lunes, 10 de junio de 2019

HISTORIA


AVELINO ROSAS, EL OLVIDADO TALENTO MILITAR Y LUCHADOR POR LAS CAUSAS LIBERTARIAS DE NUESTRA AMÉRICA





POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ

Invitado por el general Antonio Maceo a hacer parte del ejército libertador de Cuba, tras la muerte en combate de José Martí, el teniente coronel colombiano, oriundo del departamento del Cauca, Avelino Rosas Córdoba, fue no solo un talentoso militar sino un aguerrido revolucionario que participó en la denominada Guerra de los Mil Días que desgarró a Colombia entre 1899 y 1902.

Tras su participación en la gesta cubana, donde fue ascendido a general de División en Matanzas, el “león del Cauca”, como lo llamaba Maceo, retornó a su patria para ponerse al frente de las fuerzas liberales del sur y combatir a las huestes gobiernistas conservadoras que condenaron a Colombia al statu quo político y cultural, impidiéndole ingresar a la modernidad.
Durante la Guerra de los Mil Días, Rosas, nacido en la población caucana de Dolores en 1856, publica, distribuye y pone en práctica el Código de Maceo (el manual de lucha guerrillera más importante del siglo XIX y comienzos del XX). Viaja al Ecuador y solicita ayuda a su amigo, el presidente Eloy Alfaro. Con los pertrechos obtenidos gracias al mandatario ecuatoriano, atraviesa la frontera y organiza su ejército cerca de la población nariñense de Ipiales, en la vereda Yarumal, una región caracterizada por su conservadurismo, con inmensa influencia del clero, dirigido por el obispo de Pasto, Ezequiel Moreno Díaz, un clérigo español fanático, incendiario e intolerante, quien paradójicamente fue elevado a los altares; famoso por proclamar al liberalismo como pecado y sostener que este era fuente de desorden y negación de la paz.
Este guerrero liberal combate en la población de Puerres, en el sur del departamento Nariño, en la vereda La Laguna, al mando de setecientos hombres, contra tres mil novecientos gobiernistas. Herido en una pierna, es apresado y dejado en custodia en un escarpado rural. El cura José Manuel Bravo intentó confesarlo sin respuesta. El soldado Chamizo del batallón Calibío disparó al herido, que se encontraba en estado de indefensión, asesinándolo vilmente, junto a su secretario José María Caicedo, el 19 de septiembre de 1901. Su cadáver fue llevado a Ipiales, en donde, atado de pies y manos y suspendido de un palo, fue expuesto al escarnio en la plaza pública. Avelino Vela Coral, ipialeño de raigambre liberal, recogió el cadáver para sepultarlo.
Rosas, luchador comprometido con la libertad americana, dedicó buena parte de su vida a combatir las expresiones autoritarias y respaldar el ascenso de gobiernos de matiz progresista y liberal de la época. Por ello participó de manera activa en algunos sucesos como el golpe de cuartel en Lima en 1872 que culminó con el asesinato del presidente peruano José Balta y Montero, líder del primer militarismo en la nación inca; la conspiración en Quito en contra del despótico teócrata ecuatoriano Gabriel García Moreno; la intervención en Venezuela, en el derrocamiento del general Raimundo Andueza Palacio en 1892;  y su accionar en el grupo de la Internacional Liberal, cuyo fin era apoyar la emancipación de Cuba e instaurar gobiernos de corte popular en Ecuador, Perú, Colombia y México.
La historia oficial en Colombia ha pretendido borrar las huellas de Avelino Rosas, con el único propósito de desconocer su legado de compromiso con las causas libertarias de Nuestra América.







sábado, 25 de mayo de 2019

CHINA

“EN INFRAESTRUCTURA, TECNOLOGÍA FINANCIERA, SERVICIOS, COMERCIO, INVERSIÓN Y CAPITAL, CHINA CONSTITUYE UNA ENORME OPORTUNIDAD PARA AMÉRICA LATINA”



POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ

Entrevista con Carlos Ronderos Torres, presidente de la Cámara Colombo-China de Inversión y Comercio.

El protagonismo geopolítico que viene teniendo China en el mundo y particularmente en América Latina va camino a modificar en el mediano plazo las relaciones comerciales y económicas en este hemisferio.
Para el economista y exministro de Comercio Exterior, Carlos Ronderos, “Estados Unidos está llegando un poco tarde a una situación en la que China ya domina los hilos de comercio en América Latina”.
En su opinión, Washington “descuidó a sus aliados estratégicos tradicionales y China no ha desaprovechado ninguna oportunidad para posicionarse en ellos”.
Conocedor ampliamente del proceso de ascenso económico y de la historia del gigante asiático, este profesor universitario, analista económico y columnista de prensa, resalta la vocación imperial de China desde sus orígenes y su interesante irrupción en Europa a través de la Ruta de la Seda.
En términos de la historia, dice, los chinos proyectan a largo plazo, y aunque todavía están detrás de Estados Unidos en términos de ingreso per cápita, esta nación oriental de más de 1.400 millones de habitantes, está llamada a ser la primera economía mundial en el siglo XXI.
En su calidad de fundador y presidente de la Cámara Colombo-China de inversión y Comercio, invitamos a Ronderos a dialogar con el Observatorio Sociopolítico Latinoamericano www.cronicon.net, para que nos diera su perspectiva respecto de la dinámica presencia geoestratégica del “dragón” asiático en la región.

