de desarrollo, más aun cuando a lo largo de su propia historia económica las naciones ahora ricas lo hicieron y lo siguen haciendo: basta ver la fuerte acción política de Trump para evitar que las grandes transnacionales de la industria automotriz norteamericana sigan operando en México. Sugiere, además, evitar caer en trampas como la especialización, porque ello es depender de exportaciones de productos primarios.

Correlación entre educación, conocimiento y desarrollo industrial

Durante su disertación, Chang también se refirió a la correlación que debe existir entre la calidad del sistema educativo y la generación de conocimiento como los pilares que sustenten el desarrollo industrial del país. Sugirió potenciar la industria manufacturera, sin que ello implique ignorar las actividades tradicionales vinculadas a los commodities (materias primas). Dijo que ambas industrias se complementan y posibilitan la creación de bienes y servicios con valor agregado. Una alternativa está en la introducción de nuevos cultivos en el área agrícola. Si bien la meta de alcanzar una economía basada en la generación de conocimiento se proyecta a largo plazo, Chang recomienda, a corto plazo, que durante la transición se maximicen las exportaciones de materias primas.

Al recomendar el impulso vigoroso de procesos de industrialización en los denominados países en vía de desarrollo, este analista económico, considera que para lograrlo se requieren proteger y subsidiar a las nacientes industrias.

Tratados de libre comercio no permiten desarrollar industria

En concordancia con la postura del presidente Rafael Correa, el economista surcoreano fue categórico en señalar que los acuerdos de libre comercio no son la receta para el desarrollo de los países. Por eso recomendó que éstos deberían tener un plazo fijo, no ser indefinidos y tener posibilidades de renegociación. Dijo, además, que estos convenios son perjudiciales y nocivos para la generación de industria en un país.

Ha-Joon Chang sostuvo que la historia económica mundial evidencia que la competencia internacional es a todas luces injusta y que aquellos países que se industrializaron aplicaron políticas activas para lograr el desarrollo, todo lo contrario al libre mercado que recomiendan como paradigma los organismos financieros internacionales.

Inversión extranjera y gasto público

Desacralizó las bondades de la inversión extranjera directa, señalando que no es la panacea como muchos creen, pues ella goza de una serie de exenciones tributarias y de muchas gabelas en los países a los cuales destina sus recursos. Ningún país se ha desarrollado gracias a la inversión extranjera, dijo Chang, aunque sugirió que la misma debe atraerse de manera selectiva y los Estados deben contar con mecanismos expeditos para lograr la maximización de sus alcances.

De otro lado, se refirió a las bondades del gasto público. Afirmó que recortarlo como hacen los gobiernos neoliberales so pretexto de enfrentar el déficit fiscal y la deuda es una equivocación. El gasto público, enfatizó, es una inversión que se revierte en beneficio de un país.

La necesidad de un Estado fuerte

Criticó la postura que preconizan los neoliberales, según la cual, se necesita menos Estado para avanzar económicamente. Por el contrario, señaló, se necesita uno grande y eficaz, porque el desarrollo requiere de un Estado con capacidad para apoyar todos los esfuerzos e involucrarse en el afianzamiento de las áreas estratégicas de un país.

Puntualizó que la relación Estado-mercado tiene que ver con una dimensión política y ética.

Conferencia en CIESPAL

La charla magistral del profesor Chang en las instalaciones de CIESPAL, en la que también participaron Julio Peña y Lillo, presidente del Consejo Directivo de esta institución; el excanciller ecuatoriano Fander Falconí; y, Pabel Muñoz, del Instituto de Pensamiento Político del movimiento Alianza País, en el siguiente video:




Extracto del trabajo bibliográfico Patada a la escalera

Una versión resumida del trabajo bibliográfico del profesor Ha-Joong Chang que lleva por título Patada a la escalera: la verdadera historia del libre comercio, puede descargarlo ingresando al siguiente enlace: http://bit.ly/2iklDvy    


martes, 10 de enero de 2017

SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

“PARA LOGRAR TRANSFORMACIONES POLÍTICAS Y SOCIALES NO SOLO BASTA CON LLEGAR AL PODER, HAY QUE HACER UNA GRAN REVOLUCIÓN INTELECTUAL Y MORAL”


POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ
Quito

Entrevista con el investigador social, politólogo y profesor universitario ecuatoriano, Julio Peña y Lillo E.

