lunes, 23 de noviembre de 2015

CONO SUR

ARGENTINA HACIA LA “URIBIZACIÓN”



POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ

El triunfo electoral del ultraconservador y menos que mediocre jefe de gobierno de Buenos Aires, Mauricio Macri, constituye la victoria política-económica de las corporaciones, del capitalismo especulativo internacional (léase fondos buitre, Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial), de las mafias mediáticas que lideran  el Grupo Clarín y La Nación; y por supuesto, de Washington que ve una magnífica oportunidad para dinamitar el proceso integracionista en Suramérica, extendiendo su criminal política de “libre comercio”.

Igualmente es un respiro y un aliciente para la ultraderecha latinoamericana que ahora se ve envalentonada con un alfil suyo que retornará a la Argentina a la trágica década de los 90 a través de políticas de ajuste, devaluación, libre comercio, flexibilización laboral, privatizaciones, favorecimientos tributarios a las transnacionales, profundización del extractivismo, entendimiento con los criminales fondos buitre y la banca multilateral, retroceso en los logros en materia de derechos humanos y alianza política con los gobiernos que en la región siguen al pie de la letra el recetario neoliberal.

Macri, como aplicado alumno del cuestionado expresidente colombiano Álvaro Uribe Vélez, a quien en diciembre de 2010 declaró “huésped de honor de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”, replicará sus malhadadas fórmulas de “seguridad democrática” y “confianza inversionista”, artilugios y eufemismos para someter a un país al control, represión y violación de los derechos humanos, y simultáneamente, al favorecimiento del capital transnacional.

Así como el hoy senador Uribe Vélez ha logrado expandir sus tentáculos mediante sus políticas de represión y entrega de soberanía a países como México, Paraguay, Honduras y el Chile de Sebastián Piñera, muy seguramente lo veremos asesorando al gobierno de Macri en materia de seguridad para supuestamente enfrentar el narcotráfico y privilegiar la “confianza inversionista”.

Conociendo la cercanía de estos gánster de la ultraderecha latinoamericana no será raro ver en un futuro muy próximo la presencia de bandas paramilitares en suelo argentino, pues Macri alabó el “modelo de seguridad” de Uribe en Colombia y le ha pedido asesoría en esta materia.

La “uribización” de la Argentina que comienza a partir de este mes de diciembre cuando Macri y todo su combo integrado por los mismos nefastos personajes que hundieron a este país en la desolación y la desesperanza al iniciar este siglo, se instalen en la Casa Rosada, tendrá como fundamento la promoción de la “seguridad democrática” que no es más que una bien diseñada estrategia de represión y persecución a líderes y movimientos sociales progresistas, bajo el pretexto del ataque a fenómenos como el terrorismo y el narcotráfico, así como la puesta en marcha de lo que eufemísticamente se conoció durante la tiranía de Uribe Vélez en Colombia como “confianza inversionista” consistente en privilegiar los intereses de las corporaciones transnacionales y el capital especulativo sobre los de la nación, a través de privatizaciones, exenciones y beneficios tributarios.

Se trata en síntesis de materializar lo que se denomina “triángulo de la confianza” que mediante políticas de seguridad represora, privilegios al capital especulativo transnacional busca lo que Uribe Vélez en forma demagógica denominó la “cohesión social” que se materializa en una sociedad estructurada sobre un poder autoritario, violador de derechos humanos, que para Macri son un “curro” (una estafa en argot argentino), y al mismo tiempo, generar el ambiente propicio para los negocios de las compañías multinacionales, aumentando los índices de concentración de riqueza y los niveles de inequidad social.

En el plano internacional, el cuestionado senador Uribe Vélez se frota las manos por cuanto ahora la derecha latinoamericana tiene un mandatario que se irá con toda las baterías contra lo que el siniestro exmandatario colombiano ha acuñado con el término de “castro-chavismo”. En efecto, Macri ha anunciado que tan pronto tome posesión este 10 de diciembre romperá relaciones diplomáticas con Venezuela y presionará a Mercosur para que este país sea expulsado de su seno, pretextando que el gobierno de Nicolás Maduro viola los derechos humanos y la Carta Democrática de la OEA.

Argentina con Macri retorna al neoliberalismo y a las “relaciones carnales” con los Estados Unidos como bien lo enunció el canciller Guido di Tella, de la época del gobierno de Carlos Menem, para significar su política de abyección frente a la Casa Blanca.

En Colombia, otro que celebra el triunfo de Macri, es el neoliberal presidente Juan Manuel Santos, quien ahora cuenta con un nuevo socio para ampliar la Alianza del Pacífico, un instrumento maquinado por el Departamento de Estado para torpedear la integración latinoamericana y dinamitar procesos como Mercosur y Unasur.

Con un nuevo lenguaje, frases vacías y hablando de “cambio”, la derecha latinoamericana, en este caso argentina, vuelve por sus fueros, retornando al pasado con la aplicación de sus criminales políticas en contra de la soberanía y los grandes intereses nacionales, cubriéndolas con un manto de legitimidad aparente.

Se acaba en Argentina un ciclo progresista de doce años liderado por Néstor y Cristina Kirchner, que le devolvieron a la nación gaucha su dignidad, su autoestima, volviéndola a poner en el sitial geopolítico en el continente. Pero además con sus políticas sociales y económicas posibilitaron elevar el nivel de vida de millares de sus habitantes, no obstante las múltiples tareas pendientes y los errores cometidos.

La democracia representativa tiene sus reglas y hay que respetarlas. Las mayorías en Argentina decidieron volver al pasado, dándoles una nueva oportunidad a los mismos que llevaron al país a la “negra y triste noche neoliberal”. Pareciera que los pueblos no tienen memoria y gracias a la manipulación mediática viven adormecidos y alienados por sus dominadores. Pero al mismo tiempo habría que señalar parafraseando al gran Arturo Jauretche que “la clase media cuando está mal vota bien y cuando está bien vota mal”.



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