El siglo XXI abrió toda una ruta hacia el Pacífico

¿Desde el punto de vista geopolítico, qué significa la erupción económica y comercial de China en el mundo y para América Latina, específicamente?
Significa una nueva alternativa de una realidad que no solo incluye a China sino a Asia en su conjunto.  América Latina y Colombia en particular habían estado durante todo el siglo XX y el XIX también, mirando hacia el Atlántico, sus relaciones eran con Europa y principalmente con la costa de Estados Unidos. Creo que el siglo XXI abrió toda una ruta hacia el Pacífico porque allí tenemos los países de mayor crecimiento económico: China, India, antes los tigres asiáticos; entonces toda esta nueva realidad empezó a darle una nueva alternativa al comercio de América Latina. Dejar de ser tan dependiente de dos mercados, que eran los de Estados Unidos y Europa. Hoy en día hay una mayor diversificación, no en todos los países, pero en una buena parte de ellos. Brasil, por ejemplo, ya tiene una diversificación muy importante en los mercados asiáticos; de hecho, China es hoy su principal socio comercial; otro tanto sucede con Uruguay, Chile, Perú, y Argentina. De manera que hay un cambio de una unipolaridad hacia una bipolaridad o multi, porque muchos de esos mercados asiáticos no son necesariamente China, son también asiáticos.
¿Como por ejemplo?
Para importación se han vuelto muy importantes India, Vietnam, Bangladés.
¿Las Coreas?
Desde luego las Coreas. Colombia ya tiene un mercado de libre comercio con Corea; México está negociando un tratado de libre comercio. Hay cada vez mayor incidencia y mayores productos que vienen de Indonesia, de Malasia, Singapur, Hong Kong.
¿Es conveniente para América Latina que China se encuentre en el primer lugar de la economía mundial?
Para América Latina que su gran fortaleza competitiva es la producción agropecuaria la posibilidad del mercado chino es infinita y eso es lo que se ha demostrado en la realidad de todos estos países.
Hay que ganar acceso, hay que saber entender la cultura y el mercado chinos que es un tema muy complejo y que no se ha logrado mucho, sobre todo en Colombia, en temas como accesos fitosanitarios, el tipo de bienes que consumen, como los cárnicos. El resultado de eso es que tenemos un potencial inmensamente grande de un mercado en crecimiento de los productos que nosotros estamos en capacidad de exportar.
China es un país que está sacando a cientos de personas al año de la pobreza, generando una clase media, la mitad del país es desértico y no tiene ninguna posibilidad de satisfacer sus demandas internas de comida.
En contraste, Estados Unidos que ha sido nuestro principal mercado es uno de los productores agrícolas más grandes del mundo y lo mismo lo son Canadá y Europa con niveles de ingresos muy altos. Su propensión al consumo de productos agrícolas es muy baja. Es decir, un producto que se pone de moda como el aguacate sube su demanda pero en términos generales los gringos ya no están dedicados a comer más sino a comer menos. Han cambiado su dieta, consumen más productos verdes que es un mercado que ha explotado mucho México.
“Estados Unidos descuidó a sus aliados estratégicos tradicionales y China no ha desaprovechado ninguna oportunidad para posicionarse en ellos”
En el caso de Colombia no se están aprovechando esas posibilidades…
Colombia en el último año ha hecho un esfuerzo por ganar acceso real con accesibilidad fitosanitaria para la carne de res. Eso venía avanzando hasta que vinieron los brotes de aftosa y quedó un poco empantanado. Lo mismo con la carne de cerdo, esos son los productos que tienen un enorme potencial. Y en ello está trabajando la Asociación de Porcicultores de Colombia a la que hemos acompañado desde la Cámara a varias misiones en China.
¿Culturalmente el chino consume carne de cerdo?
Sí, consume las partes que nosotros no consumimos, como por ejemplo los pulmones, eso es una delikatessen en China, la lengua, y todo lo que desechamos del cerdo no solo les gusta a los chinos, sino que pagan muy bien. Entonces es un mercado muy interesante.
Ya empezaron a entrar algo de flores. Colombia no ha sabido entrar con café de manera seria. Es increíble, toda la juventud china está empezando a tomar café y Starbucks tiene más de quinientas tiendas, en cambio nosotros no tenemos ninguna presencia, apenas Café Buendíaestá abriendo oficina ahora en China. Estamos empezando a darnos cuenta además que el transporte a China no es caro porque como trae tantas cosas a América Latina los buques tienen que regresar vacíos. Entonces, los costos logísticos a China no son tan altos, a pesar de la distancia.
¿La erupción de China en América Latina, genera el mismo círculo vicioso que hemos tenido con los Estados Unidos y con Europa, en el sentido en que estamos condenados en este hemisferio a seguir produciendo materias primas?
Creo que eso ha cambiado en el mundo porque hoy en día la producción de bienes industriales no es un deseable. Hoy en día la producción de bienes manufacturados es una cosa que se traslada a países del tercer mundo que quieran ser contaminados y que desean tener mano de obra barata. En el caso colombiano contamos con más de 5 millones de hectáreas cultivables, ese es un potencial que no hemos explotado. Además, tenemos el gran reto en los servicios, que es hoy en día lo que está moviendo la economía del mundo, y ahí las alianzas con China pueden ser muy interesantes. En la Cámara estamos trabajando estos temas con Fintech. China es un país muy avanzado en tecnologías financieras.

En plataformas digitales, software…
En China no se utiliza el dinero efectivo. La última vez que estuve, el año pasado, me quedé sin usar la tarjeta y la plata porque todo es con el WeChat que es el mismo sistema de WhatsApp pero en chino, ahí cargan sus cuentas. Todo se paga a través de ese sistema. Tienen un mercado financiero muy sofisticado y desarrollado. Gracias a esos avances uno encuentra que se pueden hacer alianzas en cuanto a ciudades inteligentes, como las que está haciendo Huawei en varios lugares. En infraestructura también, en servicios y por otro lado en inversión y capital.
En cuanto a bienes con la China estamos condenados a productos primarios y agrícolas, pero reitero, creo que tenemos un gran potencial en servicios, en capital, e inversión extranjera en América Latina y en Colombia, particularmente.
En infraestructura es notorio lo que ha hecho China con la denominada Ruta de la Seda en África, donde ha hechos unas enormes inversiones y también en algunos países de América Latina. A los chinos les quedó más fácil entrar en algunos países porque ellos no están acostumbrados a participar en licitaciones públicas sino de manera directa mediante el mecanismo Government to government.
Es lo que pasó con los casos de Ecuador, Argentina, Venezuela y Brasil que durante los mandatos de Correa, Kirchner, Chávez-Maduro y Lula se hacían acuerdos de gobierno a gobierno para hacer, por ejemplo, autopistas. Los chinos las financiaron y estos países garantizaban su pago, por ejemplo, con petróleo. En Colombia, en cambio, tienen que entrar a una licitación y los chinos no conocen esa dinámica.
¿La Ruta de la Seda es una oportunidad para América Latina, si se la sabe aprovechar?
Es una enorme oportunidad; en el caso de Colombia creo que estamos entrando tarde a la Ruta de la Seda que fue inicialmente un programa para unir a China con Europa por vía terrestre y por vía marítima, era la antigua ruta de Gengis Kan. Después dada su presencia tan fuerte en África, China la extendió a este continente y en la reunión de Celac el año pasado decidió promover la iniciativa en América Latina y casi todos sus países la han suscrito. Colombia no la ha hecho aún
¿La Alianza para el Pacífico es un mecanismo que tiene Washington para sacar a China del área hemisférica o es una oportunidad?
Es una oportunidad.  Mire que la Alianza del Pacífico tiene tres de los cuatro países que habían suscrito el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP). El TPP del cual no hacía parte China, se cayó.
Se cayó por Trump…
Estados Unidos renunció. Y eso ha provocado, desde Chile hasta Nueva Zelanda la conformación de un nuevo tratado que no ha tenido hasta ahora mucha atracción; porque el TPP era una estrategia contra China, para aliar a los países del Pacífico con Estados Unidos. Si eso era lo que quería Estados Unidos se derrumbó esa estrategia saliéndose y lo que se ha generado es la posibilidad de un nuevo TPP con China incluido, sin los Estados Unidos, que incluiría a los países de la Alianza del Pacífico. Desde luego el país que está más marginado de eso es Colombia.  ¿Por qué?, porque tanto México, Chile, como Perú pertenecen a APEC (Asia-Pacific Economic Cooperation), y Colombia no. Los tres habían suscrito el TPP, nosotros no lo hicimos. Entonces, yo no creo que la Alianza del Pacífico sea hoy por hoy una estrategia para neutralizar a China, por el contrario, es una estrategia para entrar a China.