De reforma en reforma se van a ir dando las grandes transformaciones en aquellos países con gobiernos progresistas que luchan por superar el malhadado modelo neoliberal que pretende a como dé lugar desposeer a los Estados en beneficio de los concupiscentes intereses del sector privado, las grandes corporaciones y el capital especulativo transnacional, pisoteando las conquistas sociales y la garantía de los derechos fundamentales de los pueblos. Esa es la lectura que hace el politólogo e investigador social ecuatoriano, Julio Peña y Lillo E., de la coyuntura política de América Latina, en que pese a los intentos de restauración conservadora, aún algunos mandatarios de izquierda siguen batallando por lograr avanzar en su propósito de darle identidad a lo nacional-popular en medio del feroz embate del capitalismo a través de sus agentes políticos de la derecha y sus cajas de resonancia comunicacionales por combatir y eliminar todo proceso democrático y emancipador como es el caso concreto de países como Ecuador, Bolivia, Venezuela, luego de que lograron tomar por asalto el gobierno de Brasil y ganar para sus oscuros intereses, mediante una pírrica victoria, las elecciones presidenciales en Argentina, para sumir a esta nación nuevamente en la desesperanza y el caos social, retornando a la negra noche neoliberal de comienzos de este siglo.

Para este científico social ecuatoriano que se desempeña como presidente del Consejo de Administración del Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL), con sede en Quito, uno de los retos de los gobiernos alternativos es el de construir hegemonía, lo cual implica ser capaces a través del discurso y la gestión pública de convencer a la mayoría de la población para renovar el apoyo político. Ello, explica, solo es posible a través de la organización y de la movilización, pero también mediante la ocupación de ciertos campos estratégicos como es el de la comunicación.

Peña y Lillo es un destacado docente universitario, máster en Ciencias Políticas por FLACSO-Ecuador y en Gestión y Desarrollo por la Universidad de la Sorbona, París-I. Sus líneas de investigación se centran en temas relacionados con las tensiones y desafíos originados a partir de la llegada de la izquierda a los gobiernos de la región latinoamericana.

En su oficina de CIESPAL nos recibe amablemente para dialogar sobre manipulación mediática, neoliberalismo y los desafíos de la izquierda en América Latina. Sirve de inspiración política e intelectual para entrevistado como entrevistador un cuadro con la foto del presidente Salvador Allende, que muy seguramente Peña y Lillo ha colocado dada su ascendencia chilena por parte paterna.

La industria cultural, importante herramienta de manipulación del capitalismo

-       En el ámbito comunicacional, hoy en día los medios de propiedad de las grandes corporaciones monopólicas son descarados actores políticos. Los Estados y gobiernos progresistas de América Latina tienen que hacer  frente a los ataques perversos de estos conglomerados comunicacionales. ¿Esta batalla hace parte de la guerra entre la visión progresista humanista de los gobiernos alternativos frente  la barbarie neoliberal?

-       Efectivamente, yo creo que los medios de comunicación son una herramienta, un instrumento clave que forma parte de los aparatos ideológicos de denominación a través de los cuales se reproduce el pensamiento dominante, que es un pensamiento estrictamente neoliberal, individualista, de un discurso que plantea la competencia por sobre la colaboración. Es por ello que cuando hablamos de disputarle al paradigma neoliberal, tenemos que tener en cuenta que en América Latina el neoliberalismo durante dos décadas, las llamadas décadas perdidas  ochentas  y noventas, desmontó  todo lo que tiene que ver con incipientes estados de bienestar que estaban nacientes en  nuestro continente, dejándolo todo al mercado con esa idea de que el mercado es el que va a dar las soluciones para nuestros pueblos. Vemos entonces que los  resultados fueron nefastos, eso fue lo que llevó a cambios de gobiernos entrado el siglo XXI, pero estos cambios no son suficientes. Muchas veces para poderlos desarrollar y profundizar los cambios no son suficientes y es ahí cuando hablamos del poder relativo  del Estado. Cuando tú hablas de este poder tienes que considerar que el Estado no tiene todas las fuerzas para llevar a cabo esa profundización de la democracia que requieren nuestros países, ¿y por qué? Porque a diferencia del siglo XX en donde las izquierdas o el bloque socialista hablaba de una dictadura del proletariado, es decir de una nacionalización de los sectores privados y una nacionalización de la economía, en el siglo XXI a diferencia de ese modelo, se busca hacer el cambio dentro de la democracia sin dictaduras, sin armas, reconociendo a la pluralidad de voces y de fuerzas, y ahí estos procesos se topan de frente con el capitalismo y  una de las herramientas más duras que tiene el capitalismo es lo que se llama la industria cultural. En cine tenemos a Hollywood, tenemos todas las series televisivas donde nos muestran el American wife of life, ese modelo de sociedad supuestamente a la que nuestras clases medias y altas aspiran y dentro de todo esto tenemos las cajas de reproducción de mensajes de los noticieros que van a estar siempre opuestas a  todos los procesos democratizadores que hablan de pagar impuestos, de pagar salarios dignos, de redistribuir la riqueza, y se los va a tachar en una lógica maniquea inmediatamente de chavistas, castristas, bolivarianos, terroristas, amenazas para los modelos liberales. Entramos, entonces, en un momento de polarización en donde todo se pone en blanco y negro, muchas veces tiene las de ganar quienes, como ya decía Marx, controlan los medios de producción, y en este caso los bienes tecnológicos como son los medios de comunicación, esto lo hemos visto claramente en el impeachment que se montó en Brasil en donde toda la red O Globo, a pesar de que no hubo pruebas contundentes ni fehacientes contra Dilma, se le dio por incriminada. De esta manera se planteó ese mensaje a toda la población y tenemos además de cómo los medios inciden en los procesos democráticos, ni hablar de Venezuela en donde desde el primer día del gobierno de Chávez y luego del presidente Maduro han  realizado un hostigamiento, así como contra los procesos ecuatoriano y boliviano y todo lo que constituye democratización.