“La guerra comercial de Trump contra China tiene más de propaganda interna para las elecciones de los Estados Unidos”
¿Qué significa que China desplace a Estados Unidos en el mundo en materia económica y comercial?
Pues es un gran reto para los Estados Unidos porque descuidó a sus aliados estratégicos tradicionales y China no ha desaprovechado ninguna oportunidad para posicionarse en ellos. Es que curiosamente todos los países que tienen todas estas negociaciones con China cuentan con superávit comercial, el único que tiene déficit es Colombia.
Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Perú tienen superávit con China. Estamos hablando de exportaciones en el caso de Chile de 25 o 30 mil millones. Es decir que lejos de ser una invasión, ha resultado ser un negocio muy atractivo para los países de América Latina y ha habido noticias de que se han dado presiones por parte de Estados Unidos contra el presidente Sebastián Piñera por la profundización que está haciendo en relación al protocolo con China.
Brasil que tiene un presidente muy pro norteamericano acaba de reafirmar su interés en profundizar las relaciones que tiene con China. Eso ya se volvió una realidad y Estados Unidos está llegando un poco tarde a una situación en la que China ya domina los hilos de comercio en América Latina.
Creo que el hecho de que Colombia no haya suscrito la Ruta de la Sede tiene mucho que ver con los compromisos de nuestro país con Estados Unidos. El otro país que no lo ha suscrito es Paraguay que no tiene relaciones diplomáticas con China sino con Taiwán.
¿Cómo analiza la guerra comercial de Estados Unidos contra China?
Esa es una guerra comercial que no le ayuda a nadie. Creo que esta guerra durará hasta octubre de este año. En octubre se acaba, porque esta es una guerra que tiene más de propaganda interna para las elecciones de los Estados Unidos. El presidente Trump tiene que llegar a las elecciones diciendo derroté a los chinos, yo gané, aquí está el primer presidente que derrota a los chinos y cosas similares. Esta guerra comercial no se puede negociar ahora porque cuando llegue el momento de la elección va a ser un tema viejo, entonces él tiene que prolongarla hasta octubre.  Esa es la visión de los sectores agrícolas con los que me he reunido en Estados Unidos. Sostienen además que ellos son los grandes damnificados, porque son los sectores agrícolas de Estados Unidos los mayores exportadores a China.  La carne de cerdo que comen los chinos, por ejemplo, es gringa. La empresa más grande de cerdo en Estados Unidos que se llama Smithfield es inversión china. Entonces esos son los grandes perjudicados que a su vez son la base electoral de Trump, pero ellos sienten que esta guerra es más una herramienta interna política.








jueves, 16 de mayo de 2019

LIBROS


JUSTICIA TRANSICIONAL EN SURAMÉRICA, UN ANÁLISIS COMPARADO


CRONICÓN.NET /
Publicado por la editorial colombiana Uniacademia Leyer, acaba de aparecer el trabajo bibliográfico Justicia Transicional, análisis comparado, cuyos autores, la abogada penalista Rosa Inés Salazar Solarte y el director del Observatorio Latinoamericano www.cronicon.netFernando Arellano Ortiz, realizan un ejercicio de parangón a partir del contexto histórico y la descripción de los diferentes mecanismos judiciales y extrajudiciales adoptados en los países suramericanos para tratar de enfrentar su traumático pretérito de violación de derechos humanos y del Derecho Internacional Humanitario.


Este libro escudriña la génesis de la historia traumática de Suramérica y aborda la estructuración y desarrollo de los esquemas de justicia, en los diversos países, suministrando insumos teóricos para un diseño judicial que sirve de guía para que otros procesos transicionales en el mundo puedan avanzar en situaciones de posconflicto.
Se describen los horrores y delitos de lesa humanidad a partir de una visión de la geopolítica codiciosa y rapaz por consolidar una hegemonía política-económica en el hemisferio dentro de la puja del enfrentamiento internacional durante el periodo de la Guerra Fría que va desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial hasta el derribamiento del muro de Berlín, en 1989, que simboliza la caída de los regímenes comunistas. En este lapso histórico en América Latina se cometieron a nombre “del mantenimiento de la democracia y de la economía de mercado”innumerables crímenes y violaciones de los derechos humanos que avergüenzan a varios de sus Estados, los cuales adoptaron mecanismos de justicia transicional para obtener la verdad, tratar de recuperar la memoria y propender porque haya sanción a los victimarios y reparación a las víctimas.
También se hace un estudio de derecho comparado por países, teniendo en cuenta su realidad histórica y la implementación de mecanismos en las justicias transicionales, referenciando el periodo comprendido entre los años setenta y los noventa, caracterizado por fórmulas de justicia penal clásica con un acentuado enfoque de justicia retributiva, de utilización de mecanismos de perdón con figuras como la amnistía que se aplicaron de diversas maneras, con políticas de gobierno como el establecimiento de las comisiones de verdad en su gran mayoría creadas directamente por el poder ejecutivo mediante mecanismos legales y reformas constitucionales.
La obra estudia el caso colombiano, concretamente el modelo teórico diseñado a partir de los criterios interpretativos para la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Se seleccionaron algunas variables como la identificación de las fuentes del derecho convencional internacional y la recepción en el derecho nacional de principios universales, indagando por la posición jurídica asumida por el Estado colombiano y el desarrollo jurisprudencial elaborado por la Corte Constitucional respecto de esta temática. Para ello se analiza el alcance del derecho a la paz como principio orientador y conceptos como la justicia prospectiva, así como los deberes del Estado respecto al derecho internacional, de investigar, esclarecer, perseguir y sancionar; de respetar y garantizar los derechos humanos y las garantías de la verdad, justicia, reparación y no repetición. En segundo lugar, se estudia la caracterización de la JEP, su naturaleza y objeto, así como se reconoce el respeto por las funciones de la jurisdicción indígena; la centralidad de los derechos de las víctimas, su participación efectiva y las garantías en el caso específico de violencia sexual.
Se definen los principios que orientan los procedimientos de quienes comparezcan ante la JEP, como el de legalidad, defensa, gratuidad, debido proceso y seguridad jurídica, entre otros. El derecho aplicable en esta jurisdicción y las fuentes del derecho en materia procesal.
El propósito que se persigue en este detallado análisis es verificar si el modelo teórico colombiano de justicia transicional es compatible con el derecho internacional y si constituye o no un avance como diseño judicial, en tanto, ha sido calificado por expertos del Derecho Penal Internacional  como el jurista alemán Kai Ambos, de ser “la legislación más sofisticada en el tema de justicia de transición y procesos de paz”.
Imagen: Sofía Moncayo Salazar
Este texto ofrece una nueva visión de los contextos transicionales en Suramérica por medio del cual se pueda comprender la relevancia de los conflictos políticos prolongados, asumiendo una postura histórica. Los cambios recientes como el caso colombiano de una justicia penal transicional, con un diseño inédito sin precedentes en los procedimientos de investigación y enjuiciamiento es una oportunidad para reflexionar sobre el potencial de las disposiciones jurídicas que promueven una transformación normativa sustancial.



domingo, 12 de mayo de 2019

MÉXICO


“AUNQUE AMLO RECIBE UN MÉXICO VACIADO Y EN RUINAS, HA RECUPERADO LA ESPERANZA EN AMPLIOS SECTORES SOCIALES”: ANÁLISIS DE LA SOCIÓLOGA BEATRIZ STOLOWICZ



POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ


Dentro de un Estado saqueado, y por ende, quebrado por cerca de cuatro décadas de neoliberalismo, un curtido dirigente político de 65 años le ha devuelto la esperanza al pueblo mexicano. En medio de una crítica situación sociopolítica, el mandatario de México se propone llevar a cabo lo que ha denominado la Cuarta Transformación que conlleve un cambio profundo para la nación azteca.

Beatriz Stolowicz Weinberger, socióloga e investigadora mexicana de origen uruguayo hizo una detallada caracterización de los primeros cinco meses del gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), tras su triunfo electoral dentro de un contexto de regímenes de derecha en América Latina.
Durante su intervención en el Tercer Seminario Internacional Pensar Nuestra América: ¿nuevas derechas o lo nuevo de la derecha?, organizado por la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia, que tuvo lugar entre el 7 y 8 de mayo en Bogotá, Stolowicz analizó el contexto en que le corresponde gobernar a López Obrador y los desafíos que le esperan, en medio de circunstancias complejas de gobernabilidad, tras un largo periodo de vaciamiento del Estado por parte de sus antecesores que por sus acciones de piratería y saqueo ya tienen asegurado un lugar en el basurero de la historia.

Esta profesora del Departamento de Política y Cultura (Área Problemas de América Latina) de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Unidad Xochimilco, y autora de varios estudios sobre el impacto pernicioso de las políticas neoliberales en la región, observó que no obstante el hecho de que la izquierda mexicana es heterogénea y no está articulada, sus bases se volcaron a votar por AMLO, aunque puede ser un apoyo circunstancial.

“Sólo López Obrador pudo representar esa heterogeneidad popular que es destinataria de su ambicioso plan de extensión de derechos colectivos, de políticas sociales y aspiraciones universales”, explicó la catedrática universitaria.

La actitud de transparencia y las primeras acciones de gobierno le han granjeado una amplia simpatía interna, pues según los últimos sondeos de opinión cuenta con una popularidad del 80%, por lo que el Presidente mexicano se ha convertido en un referente de renovación y cambio para América Latina, continente martirizado desde la década de los 90 del siglo pasado por la aplicación de las directrices de libre mercado y privatización de sus activos públicos trazadas en el mal denominado Consenso de Washington, que más ha tenido de Washington que de consenso. Por ello es que el analista geopolítico mexicano Alfredo Jalife-Rahme al dimensionar el liderazgo de AMLO considera que si logra avanzar en sus reformas de amplio calado social se estaría transitando “del neoliberalismo al neolatinoamericanismo”.

Se reconoce el triunfo electoral tras una historia de fraudes

Al repasar el contexto político dentro del cual los sectores dominantes en México debieron reconocer el triunfo de AMLO, Stolowicz recordó que se debe tener en cuenta que su victoria el 1 de julio de 2018 se dio en medio de una historia de fraudes electorales comprobados: en 1988 a Cuauhtémoc Cárdenas; en 2006 y 2012 al propio López Obrador. En esta oportunidad los sectores de la derecha (el PRI y el PAN) no pudieron maniobrar para robarse las elecciones por el masivo apoyo que estuvo alrededor del 54% de los votos al hasta entonces candidato del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), y también por el tremendo desprestigio del gobierno de Enrique Peña Nieto, cuya herencia para los mexicanos es funesta en términos sociales y económicos.

Stolowicz explica que el desastre de los gobiernos del ultraconservador Partido de Acción Nacional (PAN) de Vicente Fox (2000-2006) y Felipe Calderón (2006-2012), así como del de Peña Nieto del PRI (2012-2018), generó que se consolidara un voto antineoliberal en México, en medio del fatalismo: 300 mil muertos en los últimos 12 años, sin conflicto armado; 40 mil desaparecidos registrados; 26 mil cadáveres en las morgues sin identificar. La mayor parte del territorio saqueado por la minería, la explotación del agua, la agricultura industrial transgénica, negocios inmobiliarios y los dos terremotos de septiembre de 2017.

“La firme decisión del Gobierno de respetar las libertades públicas y los derechos humanos ha hecho que la gente pierda el miedo y exige la reparación inmediata por los agravios cometidos por los gobiernos anteriores, lo que genera un cuadro de conflictividad muy peculiar. La gente siente que tiene un gobierno que escucha sus requerimientos”, observa la catedrática universitaria.

Cuarta Transformación

López Obrador durante su campaña electoral prometió promover un profundo cambio para lograr niveles de equidad social que llamó la Cuarta Transformación, pues su propósito es situar su sexenio dentro de tres momentos clave de la historia de México:

·         La Independencia: el movimiento armado para liberarse de los 300 años de dominio español y que tuvo lugar entre 1810 y 1821.

·         La Reforma: guerra entre liberales y conservadores que se prolongó de 1858 a 1861. Tras este conflicto surgieron las "Leyes de Reforma", entre las que destaca la separación de la Iglesia y el Estado. Benito Juárez, fue el protagonista central de este momento.

·         La Revolución: conflicto armado contra el régimen de Porfirio Díaz entre 1910 y 1917 que alcanza el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas. Durante este periodo se promulgó la Constitución que rige actualmente en México.

La Cuarta Transformación de López Obrador se propone el rescate del campo y reducir las desigualdades, hasta tener una “auténtica democracia”, incorporando un mecanismo para juzgar al presidente en funciones por delitos de corrupción.

"Con base en lo logrado buscaremos emprender una transformación pacífica y ordenada, sí, pero no por ello menos profunda que la Independencia, la Reforma y la Revolución; no hemos hecho todo este esfuerzo para meros cambios cosméticos, por encimita, y mucho menos para quedarnos con más de lo mismo", ha explicado el propio AMLO.

En ese propósito se apunta a  transformar la conciencia del pueblo mexicano, luego de que una clase dominante corrupta ha destruido el país durante medio siglo.

Las primeras medidas de Gobierno


Stolowicz destaca las primeras medidas adoptadas por López Obrador con las cuales envió un claro mensaje de lucha contra la corrupción y la concepción neoliberal de entrega del Estado al gran capital.

“Las dos primeras acciones contundentes del Gobierno fueron la suspensión de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) y el combate al robo de combustible. Esta última acción le aumentó la popularidad al mandatario en un 80%, no obstante que en varias zonas del país no hubo combustible durante una semana. Por cierto, el robo de combustible en grandes cantidades se utilizaba para exportar y esto puso en evidencia que esa práctica era una de las varias ramificaciones de la acción empresarial del llamado crimen organizado en contubernio con el Estado”.  

Por eso, subraya la socióloga, “es que el crimen organizado tiene amenazado al Presidente y aunque el Gobierno cuenta con una estrategia de largo plazo para ir quitándole influencia mediante la recomposición social, evidencia el problema de fuerza que ha puesto en primer plano el controversial tema de la Guardia Nacional”.