Ciudadanía republicana

-       En tus investigaciones y ensayos has venido sosteniendo la necesidad de recuperar los valores republicanos en esta etapa entre comillas de “proceso de emancipación” en América Latina. ¿A que hace referencia ello?

-       Cuando hablamos de recuperar los valores republicanos hago referencia a la modernidad que comienza con la Revolución francesa que alude a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad. Y claro estos tres elementos claves del inicio de la modernidad que se vieron luego traicionados por el capitalismo, no permitieron desarrollarse a fondo a la igualdad ni a la fraternidad, pero más allá de esto, haciendo un paréntesis, yo hablo de qué fue lo que sucedió en ese momento, y es que se acabó con la nobleza y con la monarquía,  todos pasaron a tener derechos, que es lo que te plantea la Revolución, que todos podamos ser ciudadanos, que todos podamos ser iguales ante la ley, y para ello todos podamos participar en la política, y también otra cosa muy importante, lograr una cultura tributaria, en donde el que tiene más colabore más, esa es la forma de solidaridad republicana que no se ha comprendido hasta ahora en nuestras republicas, que han guardado una herencia colonial de élite desvinculada de lo que estas élites llaman los cholos, los negros, los indios, los verdugos. En ese sentido, los paraísos fiscales son una forma de  reproducción de ese colonialismo. Es decir, produces en tu país, te sirves de su viento, de su sol, del agua de sus ríos que son factores de nuestra rica naturaleza y también te sirves de las malas condiciones laborales de nuestros trabajadores, de sus bajos salarios con los cuales produces grandes cantidades de cacao, de café, de banano, de flores, te enriqueces y toda esa plata no  se queda para  apostar al desarrollo del país sino que se va. De eso es lo que yo hablo cuando  digo que hay que recuperar el sentido republicano, que es la conquista de derechos que se obtuvo después de la Revolución francesa pero también la responsabilidad que eso implica: tienes derechos pero también responsabilidades y solidaridades. Solidaridades que pasan por fuera de la caridad o por fuera de esos teletones que hacen en Chile, es decir, políticas públicas estructurales establecidas y sostenidas con las contribuciones de la sociedad. El ejercicio republicano es esto, por un lado, luego está el compromiso ciudadano que en el caso de la republica solo fue posible en Francia a través de  la activación del compromiso de la sociedad, del movimientismo y de la conciencia política. La sociedad tiene que estar activa, movilizada y estar participando, no puede desvincularse de lo que pasa y tiene que ejercer presión en sus políticos para que se logren democratizar sus países. En contraste, el neoliberalismo prácticamente no reconoce a la sociedad ni a sus demandas y prefiere ciudadanos pasivos que se  activen cada cuatro años votando y punto. En consecuencia, la ciudadana republicana requiere que estemos constantemente hablando de política en nuestros barrios, que se debata en la televisión y esto es lo que falta en nuestros medios. En nuestros medios se hace cocina, se hace  reguetón, se hace baile, pero hace falta conocernos en nuestros propios países, qué hacen los de los pueblos vecinos, los de la Amazonía, los de la sierra, los de la costa, qué sucede en Colombia, en Brasil, más allá de reconocer nuestros problemas reales lo que nos tiene la televisión es adormecidos. Ciudadanía republicana implicaría activarnos, reclamar, organizarnos, movilizarnos. Entonces tienes por un lado sujetos activos no pasivos, sujetos republicanos activos que están haciendo de su cotidianidad política su vida y la construcción de Estados que para evitar derramamiento de sangre como fue en la época de la revoluciones en donde se cogía a los nobles y se los degollaba en la plaza, es necesario generar políticas de la solidaridad a través de una lógica que es lo más normal: el que más tiene paga más, no se puede esperar que el dueño de la empresa pague igual que el cuidador de la misma, es lo que pretende normalizar como discurso el neoliberalismo.