Explica que “estos primeros cinco meses de Gobierno han sido vertiginosos con un tremendo remezón sobre el Estado con el objetivo prioritario de su moralización y de la recuperación de las funciones públicas”.

“Las denuncias hechas por el Presidente y su equipo de Gobierno –agrega- nos permiten ver que todo era peor de lo que sabíamos, por donde se toca sale pus.  Exige que se separe el poder económico del poder político. En otras palabras, cuestiona el patrimonialismo estatal ejercido por el capital, lo que abre un juego interesante que se suma a las contradicciones existentes”.

Los señalamientos de corrupción que de manera constante hace López Obrador han generado una oposición violenta de los sectores conservadores, cuyos negociados con el Estado han quedado al descubierto.

Un freno para avanzar

La arquitectura institucional neoliberal, dice Stolowicz, constituye un freno para avanzar en las políticas progresistas que se propone el Gobierno y por eso López Obrador denuncia de manera permanente cómo sus distintos órganos (los verdaderos “candados internos de la jaula neoliberal”) han hecho escandalosas concesiones en petróleo, electricidad, telecomunicaciones. Igualmente denuncia el desastre en la salud y anuncia correctivos, así como la recentralización del pago de salarios de la educación pública que los gobiernos de los Estados dejaron de pagar por mucho tiempo.  

En cuanto a educación, ésta “tiene que ser universal, pública y gratuita desde preescolar al nivel de enseñanza superior. Esto lleva tiempo y recursos. Porque revertir toda la concepción neoliberal no es tan fácil”.

En el ámbito ideológico, la profesora de la UAM señala que en el Gobierno de AMLO “conviven posturas ortodoxas y posturas francamente de izquierda. No existe un movimiento popular articulado con suficiente capacidad contrahegemónica”. Ello, anota, tiene el riesgo de quedarse con una base electoral inestable y manipulable. El problema, por lo tanto, es la correlación de fuerzas, más aún cuando el Presidente ha propuesto su revocación del mandato al cumplir la mitad de su periodos, es decir a los tres años.


Organizarse para ir por más

Stolowicz se muestra optimista por la gestión de López Obrador, aunque es realista en cuanto a las dificultades: “recibe un país en ruinas, un Estado vaciado, con una deuda pública que equivale casi al 50% del PIB y una sociedad descompuesta”. Sin embargo, añade, se está recuperando la dignidad en cuanto a política exterior y afirma que “no es nada descabellada la prudencia en el manejo de las relaciones con Estados Unidos”.

Relieva la “recuperación de la esperanza” en muchos sectores sociales, a los cuales exhorta a “organizarse para ir por más”.
Concluyó su disertación en Bogotá afirmando que “esta historia que apenas comienza en México está por escribirse y con todo lo difícil que es, de verdad que vale la pena”.
















viernes, 8 de marzo de 2019

COMUNICACIÓN

“AMÉRICA LATINA POSEE UNA ECONOMÍA MORAL DE LA COMUNICACIÓN POPULAR QUE ESTÁ EN CAPACIDAD DE ARTICULAR NUEVOS PROCESOS DE MEDIACIÓN”


POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ 
Entrevista con el comunicólogo, investigador social y catedrático universitario español, Francisco Sierra Caballero.
Introducción a la Comunicología, es el último trabajo bibliográfico del destacado especialista español Francisco Sierra Caballero, en el que apunta “a repensar la construcción del campo comunicacional y el papel de las Ciencias Sociales desde el punto de vista de la ruptura que, en cierto modo, introduce la tecnología y el desafío epistemológico del necesario diálogo interdisciplinario en un escenario de crisis, de debilidad del pensamiento crítico”.
El libro ofrece además un cuadro crítico de la mediación social de la comunicación mediante el abordaje de problemáticas de acuciante actualidad como la crítica de los medios en la era Trump, la denominada posverdad y los discursos informativos legitimadores de la guerra a través de los casos de Irak, Venezuela y Brasil.
Analiza pormenorizadamente la estructura de la comunicación que aparece en nuestros días gobernada por un relato que impone ideológicamente, a través de sus discursos, la razón económica y el actual sistema de relaciones de producción como la verdadera y única naturaleza de la vida social. Los medios y agentes productores de información vienen de este modo favoreciendo, de forma activa, lo que Herbert Schiller califica como “apropiación corporativa de la expresión pública”.
Al implicar niveles, ámbitos y procesos distintos, difícilmente reductibles en su complejidad, dentro del conjunto de las relaciones sociales, la comunicación pública moderna debe ser conceptualizada por lo mismo, en un sentido amplio, con relación a los múltiples circuitos generales de intercambio y circulación de bienes y sujetos.
La presente obra ofrece un cuadro crítico y panorámico del ámbito de la mediación social tratando de ilustrar al lector sobre la manera como la comunicación forma, informa y transforma la sociedad y la cultura contemporáneas, así como la trascendencia y el papel de los componentes comunicacionales considerando diferentes perspectivas teóricas como objeto de investigación social.
Para hacer una reflexión en torno a los aspectos que aborda en su nuevo libro, el Observatorio Sociopolítico Latinoamericano https://cronicon.net, entrevistó al reconocido comunicólogo español.   
Sierra Caballero (Gobernador, Andalucía, España, 1969), es un investigador social de dilatada trayectoria académica y profesional, doctor en Ciencias de la Información y posgraduado en Sociología, Ciencia y Tecnología, tiene una estrecha relación con América Latina, en donde ha impartido cátedra en diversas universidades y centros de pensamiento de la región. Actualmente se desempeña como profesor de Teoría de la Comunicación e Investigador del Instituto Andaluz de Investigación en Comunicación y Cultura (INACOM) en la Universidad de Sevilla. Es director del Grupo Interdisciplinario de Estudios en Comunicación, Política y Cambio Social (www.compoliticas.org), director del Departamento de Periodismo I y Editor de la Revista de Estudios para el Desarrollo Social de la Comunicación (REDES.COM) (www.revista-redes.com). Ha trabajado como experto en políticas de comunicación, nuevas tecnologías y participación ciudadana en la Comisión Europea y otros organismos internacionales como la UNESCO y UNASUR. Presidente de la Unión Latina de Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura (www.ulepicc.org); es también director de la Sección de Comunicación y Cultura de la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM).

O liberamos la Comunicación o seguiremos sufriendo la barbarie de un modelo esclavista

¿En esta época de big data, redes sociales y algoritmos que han transformado sustancialmente el complejo mundo de la información y la comunicación, se hace necesario precisar una “Introducción a la comunicología” para el siglo XXI, pues como diría Mario Benedetti, “cuando teníamos las respuestas, cambiaron las preguntas”?
Desde luego, hoy más que nunca, primero porque las preguntas las formulan otros y en comunicación estamos mirando al dedo cuando los cambios en curso exigirían mirar a la luna. Digamos, en este sentido, que en un momento de crisis del capitalismo no se están abordando cuestiones sustanciales sobre desigualdad, manipulación y fenómenos como el golpismo mediático. Por otra parte, la cuarta revolución industrial, la robótica e inteligencia artificial, proyectan un escenario distópico, que pensábamos era solo ciencia ficción, en el que los peligros que se ciernen sobre la humanidad son reales y concretos actualizando con toda su crudeza la tesis de Socialismo o Barbarie. Este año que se cumple el centenario del fallecimiento de Rosa Luxemburgo convendría plantear por lo mismo un reto partisano: o liberamos la Comunicación o seguiremos sufriendo la barbarie de un modelo y sus derivas que nos tratan de vender como libertad de información lo que no es sino el reino de la esclavitud. Como diría Marx, la potencia del verdadero pensamiento crítico está en las preguntas y no tanto en las respuestas y este es el reto, a nuestro juicio, que tenemos por delante. Pensar la comunicación desde otros enclaves y filosofía social. Nos han cambiado las preguntas pero seguimos dando respuestas débiles y, lo más preocupante, se han dejado de lado cuestiones sustanciales para la justicia, la democracia y la dignidad.
Ciertamente, como bien apunta el análisis de tu último libro, “la estructura de la comunicación aparece en nuestros días gobernada por un relato que impone ideológicamente, a través de sus discursos, la razón económica y el actual sistema de relaciones de producción como la verdadera y única naturaleza de la vida social”. ¿Esta infortunada realidad para nuestras sociedades, es un evidente indicativo del triunfo del capitalismo cognitivo, entendido éste como las prácticas económicas sobre las producciones de conocimiento enmarcadas en el capitalismo globalizado?
Sin duda, si algo ha triunfado en el sistema ordoliberal es justamente la privatización del conocimiento, la subsunción del saber de acuerdo a la lógica de la racionalidad instrumental. Esta tendencia es, podríamos afirmar, universalSea en gobiernos de progreso o ultraconservadores, la ciencia se ha convertido en una función más de producción y los trabajadores intelectuales en mera comparsa del proceso de valorización del capital. Los rankings de universidades, los criterios de evaluación de la actividad investigadora, las propias políticas de ciencia y tecnología han sido colonizadas por la visión angloamericana del tiempo es oro y del mundo de los negocios. Curiosamente, muchos profesores universitarios e intelectuales son inconscientes de estas condiciones que sobredeterminan su práctica teórica, pero es imposible negar la precariedad, la dependencia, el control del pensamiento. Y tenemos numerosos ejemplos que ilustran la grave situación que padecemos, en este caso en las Ciencias Sociales. Por ejemplo, difícilmente en Europa o América Latina el sistema de ciencia y tecnología financia o acepta proyectos que se ocupen de los oligopolios industriales en la telemática o la conexión entre capitalismo especulativo y periodismo. La desigualdad por otra parte entre docentes, universidades y países ha crecido, desde el punto de vista de autonomía y capacidad de la generación del conocimiento propio. Es decir, la relación centro-periferia que la teoría de la dependencia puso en la agenda de las relaciones internacionales sigue de plena vigencia. Los recursos se concentran en centros como la Universidad de Oxford mientras la mayoría de departamentos, institutos y grupos de investigación apenas cuentan con medios para pensar y difundir su saber. Se niega además la posibilidad de plantear preguntas desde lo local. Los criterios de evaluación de la ciencia por ejemplo en Colciencias, tienden a valorar positivamente estudios aplicados en Chicago pero se considera local e irrelevante estudios sobre comunicación comunitaria en Popayán. Y no digamos los oligopolios del conocimiento que determinan la agenda de lo relevante, de las teorías de referencia y los resultados empíricos validables marginando por sistema la producción de conocimiento desde el Sur y desde abajo. Un sistema que opera con tal lógica el problema es que resulta insostenible y está amenazando el progreso general de la ciencia. Pero este es otro debate que nos llevaría horas. En los últimos quince años, he escrito varios ensayos al respecto sobre la Comunicología y el Capitalismo Cognitivo. Creo, sin lugar a dudas, que es central para entender los cambios en la agenda de estudios por ejemplo en América Latina. Y no es pura abstracción. Lean los escritos de Gregorio Selser sobre los Derechos Humanos y el Documento de Santa Fe porque allí queda claro que un objetivo básico de la extrema derecha estadounidense ha sido desde la década de los ochenta revertir el pensamiento crítico y cooptar a la inteligencia latinoamericana.
“No cambiaremos la realidad si no democratizamos la comunicación, si no ampliamos el dominio público, si no garantizamos el acceso y gobierno de la mayorías frente a los señores del aire y los terratenientes de la comunicación digital”
¿En ese contexto, la comunicación y la información se encuentran secuestradas por la mentalidad de la ideología neoliberal? ¿Se trata de lo que el crítico de medios estadounidense Herbert Schiller calificaba como “apropiación corporativa de la expresión pública”?
Absolutamente. Cuando se publicó en 1980 el Informe McBride los niveles de concentración eran tan graves que la Unesco tuvo que convocar una comisión mundial para resolver los desequilibrios en el mundo de la comunicación. Hoy, en pleno siglo XXI, el diagnóstico es de extrema urgencia. Apenas unas cuantas empresas de telecomunicaciones concentran más del 80 por ciento del sector a nivel mundial. ¿Es comprensible la visión distorsionada sobre Venezuela sin esta concentración de propiedad? ¿Es posible imaginar que el muro de Wall Street no haya sido derribado y se convierta deuda financiera de la banca en deuda pública sin la apropiación corporativa del espacio público? Coincido con David Harvey en que el capitalismo contemporáneo responde al principio de acumulación por desposesión. La crisis financiera e hipotecaria de 2008 en Estados Unidos y la Unión Europea (UE) responde a esta lógica: expropiación de las casas, el ahorro, los fondos y pensiones públicas e incluso la propia vida (véase por ejemplo lo que algunos denominan farmacopolítica con el incremento exponencial de la depresión y el suicidio. Hoy no se suicidan los especuladores de la bolsa sino las clases populares). Para que este acto de desposesión sea posible primero es necesario la violencia simbólica. Por ejemplo, el discurso en España de que vivimos por encima de nuestras posibilidades cuando si auditáramos la deuda sabríamos que más bien algunos vivían por encima de las posibilidades de la mayoría de la población. Es por ello que insisto que no cambiaremos la realidad si no democratizamos la comunicación, si no ampliamos el dominio público, si no garantizamos el acceso y gobierno de la mayorías frente a los señores del aire y los terratenientes de la comunicación digital.
No obstante que la declinación de la hegemonía de Estados Unidos en Occidente con la irrupción de China y Rusia en el tablero geopolítico es un hecho, sin embargo la influencia cultural del Tío Sam se ha consolidado en el mundo. Los mecanismos de influencia cultural de Estados Unidos sobre América Latina son generalizados en el mundo de la información a través de las matrices mediáticas. El propio Schiller relacionaba a mediados de la década de los años 70 las industrias de la comunicación con el estamento militar y vinculaba el concepto de “imperialismo” con el de cultura, para explicar cómo en el capitalismo avanzado utilizan las “industrias de las conciencias” (medios masivos) para el control político e ideológico en sus zonas de influencia o países periféricos e imponer el modo de vida norteamericano. ¿Esta influencia que desemboca en “dependencia cultural”, es difícil de superar en la actual coyuntura histórica?
La situación de Estados Unidos como imperio es paradójica. Su poderío económico y militar está en franco declive. Por ello no ha habido intervención en Venezuela ante el peso que Rusia y China ejercen y no nos olvidemos por otra parte de los BRICS, pese a la situación de retroceso de Brasil. Ahora, en el plano simbólico las nuevas generaciones viven en el mundo Netflix. La colonización y dependencia cultural es cuasi absoluta y los datos de Unesco dan cuenta de una creciente pérdida de diversidad y autonomía de las culturas periféricas, tanto en el audiovisual como en la información. Pero el problema aquí es la tecnología. Con frecuencia ponemos el énfasis en el contenido pero hoy la dependencia y subalternidad tiene que ver con lo que los teóricos de la dependencia, creo recordar que Agustín Cueva, denominaba la renta tecnológicaCelso Furtado avanzó algunas ideas interesantes al respecto. La función de dependencia de Latinoamérica e incluso la UE con respecto a EE.UU. es que nuestras herramientas de comunicación: de Microsoft, Apple o la propia Internet, están en manos del complejo industrial militar del Pentágono. Las GAFAM que dominan la comunicación global son norteamericanas y cuando hablamos de la primavera árabe hay que saber que los dispositivos están al servicio de los intereses geopolíticos y estratégicos de la Casa Blanca. Por ejemplo, el papel de Whatsapp en el golpe contra Dilma fue vital como hoy Steve Bannonasesora a Vox en España para lograr el toque final de la estrategia de Wall Street y los fondos buitre: destruir definitivamente el proyecto de la UE como ya ha logrado dinamitar UNASUR y el nuevo regionalismo latinoamericano con una vieja estrategia a la que apelaba la derecha gringa: el efecto dominó. Y en ello estamos. Ahora, a tu pregunta, cómo alterar esta situación de desventaja y control de la comunicación internacional es difícil. Hace tiempo apoyamos y participamos en pro de un Foro Social de Internet. Desde luego, Naciones Unidas debe garantizar la gobernanza multilateral de la red y, al tiempo, impulsar políticas de regulación. Es una afirmación ridícula afirmar que las nuevas tecnologías, por su propia naturaleza, no pueden ser reguladas. La panoplia neoliberal sigue como en el siglo XVIII. Necesitamos regular, claro que sí, y también democratizar la tecnología con políticas activas para desarrollar nuestros propios medios de comunicación. La desconexión no es posible ni deseable pero la propuesta de un verdadero comunismo digital pasa por impugnar este modelo. Y, paradójicamente, como advierte Carlo Formenti, esto se está dando en el eslabón más débil: por ejemplo los trabajadores de Amazon, los repartidores de Glovo o la lucha de los taxistas en España frente a Uber. En cualquier caso no hay avances significativos. Las sanciones de la Comisión Europea a Microsoft o Facebook por abuso de poder y prácticas de monopolio son insignificantes si se analiza la cuenta de resultados de las grandes compañías tecnológicas y, es más, las grandes corporaciones europeas han terminado siendo adquiridas o se han fusionado con los gigantes estadounidenses. En este plano, queda pues desplegar una lucha por tecnologías libres y por libertades públicas en un horizonte francamente adverso.