-       Con base en lo que acabas de explicar, ¿el modelo neoliberal no solamente busca el empequeñecimiento del Estado sino también el desconocimiento de los valores republicanos?

-       Así es, el neoliberalismo que surge con fuerza a través de ese tridente nefasto que fue Reagan, Thatcher y Pinochet, lo que plantea es quitarlo del juego al Estado, porque según lo que preconiza, éste obstruye la capacidad de acumular más rápido la riqueza y pone trabas. El momento que me obligue a pagar un salario digno me pone trabas; el momento en que me obliga a reconocerle vacaciones a mi trabajador me pone trabas; el momento en que yo no pueda despedir cuando a mí me dé la gana me pone trabas; es decir, el neoliberalismo genera las condiciones para poner todo en favor de los propietarios de las empresas, en favor del capital y descuida toda la parte de los derechos del trabajador, todas  las conquistas sociales y lo que estamos viendo ahora en Europa es que se está desmontando Estados de bienestar como se vio en Grecia, Portugal, España, para favorecer a la banca  privada, a las finanzas, al capitalismo financiero. Bajo ese  escenario no puede existir una lógica republicana de esa herencia modernista francesa, que es  la que implica ciudadanos responsables, ciudadanos solidarios, en donde, por ejemplo, el que más tiene más paga. Por eso el neoliberalismo habla no de impuestos progresivos que son en lógica republicana, sino regresivos, en los que todos pagamos lo mismo y les parece eso normal, en un continente como el nuestro de altas desigualdades en donde más o menos el 3% de la población concentra el 70% de la riqueza, cómo alteras esa realidad. Sin embargo nuestras élites quieren ser Alemania, quieren ser Miami o Europa, pero con las condiciones coloniales premodernas, eso es una incongruencia y el neoliberalismo lo reproduce.

Dinámica del neoliberalismo: acumular para el privado lo que va desposeyendo del público



-       En el sistema capitalista siempre ha primado el valor de cambio frente al valor de uso, y eso lo podemos ver en la mercantilización de los derechos fundamentales: salud, vivienda, educación, etc. ¿El valor de cambio que es la esencia del sistema capitalista y por supuesto del neoliberalismo, está acabando con la civilización del planeta tierra?

-       Sí, para dar respuesta quisiera hablar en dos tiempos. Aquí tenemos que retomar lo que decía David Harvey al referirse a la acumulación por desposesión, es decir, el neoliberalismo vive gracias a esta dinámica en virtud de la cual logra acumular para el privado lo que va desposeyendo del público. Entonces si tú tenías una seguridad pública, pues ya no vale, ahora solo tienes seguridad si te la puedes pagar. Si tú tenías una educación pública de calidad, ahora ya no vale, al achicar el Estado no asignamos recursos a la educación, que se joda la educación pública y que se eduque bien el que pueda pagar. En esa lógica de acumulación por desposesión que explica bien Harvey se aplica también en el Estado. El Estado es desposeído de sus responsabilidades: de garantizar salud, educación, incluso comunicación, porque los neoliberales  tienen una forma particular de entender lo que llaman libertad de expresión; habría que preguntarse, qué libertad tiene el indígena de la Amazonia de poder explicarnos a los ecuatorianos qué come, cómo baila, cómo festeja, cómo trabaja. No hay libertad de expresión para todos, nos desposeen de todas las garantías mínimas que necesitamos los ciudadanos para vivir dignamente en pro de la privatización del mundo, y esto qué quiere decir, que es el sacrificio de los valores de uso por  los valores de cambio que se ve en todas las instancias de la sociedad.