Las conclusiones del Informe McBride auspiciado por la Unesco en 1980 en cuanto a la democratización de la información, particularmente en los países del denominado tercer mundo, son tarea pendiente. Exigir “el derecho a no sólo informar sino a ser informado” (honestamente, habría que agregar), frase recogida de ese importante Informe, sigue constituyendo una aspiración legítima. ¿Para alcanzarlo, es necesario avanzar en la praxis hacia una “ciudadanía digital”, entendida como apropiación social de la mediación?
Algunos pensamos que, en lo esencial, el proyecto de Un solo mundo, voces múltiples, sigue vigente. Con el profesor Quirós, publicaba hace un par de años un estudio comentado de los debates que tuvieron lugar en Latinoamérica en este tiempo, apelando a la necesidad del “espíritu McBride”. Ciertamente, el mundo ha cambiado. La revolución digital y los medios descentralizados hacen real la utopía que imaginara Bertolt Brecht con la radiodifusión y hoy cada actor social puede ejercer de comunicador, pero en modo alguno se han logrado muchos de los objetivos descritos en dicho informe que, no olvidemos, fue atacado por Estados Unidos y socios históricos del imperialismo como Inglaterra. Por hacer memoria, en el proyecto de un Nuevo Orden Mundial de la Información y de la Comunicación, el conocido como NOMIC, se recomendaba la cooperación sur-sur. Hoy los intercambios siguen siendo dominantes con el Norte y el centro del sistema, resultando los intercambios entre países de Latinoamérica irrelevantes. De hecho, en UNASUR no se pensó en una comisión y dirección de política cultural y de medios. Por otra parte, el NOMIC vindicó por vez primera la democratización de los medios, el acceso y participación de los pueblos, la protección de los derechos ciudadanos a la comunicación y prácticamente la mayoría de países tienen por política la voluntad de no intervención, el libre flujo que en verdad es la sacrosanta libertad de empresa que está en la base de las actuales desigualdades y desequilibrios de la comunicación en todo el mundo sin que se planifiquen de forma integral Políticas Nacionales de Comunicación.
“Tenemos un cúmulo de saber, una economía moral de la comunicación popular, en especial en el sur global, que nos pueden ayudar, como lo ha hecho, por cierto, el movimiento indígena en América Latina, a articular nuevos procesos de mediación, nuevas formas de enunciación de la palabra compartida”
En uno de tus sugerentes ensayos (2016) consideras que se hace prioritario “otra ecología mediática”, por cuanto el papel que juega el monopolio del negocio de las comunicaciones en el mundo contribuye a “la acumulación por desposesión”, según la acertada frase del geógrafo inglés David Harvey, para explicar uno de los propósitos esenciales del modelo neoliberal. ¿Es la interrelación del capitalismo en su fase neoliberal con la alienación mediática?
Sin duda, pero no es nuevo este proceso. Del Marx de La ideología alemana a los análisis de Žižek, la comunicación, su desarrollo social, ha sido, como critica Mattelart, siempre al servicio de la dominación y el control social. Ya en el origen de la cultura de masas, como advirtiera Morin, se produce un proceso de colonización del espacio, y lo que es más importante, de las mentes e imaginarios de la gente. Lo que ha variado en nuestro tiempo es la extensión e intensidad de esta lógica del fetichismo de la mercancía.
¿Es una utopía en un mundo atravesado por criterios neoliberales en lo político, económico y cultural, “descolonizar la comunicología” como lo plantea Boaventura de Sousa Santos?
Esto al menos venimos defendiendo algunos. Hay que impulsar un giro decolonial en los estudios y práctica profesional del periodismo, de la comunicación. Pensar nuestra ciencia como, en efecto, una técnica y un arte del bien común. El concepto de progreso y desarrollo en la comunicación sigue imponiendo visiones distorsionadas como la popular idea de que cuanto más rápido y mayor sea el alcance mejor es la comunicación, y nos podemos encontrar con todo lo contrario: usos subdesarrollados de tecnologías avanzadas e hiperdesarrolladas. La decolonización de la Comunicología, pues, implica por un lado repensar nuestra ciencia y su función social pero también nuestro objeto y prácticas profesionales desde un tiempo, un espacio y experiencias mancomunadas, acorde con los tiempos y los ecosistemas, más sensible a la diversidad de repertorios y códigos culturales, tramado pues en lo social para que la vida en común sea sostenible. Una comunicación de tiempos lentos, anclada en lo local, construida desde el Sur y desde abajo, con matrices epistémicas que ponderen otros criterios, otras prioridades, con las que caminar lento porque nuestra mirada va más lejos que la cuenta de resultados. Si no prestamos más atención a los procesos y garantizamos esta reflexividad dialógica, compartida en común, es previsible el naufragio cultural y el fracaso como sociedad. En realidad, en tiempos de la conexión móvil hemos de aprender el verdadero lenguaje de los vínculos. Es paradójica, pero es así.
En tu dilatado recorrido académico por América Latina y en una de tus múltiples conferencias planteabas que “es necesario combinar la constitución de una corriente epistémica proveniente de la cultura latinoamericana con la producción científica de las naciones desarrolladas en materia tecnológica para proponer una nueva concepción de apropiación de tecnologías que conlleve a emancipar los modelos de producción latinoamericanos en beneficio de sus comunidades, y no obedeciendo a ideologías que alienan y empobrecen nuestras culturas”. ¿Para ello no se requiere de voluntad política de los gobernantes y de contrarrestar la restauración conservadora de la que habla el expresidente ecuatoriano Rafael Correa, en Latinoamérica?
Claro, sin voluntad política olvidemos todo proceso de cambio. La Revolución Ciudadana y el liderazgo de los gobiernos de progreso en la región han contribuido a transformaciones históricas impensables que hoy tratan de revertir los nuevos gobiernos autoritarios entre el autoritarismo y una suerte de dictablanda, como en el caso de Brasil. Es cierto que, si leemos bien a Benjamin, la tensión entre tradición y modernidad existe, en especial en Latinoamérica como un problema a la hora de definir los procesos de cambio. Ahora, lejos de ser un lastre es preciso que esta dialéctica se piense de forma productiva. Lo preocupante es cuando la voluntad de las elites al servicio de la Casa Blanca es claramente volver no ya al siglo XX de total hegemonía del imperialismo norteamericano sino en algunos casos al siglo XIX en situaciones de semiesclavitud de los sectores populares. La única voluntad que se ha demostrado de la derecha antidemocrática en la región, y diría lo mismo en España y Europa, es el recorte de derechos fundamentales, la criminalización de la protesta y las fuerzas de izquierda, y la liquidación de las libertades públicas, entre ellas la libertad de expresión. Y ello en una estrategia definida y coordinada que, vaticino, tendrá poco recorrido. Véase los indicadores de pobreza en Argentina, las dificultades económicas del pueblo brasileño, la situación de Ecuador o Colombia. El tiempo y la historia son leyes inexorables y su lectura nos hace más sabios, pese a la voluntad de los colaboracionistas. Es decir, tendrán lugar, como en otro tiempo, emergencias, procesos de insubordinación, movimientos para la autonomía y habrá que ajustar cuentas con quienes en estos momentos han trabajado para la liquidación de la dignidad al servicio el FMI y los agentes de la cultura napalm.
Otro de tus importantes aportes a este debate es que “la Comunicología Latinoamericana puede renovar, como ya  hiciera antaño, los paradigmas y modelos teóricos aprendiendo de la experiencia insurgente de los movimientos indígenas, tal y como está ocurriendo en otras disciplinas (Derecho, Antropología, Sociología, Historia), pero para ello es necesario proceder a una ruptura epistemológica de la colonialidad del saber comunicológico dominante”. ¿Ese es un desafío que tiene la educación y los sectores académicos?
Por fortuna, en Colombia, en Medellín, en la Amazonia, en México, las experiencias de las universidades de la tierra, y aportes significativos al campo avanzan ya en esta dirección. El diálogo de saberes empieza a ser un tema en la agenda de la Comunicología. Es marginal, bien es cierto, pero comienza a ser un reto emergente que nuevas generaciones de investigadores asumen como propia. La cuestión es que la Universidad, la academia vive de espaldas a este reto. La lógica colonial domina el pensamiento científico y abunda en el epistemicidio criticado por Boaventura. Pero tenemos un cúmulo de saber, una economía moral de la comunicación popular, en especial en el sur global, que nos pueden ayudar, como lo ha hecho, por cierto, el movimiento indígena en América Latina, a articular nuevos procesos de mediación, nuevas formas de enunciación de la palabra compartida. Pero se ha avanzado poco en este frente cultural. Por ello, insistimos sobremanera sobre este reto, que por cierto, también, en cierto modo, estaba presente en el debate del Informe McBride.
“Hay que impulsar un giro decolonial en los estudios y práctica profesional del periodismo, de la comunicación. Pensar nuestra ciencia como, en efecto, una técnica y un arte del bien común”

Hacia dónde apunta el análisis y la reflexión de tu último trabajo bibliográfico, Introducción a la Comunicología?
El libro trata de actualizar los aportes en Teoría de la Comunicación abordando, desde la escuela crítica, dos retos: la fundamentación de una teoría materialista de la mediación social, y, en segundo lugar, la revolución digital. En el primer caso, venimos trabajando hace décadas. Este año concluimos nuestro próximo libro Marxismo y Comunicación que trata de avanzar en esta dirección. Si bien es cierto que el agujero negro del marxismo ha sido históricamente la comunicación, también hay que señalar que el campo comunicacional ha ignorado tradicionalmente la posibilidad de una perspectiva materialista. Más aún, la perspectiva crítica ha estado marginada y la bibliografía al respecto brilla por su ausencia. Por ello, hace quince años decidimos asumir el reto enciclopédico de reconstruir en tres volúmenes de Marx a nuestro tiempo, los aportes teóricos en la tradición materialista. En ello venimos trabajando y esperamos contribuir con esta obra a que los estudios sociocríticos en comunicación identifiquen los conceptos, métodos y aportes originales para un pensamiento otro. Introducción a la Comunicología, como Marxismo y Comunicación, es un primer ensayo o aproximación tentativa a este empeño. En concreto, en Introducción a la Comunicologíahacemos una revisión panorámica de la Teoría de la Comunicación pero repensando desde los nuevos medios, irrelevantes cuando iniciamos nuestra carrera académica hace 25 años, y nuevos fenómenos como las fake news o los golpes mediáticos. Y en esto resulta más que novedoso por la propensión de desligar la teoría y todo abordaje epistémico de los problemas de orden práctico. En esta línea venimos trabajando con la esperanza, parafraseando a Benjamin, de los que han perdido toda esperanza, construyendo utopías de futuro y, como decimos en ULEPICC, una crítica económico-política latina, transformadora y revolucionaria.