La economía requiere de manos visibles que la regulen

-       En otro de tus ensayos señalas que confiar en la mano oculta del mercado, en la mano invisible de la que hablaba Adam Smith, constituye o implica crear un dios, una entidad metapolítica. ¿Digamos que en ese sentido el neoliberalismo se convirtió en una religión?

-       Esto lo trabaja bastante bien el filósofo ecuatoriano-latinoamericano Bolívar Echeverría, y es una idea que extraigo de uno de sus ensayos. Él nos dice que es un mito lo de la secularización de la sociedad junto a la modernidad. La modernidad tenía muchas potencialidades cuando hablaba de fraternidad, de igualdad, cuando se refería a todos esos principios que derivan de la Revolución francesa, pero esa modernidad se ve traicionada cuando la herramienta que utiliza para desarrollarla es el capitalismo, porque el capitalismo no genera igualdad sino desigualdad; el capitalismo no genera  fraternidad que implica cooperación, genera competencia; uno gana, otro pierde, y por fuera de ello se acentúa una entelequia: cuando pierde  el  neoliberalismo o capitalismo te habla de una mano invisible. ¿Qué quiere decir que la economía se deba regir por una mano invisible? Que ponemos a la sociedad en manos de una entelequia, de una fuerza que está gravitando por ahí, y que por sí sola va a dar respuesta a las necesidades de los africanos, de las  favelas y de las chabolas latinoamericanas. ¿La mano ciega del mercado va a dar esas soluciones? No es acaso esa otra fe en un sistema que hasta ahora no ha respondido nada bien, no es acaso esa una forma de dogma por lo que el pensamiento crítico cuestiona a la economía política que establece El capital de Marx y que deriva los pensamientos de izquierda que cuestionan ese dogma de fe. ¿Cómo así una mano invisible que está ahí como entelequia va a responder a las necesidades de la sociedad y cómo así los políticos que son los llamados a transformar las realidades de sus países, creen todavía en una entelequia de tal naturaleza?, entonces esa es una cuestionamiento fuerte. Si volvemos a la crisis capitalista de finales de los años 20 del siglo pasado vemos que esa mano invisible ya había fracasado y generó el Crac del 29 que es lo que hace que surja el keynesianismo que dice no, se requiere un Estado que regule, una banca que sea controlada, que sea vigilada, que cree impuestos y una serie de controles que luego en los años 80 con ese tridente que he mencionado va hacer nuevamente el tejado de a lado, esa lógica keynesiana de donde ya se habla de regulación, de control, justamente porque limita la aceleración de la  acumulación de capital. Entonces Milton Friedman le dice a Reagan, el keynesianismo nos está matando, podríamos generar mucha más riqueza, quitando los controles y vamos nuevamente a esta lógica de la mano invisible radical, esa entelequia que debería solucionar nuestros problemas que es otro dogma de fe. La secularización, en cambio, implica la capacidad que tiene el hombre de construirse a sí mismo a partir de modelar la sociedad que quiere y esto de dejarnos llevar por una mano invisible que nos daría  las soluciones es justamente volver a una lógica religiosa de fe que es supuestamente la que nos dice que algún rato accederemos a un paraíso, el paraíso debe ser construido aquí, ahora, y con nosotros, y no a través de manos invisibles sino a través de manos bien visibles que entren y regulen la economía, la redistribuyan y la  pongan en beneficio de la sociedad, y esto es algo que el neoliberalismo no quiere escuchar.

-       Tú has señalado también que uno de los retos del progresismo que busca la emancipación frente al capitalismo es poner en cuestión al modelo neoliberal en este momento mediante una guerra de posiciones desde el  punto de vista de Gramsci. ¿Por qué?

-       Porque cuando hablamos de Gramsci nos referimos a la construcción de hegemonía y esto implica ser capaces con nuestro discurso de convencer a la mayoría, para que la mayoría apoye el proyecto que tú le estás presentando y esto solo es posible a través de un planteamiento político, de  la organización y de la movilización, pero también a través de la ocupación de ciertos campos en donde antes no estábamos, uno de ellos, por ejemplo, es el de la comunicación. Cuando en Ecuador se habla de  llevar a cabo una Ley de Comunicación, estamos hablando de llevar a cabo una ley de posiciones. De posicionarnos en un espacio que por lógica de acumulación por desposesión era completamente restringido, implanteable, infranqueable,  entonces cuando se habla de acceder un 33% de las frecuencias para lo público, un 34% para lo comunitario, y un 33% para lo privado se está logrando ocupar ciertas espacios que antes estaban destinados únicamente  a  los intereses del capital privado y a partir de esa conquista logras conectarte con necesidades sociales como son las comunitarias. Las comunidades indígenas, por ejemplo, no van a estar en  contra de una ley como esta si les va a dar voz,  si les va a dar la posibilidad de comunicarse entre ellas, comunicar hacia el Ecuador. Lo cual es una necesidad real. Ahí te vas posicionando en campos que antes no eran factibles porque estaban restringidos, por eso es que la guerra de posiciones es clave, sobre todo en cómo ocupar campos que han sido restringidos, que han sido privatizados. Ahí viene el poder que tuvo la Revolución Ciudadana liderada por el presidente Correa. Es decir, llegar al poder, llegar al Estado que fue algo siempre muy criticado por parte del lado marxista, pues el Estado siempre fue visto como un aparato funcional a las burguesías y ahí conectándonos con Álvaro García Linera que se vincula por ejemplo con pensadores como Nicos Poulantzas vemos que sí, que el Estado puede ser un aparato para las burguesías si es la burguesía la que controla el Estado por eso la izquierda si quiere disputar el poder debe organizarse y generar una hegemonía; unirse y no fraccionarse que es lo que sucede que la propia izquierda le tira piedras al rejado de la otra izquierda porque no es tan bonita como ella quisiera. El hecho  de lograr la unidad de amplios sectores como fue el caso de la Revolución Ciudadana permite recuperar esos espacios que fueron despojados como fueron la educación, la salud, la comunicación. Si en las elecciones presidenciales de febrero gana Lenín Moreno deberíamos seguir avanzando en ese sentido contrario al neoliberal que implicaría mayor democracia, mayor participación, más radios comunitarias, más radios públicas, más pluralidad de voces, esa es la idea.

Importancia de seguir sosteniendo procesos de cambio en Latinoamérica

-       ¿Crees que en la actual coyuntura de América Latina y el Caribe, la izquierda debe continuar combinando reformismo, resistencia y  rebeldía?

-       Yo creo que ahí deberíamos acordarnos del famoso mito de la revolución, ese debate clásico entre Marx con Feuerbach: si mañana llega la revolución es el paraíso en la tierra, ya está todo conquistado, hay que ser cuidadosos. Es decir, si hablamos de las condiciones políticas en las que estamos inmersos en el siglo XXI, condiciones en las que ya no se habla de dictadura del proletariado, no se habla de armas, ni de nacionalizaciones de la economía, ni de los sectores productivos, esto implica pensar la izquierda desde otra perspectiva y eso para los marxistas puede ser concebida como  reformista, pero ahí hay que  considerar que de reforma en reforma podemos  llegar a la revolución. Acordémonos de René Ramírez cuando habla de la gran transición para la gran transformación, es decir, no solo basta con llegar al poder, hay que hacer una gran revolución intelectual y moral, que la sociedad acompañe esa salida de la sociedad de consumo por ejemplo, que es una de las grandes falencias de nuestros procesos que han ensanchado las clases medias, hemos generado un sinnúmero de consumidores, pero lo que nos ha faltado es que  estos  consumidores se conviertan a su vez en ciudadanos con lógica republicana, lo cual implica que si mi situación económica se mejora debo contribuir un poquito más con el Estado y no  enojarme  por ello. Yo creo que las reformas que se han llevado a cabo en Brasil, en Argentina, en Ecuador, en Bolivia, han beneficiado a los sectores más vulnerables, ha habido una reducción en las brechas de pobreza, de desigualdad, de desempleo, se han mejorado las infraestructuras, los hospitales, colegios, y esto dentro de una línea de fortalecimiento de lo público. Se ha dado dignidad a lo público, antes el neoliberalismo te planteaba lo público como  lo peor,  como lo indigno, mejor cerrarlo y que todo sea privado, pero lo privado es privativo, solo los que cuentan con dinero pueden tener acceso. Estas reformas tienen que ser miradas desde una óptica de mediano y largo alcance, esto está comenzando y hay que seguir empujando por eso es importante seguir sosteniendo estos procesos de cambio porque de reforma en reforma se van a ir dando las grandes transformaciones, La transformación de la noche a la mañana es un mito, entonces hay que tener mucho cuidado.